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Salud o economía

Casi todos los especialistas de la salud han recomendado a sus autoridades nacionales el aislamiento social de sus habitantes como única manera de reducir el avance de la enfermedad.

Esta recomendación ha sido adoptada en el Paraguay en el momento oportuno y ha permitido reducir la velocidad de expansión de la pandemia, pero… a medida que pasan los días sus efectos sobre las empresas y sobre el trabajo de la gente están siendo devastadores.

En este momento nos encontramos ante dos crisis simultáneas y contrapuestas. Por un lado, una crisis sanitaria con el avance del coronavirus y, por el otro, una crisis económica con la abrupta caída de la actividad.

Son contrapuestas porque lo que es bueno para enfrentar la crisis sanitaria –mantener el aislamiento social– es muy malo para la economía y, en contrapartida, lo que es bueno para la economía –volver a la vida normal– es muy malo para detener la pandemia.

Lamentablemente, en el Paraguay ante este complejísimo problema, los diferentes sectores se están radicalizando y en ese ambiente será mucho más difícil tomar una buena decisión.

Por un lado, existe la presión del sector empresarial de liberar la cuarentena desde mañana, lunes, justo una semana antes de la Semana Santa, que es cuando la gente de nuestro país normalmente viaja al interior a visitar a sus familiares. Si el Gobierno adopta esta medida, perdería toda credibilidad en su lucha contra la pandemia, dejaría muy debilitado el liderazgo de nuestro “comandante” en esta guerra, el ministro Mazzoleni, y relajaría la cuarentena en el peor momento, a siete días de Semana Santa.

Por otro lado, está el sector de los médicos que en forma unánime nos dicen que si no mantenemos estrictamente este aislamiento social, la pandemia se dispararía y las simulaciones más pesimistas del Ministerio de Salud indican que en el Paraguay más de 3 millones de personas podrían contraer el virus y más de 80.000 compatriotas podrían perder la vida. ¡Más del doble de nuestros muertos en la Guerra del Chaco! ¡Una terrible catástrofe!

Pero el sector de la salud debe comprender también que una medida de aislamiento social total es imposible de mantener por mucho tiempo en un país como el nuestro, donde el 24,2 por ciento de la población vive en la pobreza y cerca de 3 millones de personas en viviendas muy precarias y con trabajos informales.

El problema es muy grave y tenemos que encontrar cuáles son los tiempos adecuados para ir flexibilizando inteligentemente la cuarentena, evitando que se dispare la pandemia y reactivando gradualmente la economía.

No vamos a salir de estas dos crisis sin altísimos costos, tanto en vidas humanas como en el empobrecimiento de la gente, y no existe nadie que podrá evitar eso, ni el Estado, ni el sector privado, ni la ayuda internacional.

Debemos dejar de acusarnos mutuamente y de buscar culpables de la situación, porque nadie es culpable y todos seremos afectados por las dos crisis. No creo que este sea el momento ideal para exigir reivindicaciones de larga data ni reformas desde hace tiempo postergadas.

Este es el momento en que todos tenemos que poner el hombro para que la epidemia termine lo más rápido posible y con el menor costo en vidas humanas, que las necesidades de la gente más vulnerable sean atendidas en forma urgente y que veamos cómo volvemos gradualmente a la normalidad y dejamos atrás esta pesadilla.

Este es el momento en que cada ciudadano tiene que asumir la responsabilidad intransferible de cuidarse y de cuidar a los demás, respetando todas las reglas de comportamiento que se nos indican.

Ya que, como dijo el papa Francisco, “no es el momento de sembrar pánico, sino responsabilidad”, y yo agregaría: no es el momento de sembrar enfrentamientos, sino cooperación y solidaridad.

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