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En estos tiempos tan extraños está permitido, supongo, ser un poco ingenuos, después de todo, nadie sabe nada de nada y menos de cómo va a terminar esta crisis.

Es por eso que les quiero pedir, en primerísimo lugar, a las autoridades que van a administrar los alimentos que se van a comprar para los que ya no tienen ingresos, que lo hagan con honestidad. Les pido que el arroz, el fideo, la yerba, el coquito y el azúcar que se va a adquirir, que esos 300.000 paquetes de comida lleguen de verdad a quienes más lo precisan. Y si no es demasiado pedirles, que prueben a ver cómo se siente ser transparentes y no chicanear con la burocracia.

Supongo que nadie en realidad sabe cuál es la cantidad de personas que en este mismo momento y desde hace más de una semana no están teniendo ingreso alguno. ¿Qué les darán de comer a los suyos aquellos que viven del día a día? Los que venden caramelos y chicles y chipa y fruta en los ómnibus; los vendedores de banderas, pororó y agua en las canchas; los que hacen ladrillos, venden plantas, los albañiles y las yuyeras.

Porque miedito da saber que serán los intendentes quienes harán listas y verán a quién entregar la comida. ¡Socorro! Esos mismos que no rinden cuentas de los miles de millones de la plata que reciben de Fonacide y están mal acostumbrados a malgastar los recursos de los royalties, esos irresponsables van a repartir los kits. Eso sí, llegamos a enterarnos de que esos paquetes de comida llegan solo a los correligionarios, los amiguetes o a sus parientes que no lo necesitan con urgencia, les aviso desde ahora que se va armar la gorda.

Lo mismo digo sobre la deuda millonaria que va a asumir el Estado paraguayo para enfrentar esta crisis, nunca antes vista y cuyos alcances nadie puede dimensionar realmente.

Por eso les digo a todos los que van a tener en sus manos la administración de esos dineros, que al menos por esta vez no roben, no malversen, no favorezcan solo a sus amigüis en las licitaciones, que por una vez en sus vidas piensen en la gente, piensen en el sufrido pueblo paraguayo.

Siendo así de ingenua también hago votos porque la gente tekorei deje de enviar noticias falsas y catastróficas a través del WhatsApp, que solo sirven para sembrar desconcierto y temor.

De esos que destilan ignorancia también espero que se queden en sus casas, que dejen de ir al supermercado en grupo, llevando al abuelo y a los niñitos como si fueran de paseo al parque, y no entienden que se ponen en riesgo a ellos y a todos. Por culpa de esos inconscientes que no aguantan quedarse tranquilos en sus casas el sistema de salud de este país va a colapsar, en serio. ¿Sabés cuántos respiradores en total hay en el país?

Pese a que esta situación no acaba de empezar y estamos un poco lejos de vislumbrar sus alcances, ojalá que nos deje alguna lección aprendida y sobre todo, mejores prácticas. Que a partir de ahora, lavarse las manos sea incorporada como una costumbre, ¡que nunca más tengan que enseñarnos a lavarnos las manos! Que para siempre hayamos incorporado en nuestra vida cotidiana estornudar y toser cuidando de no salpicar a todo el mundo. Y ya que estamos, que todos limpien sus patios y que el dengue se vaya para siempre de nuestras vidas.

Sería hermoso un país en el que los transportistas nos den un servicio de calidad (ya es caro, ¡no se quejen más de que pierden plata!) y después de que pase esta tormenta, mantengan la costumbre de no llevar gente en las estriberas y que mantengan limpios los camiones. Que la gente haya aprendido a hacer fila, y ya nadie en el súper toque los panes con las manos. Ojalá esto no se convierta en un sálvese quien pueda, y al final podamos rescatar lo mejor de nuestra humanidad.

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