Opinion

Pedro Miguel Lamet: «El Papa Francisco es del Evangelio. Y el Evangelio es peligrosísimo. Y el Papa se está arriesgando»

«Ignacio está a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento». Pedro Miguel Lamet es jesuita, escritor, periodista, maestro de muchos de nosotros y no para de escribir. Acaba de pubicar una espléndida novela en La Esfera de los Libros titulada ‘Para alcanzar amor. Ignacio de Loyola y los primeros jesuitas’. Una novela histórica que espero que no se pierdan.

En la entrevista, hablamos de historia, de cómo se gestó la Compañía de Jesús, y de cuánto hay de Ignacio hoy en los jesuitas. Y, entre los jesuitas, recordamos a Arrupe y fijamos la mirada en el Papa Francisco, que «es ignaciano pero, además, muy inteligente (…). Es jesuita desde el punto de vista del sentido práctico, del cerebro, de la formación y del ver realmente cuáles son los signos de los tiempos», explica Lamet, quien se muestra sumamente crítico con la Curia romana. 

«El cáncer que tiene la Iglesia dentro de sí es el resultado de muchos años de una Curia no analizada en profundidad, ni convertida». Y, espera, que Francisco, al fin, culmine la ansiada reforma.

– Pedro Miguel ¿de dónde surge esta novela?

R. Ya hace unos veinte año escribí una especie de biografía novelada de este gran santo y personaje importante de la historia de España, más centrada en la época del gentilhombre, una época en la que él todavía era un caballero.

– Antes de su caída del caballo en Navarra, por así decirlo.

R. Antes de la herida, sí. Ese momento es clave para todo. Pero, yo creo que el Ignacio más difícil de entender, de comprender y de valorar es el Ignacio ‘general de la Compañía’. El fundador, que vive una vida oculta. La primera parte es una época emocionante desde el punto de vista de que es, realmente, un chico bien que llega ser paje de los Reyes Católicos. Y eso, todo estaba en ‘El Caballero de las dos banderas’.

Pedro Miguel Lamet publica 'Para alcanzar el amor'

Pero la época realmente difícil, interesante y con más enjundia, desde el punto de vista estratégico y de liderazgo de la Compañía de Jesús, es la época de Roma y la que faltaba, de alguna manera, novelar. Aquí lo he recogido todo desde la perspectiva de un personaje muy curioso: un chaval de catorce años que llega de Roma con el séquito del cardenal Farnesio cuando el cardenal Farnesio está en Toledo dando el pésame a Carlos V por la muerte de la emperatriz Isabel. Allí conoce por casualidad a Ignacio y se enamora de tal manera que quiere ser jesuita con catorce años. Entra en la Compañía a los quince años y prácticamente toda la vida, Ignacio tiene este amigo que es testigo y en él me apoyado. Porque, además, fue su primer biógrafo, Pedro de Ribadeneyra.

Este hombre, ya en la ancianidad, en Toledo, recupera toda su vida y va recordando lo que fue este encuentro con Ignacio y el desarrollo de la Compañía. Ahí es donde entra lo que es más de ficción por mi parte, porque, de alguna manera, este hombre podría conocer toda la biografía de Ignacio y pudiera autocriticar su propia biografía.

El libro es un repaso tanto de la vida de Ignacio como de la época, porque hay muchísimo del contexto del Siglo de Oro. Tengamos en cuenta que Ignacio nace en 1491, que el año siguiente se desarrollan la conquista de América y la conquista de Granada.

– La vida de Ignacio está trufada por los acontecimientos: nace una año antes del Descubrimiento de América y del final de la Reconquista. En los años de Carlos V y de Lutero, su entrada en el ámbito más puramente religioso casi coincide con excomunión de éste. Vive en Roma cuando se están dando los primeros pasos de la Contrarreforma…

Es un personaje a caballo entre dos mundos y muy relevante para el mundo de hoy: no entenderíamos el papado de Francisco sin Ignacio de Loyola y sin sus Ejercicios espirituales, practicados durante siglos.

R. Y además, coincide muy exactamente con el año en que Carlos V abdica en Felipe II… Es una vida redonda en ese aspecto. Y vive en un mundo, realmente, muy parecido al nuestro porque se da una primera globalización. Por eso Francisco Javier, su gran amigo, va a hacer también este viaje tan tremendo a la India y a Japón y a ser un corresponsal, de algún modo, de lo que es el del mundo de oriente en occidente.

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– ¿Cómo cambia el Ignacio que sale de Manresa al que llega a Roma, vive en Roma y consigue del Papa la erección de la Compañía de Jesús?

R. Yo creo que Ignacio está a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento. Es el último caballero andante que guarda sus armas, vela sus armas en Montserrat delante de la Virgen con todas las leyes de la caballería, y que incluso está tentado de matar a un moro que duda de la virginidad de María. Que deja a un asno que decida si va por un camino o por otro; a matar al moro o hacia Montserrat. Y es, al mismo tiempo, un hombre del Renacimiento que se han formado en la Corte, en el castillo de el Ministro de Hacienda de la época.

Diríamos que su evolución es un encuentro con lo que es el mundo de su época desde la pobreza. Él ha estado primero en la riqueza y luego quiere imitar a los santos franceses, Francisco y santo Domingo, que, al final, es lo que hace. Él mismo dice que Dios le va enseñando, como un maestro de escuela, y va comprendiendo lo que es Jesús y la identificación con Jesús, que es lo básico de los ejercicios espirituales. Todo eso le transforma de tal manera que va teniendo necesidad de cultura. Y es entonces cuando da el paso siguiente.

Pedro Miguel Lamet, sj.

Yo digo siempre que el momento importante, desde el punto de vista cultural de la Compañía, es cuando Ignacio se compra un 600: en Salamanca, compra un burro para llevar los libros a París. Se da cuenta de la necesidad de los medios humanos, que tanto ha utilizado la compañía, del sentido práctico. A partir de aquí da el paso definitivo hacia la cultura: París va a ser la cultura; y la cultura y el conocimiento de la universalidad. Es lo que supone París en este momento, desde el punto de vista de universalidad y el encuentro con culturas.

Este el paso fundamental para el cambio desde el punto de vista cultural y para la decisión de crear la Compañía, al principio, con compañeros que se quieren, que se enamoran de Jesucristo a través de los ejercicios espirituales y que ven el mundo de una forma distinta y radical.

Es el inicio de la Compañía: un ensayo de vivir exactamente como Jesús vivía, literalmente. De hecho, Ignacio va a Jerusalén y se tiene que volver, porque aquello está muy mal desde el punto de vista de la violencia y de la situación con los turcos. Vuelve con sus compañeros, pero París está imposible, también por situaciones políticas, y como alternativa se pone en manos del Papa. Para ello, hacen un ‘cuarto voto’ de obediencia al Papa acerca de las misiones, acerca de los cometidos que tienen que dar.

El problema de la Compañía no ha sido tanto -aunque lo ha sido también- con la Santa Sede, sino ese contraste que hay, tan fuerte, entre la espiritualidad y el sentido práctico, que yo creo que fue el gran logro de la intuición de Ignacio

– Ese cuarto voto que diferencia a los jesuitas de otras de otras congregaciones religiosas y que ha causado muchos problemas a lo largo de la historia.

R. Sí. Yo creo que la matización de ese voto es que no es un voto para todas las cosas, sino que es específico ‘para donde nos quiera mandar el Papa’. Pero yo creo que el problema de la Compañía no ha sido tanto -aunque lo ha sido también- con la Santa Sede, sino ese contraste que hay, tan fuerte, entre la espiritualidad y el sentido práctico, que yo creo que fue el gran logro de la intuición de Ignacio, y que viene de que ese siglo está un poco a caballo entre entre Maquiavelo y la mística del Siglo de Oro. Y que Ignacio vive como gran descubrimiento.

Y luego, la contemplación en la tierra. Es decir, alcanzar el amor a través de las cosas creadas, a través de los hombres. Del corazón del hombre. El mundo como un fanagal. Ese es el final de los ejercicios espirituales: tú descubres a Dios en la naturaleza, en los hombres, en los acontecimientos. Esto da permanente vigencia a la Compañía hoy día.

Cueva de San Ignacio en Manresa

– Cumplís casi cinco siglos. En 1522 fue la famosa estancia en Manresa…

R. El 20 de mayo de 1521 empieza este Año Ignaciano, que es el quinto centenario de la conversión, de la herida en Pamplona cuando le tira el caballo. Este accidente hace que Ignacio empiece a reflexionar y, sobre todo, a abrirse a una cosa muy importante para la Compañía y para Ignacio; la capacidad de discernimiento, clave para ver los pros y los contras de cada cosa. Por ejemplo, una de las reglas para el discernimiento es: ‘qué decidiría yo si en este momento me fuera a morir’… Es distinto, completamente, a lo que tú piensas que vas a decidir.

– En la Compañía de Jesús de hoy ¿qué hay de Ignacio y qué falta?

R. Yo creo que el polvo del camino es lo que no hay. Es decir, que las órdenes religiosas pierden un poco de su carisma con el paso del tiempo. Se tiende, a lo mejor, a admitir gente que no tienen tal calidad o, también, la baja de vocaciones, que es un fenómeno del post-concilio para todas las órdenes religiosas.

Y lo que tiene de máximo, en este momento, la Compañía de Jesús de Ignacio es Arrupe. Porque Arrupe era un enamorado Ignacio, lo leyó y hasta lo tradujo al japonés. Realmente, creo que él supo leer el espíritu ignaciano de ‘contemplativo en la acción’ y leer los signos de los tiempos del mundo actual traduciendo lo que es la pobreza y los problemas del mundo de hoy en el tema de la justicia.

Es curioso, escribiendo este libro me llamaba la atención la cantidad de veces que Ignacio tuvo que enfrentarse con la peste, y cómo los jesuitas, en Roma, llegaron a abrir sus casas para los apestados. Fue realmente un ejemplo extraordinario lo que hicieron. Ahora estamos en otra peste. En estos momentos, Jesucristo es el referente para salir de estos problemas. También la alegría, el entusiasmo con que vivían los primeros jesuitas, esa ilusión de identificarse con Cristo por encima de todo y tener esperanza por encima de todo.

Ignacio de Loyola y el Papa Francisco

– Ese paralelismo que has comenzado a hacer con la peste y el coronavirus me transporta al papa Francisco, que se ha convertido en el principal referente de una postura ética para salir todos juntos de esta de esta pandemia. ¿Hay mucho de Ignacio en Francisco?

R. Claro que sí. Tú imagínate, si Ignacio viviera en este momento con los medios de comunicación actuales, su lenguaje, su contacto con la gente hubiera sido completamente distinto. Es lo que está haciendo el papa Francisco.

Francisco es ignaciano pero, además, es muy inteligente. Sabe que los jesuitas tenemos un lado poco famoso. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, en el diccionario español, junto al término jesuita como ‘miembro de la Compañía de Jesús’, aparece ‘hipócrita’ y ‘fariseo’.

Cuando iba a entrar en Compañía de Jesús tenía 17 años, iba en un autobús y había unas personas hablando detrás de mí. Oí que decían: “ese es un desgraciao, es un jesuita”, como un insulto… Había esa visión.

Creo que, realmente, el gran tesoro de la Compañía de Jesús es esa sencillez que ha marcado el padre Arrupe. Pero también creo que el Papa se dio cuenta de esta ‘mala fama’ y por eso eligió el nombre de Francisco; para rebajar de alguna manera la imagen que podría tener sólo ‘de jesuita’. Y lo ha conseguido con su sonrisa y con su cercanía. Pero sí es jesuita desde el punto de vista del sentido práctico, del cerebro, de la formación y del ver realmente cuáles son los signos de los tiempos.

– Muchos comenzaron, para ejercer la crítica, con la condición de jesuita de Francisco. Se conoce al general de los jesuitas como el ‘papa negro’; durante muchas épocas de la historia se quiso contraponer el poder de la Compañía con el de Roma y ahora tenemos a un jesuita de pontífice. ¿Este hecho es una oportunidad? ¿Es un riesgo? Ese toque ignaciano está constantemente en todos sus textos, en todas sus intervenciones y está siendo un Papa muy fuertemente criticado desde dentro, algo que hasta ahora no había sucedido.

R. Porque es un signo de contradicción y eso le viene de los Ejercicios, del conocimiento de Jesucristo. Cuando a mí me preguntan: ¿tú qué crees? ¿El papa Francisco es de izquierdas o de derechas? Yo suelo decir: “es del Evangelio”.

Entrevista con Lamet

El Evangelio es peligrosísimo. Es un cuchillo de doble filo. Si tú te comprometes con los pobres en una sociedad como la nuestra, consumista y de mercado, e intentas acercarte a los más humildes, a los inmigrantes, a los exiliados y a la gente que está fatal, este mundo de poder y opresión económica no lo admite. Y el Papa se está arriesgando. Pero yo creo que esta postura es perfectamente compatible con una dulzura y una comprensión del mundo de hoy.

Pienso que el cáncer que tiene la Iglesia dentro de sí es el resultado de muchos años de una Curia no analizada en profundidad, ni convertida.

Vivamos para amar y nadie ni nada podrá con nosotros, ni virus, ni la pandemia, ni nada

– Veremos si lo consigue ahora… Para terminar, ¿qué crees que le diría Ignacio al mundo y a la iglesia de hoy, si estuviera aquí?

R. Pues Ignacio le daría unos Ejercicios y le diría: ahora que estáis en pandemia y bastante confinados, no os desesperéis, no estéis angustiados. Buscad el silencio que os proporciona el coronavirus, que tiene un lado bueno, y es que os está diciendo que paréis de una puñetera vez. Porque este mundo está corriendo demasiado desde el punto de vista económico, desde el punto de vista materialista, desde el punto de vista de la ecología… está perdido. Esto no es un castigo de Dios. La naturaleza ha estallado porque es parte de nosotros. Nosotros somos naturaleza.

En el momento en que nosotros estallamos por dentro y nos damos cuenta de que esto es un aviso de la propia naturaleza, podemos interiorizar y buscar, como dice Ignacio en el Principio y Fundamento, el fin para el que hemos sido creados. Que no es no para tener el último modelo de automóvil ni la mejor casa, ni la mejor cuenta corriente en el banco: hemos sido creados para amar y servir -dice Ignacio- a Dios nuestro Señor. Amar es la clave de la vida. ‘Contemplación para alcanzar amor’, que es el título del libro y es el título, también, de la última meditación de los Ejercicios espirituales. Vivamos para amar y nadie ni nada podrá con nosotros, ni virus, ni la pandemia, ni nada.

– Al final, siempre nos salvará el amor. “Para alcanzar amor. Ignacio de loyola y los primeros jesuitas”, novela histórica de Pedro Miguel Lamet en La Esfera de los Libros. Les recomendamos vivamente que la compren y que la lean, que para leer hay que comprar a veces, que también es necesario.

Pedro Miguel, ha sido un auténtico placer.

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p class=»mce»>R. Muchísimas gracias Jesús y a todo el equipo.

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