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SAN CAYETANO

Las lágrimas de amor derramadas parecen trepar al cielo mismo, rostros cargados de bondad miran a San Cayetano con la sencillez de los niños buenos que aguardan la cálida bendición de su santo protector.  Es nuestra gente que sabe que un futuro mejor los aguarda. Murmullos de millones de oraciones conmueven el frio cemento de una ciudad que en ocasiones se viste con atuendos profanos.

La insondable profundidad de una lágrima de completa devoción es más poderosa que mil bombas. Suele edificar evolución floreciente en el más árido desierto.

La FE del pueblo argentino se encuentra intacta. Como todos los 7 de agosto una esperanzada multitud se convoca en el templo del venerable que aboga ante el Padre Celestial por, PAZ, PAN y TRABAJO. El bienaventurado santo del pueblo trabajador recibe millones de pedidos angustiados para poder conseguir trabajo; empleos que un gobierno desalmado destruyó en beneficio de la pecaminosa especulación financiera. Las largas filas de fieles son cuantiosas, constituyen un solo corazón. Hermanados por la conciencia divina, piden a la vez que agradecen, todos los dones que DIOS les brindó amorosamente a sus vidas.

La fuerza de la religiosidad es tremenda y viaja alto, más allá de las estrellas para volver feliz y dichosa a dibujar sonrisas en el alma despierta de los feligreses. Nada más poderoso y conmovedor que una plegaria lanzada al viento para beneficio de todos, pensando con amor en el bien de nuestros hermanos.

Nuestro pueblo argentino forjó en su seno al actual Santo Padre, el “imposible” de un Papa argentino es una realidad palpable en un Vaticano renovado y coloreado por la humildad y sencillez de nuestro FRANCISCO. Aún recordamos cuando Eduardo Feinmann nos decía desde Roma: “No sueñen, no deliren, es imposible que Bergoglio sea designado PAPA” … Claro, el Espíritu Santo, un tanto más sabio que Feinmann, iluminó a los Cardenales y Bergoglio se transformaría en el Papa FRANCISCO, a pesar del pesado escepticismo de Eduardo. A los humildes de corazón les es fácil creer, mientras que a los intelectos confundidos por el mundanal capitalista ruido les es dificultoso observar la mano del padre en la cotidianidad de la creación.

El problema de los “formadores de opinión” es que finalizan comprando el desesperanzador desconcierto que ellos mismos pregonan.

Hay un dorado hilo conductor sagrado entre San Cayetano y nuestro Santo padre que incumbe el adoquín poético de una población que busca vivir en PAZ.

Muy pronto las urnas hablarán el idioma de la gente y nos contarán los guardados populares deseos. Aguadaremos con reverencia el mensaje de nuestros semejantes.

Rezar y trabajar organizados y con espartana disciplina conforman un todo imbatible. Soñemos, orando y trabajando, para gestar un gobierno que ampare a los necesitados, que proteja a los desvalidos, que comprenda la impronta de un Papa que es líder mundial, pero malsanamente denostado en su propia patria por individuos carentes de toda humana sensibilidad.

Nos inclinamos con fervor a rogar a nuestro San Cayetano que abunde el PAN para nuestros niños, el TRABAJO digno para nuestra población activa y así vivir en PAZ bajo la gracia de DIOS, felices de honrar nuestra bandera celeste y blanca, ícono universal de libertad e igualdad para todos.

Cuando sufraguemos pensemos con la sencillez propia de los hombres de bien, con la esperanza depositada en nuestra historia de Nación generosa para todos los hombres del planeta que con buena voluntad deseen habitar nuestro sagrado suelo.

Máximo Luppino

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