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MITOS, VERDADES Y LEYENDAS SOBRE ANDRESITO GUACURARI. (V). ¿Estratega? ¿Táctico? ¿Partidario (guerrillero)?

Esta nota, en principio, busca satisfacer los interrogantes que dejó planteado el remate de la anterior. El primero de ellos, es ¿cuál fue en definitiva el objetivo final y cuáles los objetivos intermedios que se planteó Andresito para sus acciones militares?


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Creo que el objetivo principal que parece haberse autoimpuesto Andresito fue la  recuperación de las Misiones Orientales, y el intermedio, el primero, apoderarse de San Borja, a la que muchos identifican como su suelo natal.

El resultado final, como sabemos, fue un fracaso absoluto, debido no sólo a sus reiteradas derrotas, sino, sobre todo, a la actitud de los habitantes de los siete pueblos. Andresito no logró contar con uno de los principales elementos que exige la guerra de partidas, que es el apoyo de la población que, por las razones que fuera, pero esencialmente en base a beneficios materiales, lograron empoderar los portugueses.

¿Hay heroísmo en esas luchas desesperadas de Andresito y los suyos? Indudablemente, y no sólo por parte de sus partidas de milicianos, sino también de los guaraníes que se batían bajo las banderas de los Braganza, y de los comandantes portugueses. Todavía más: habiendo sufrido Andresito la derrota final más completa, lo que en el vocabulario castrense se conoce como “aniquilamiento”, ¿Puede hablarse de heroísmo? Por supuesto que sí. Según la interioridad de las refriegas, la historia también tiene un lugar de honor para otorgarle al vencido. Y hay ejemplos más que gloriosos en nuestro pasado, como el escudo otorgado a Pringles por su heroica derrota de Pescadores otorgando “Gloria a los vencidos de Chancay”.

¿Por qué recién en tiempos se reconocen gloria y honor en las acciones de Andresito y los suyos? En primer lugar porque es un derrotado, y a los vencidos, salvo que medien circunstancias excepcionalísimas, se les hace siempre cuesta arriba ocupar su lugar en la historia. Más allá de eso, quizá – y en este caso se trata de una apreciación subjetiva mía -, porque era un indio, y, reconocimiento real, los aborígenes han comenzado a obtenerlo en las postrimerías del siglo XX. No menor, creo, es la influencia que tuvo su enfrentamiento con el patriciado correntino aliado al puerto, de cuyo seno surgieron los grandes historiadores que fueron los primeros en hablar del pasado de la región y no hesitaron en demonizarlo. Lo que digo, debo profundizarlo a la hora de justipreciar para quién es o puede ser un héroe. ¿Para los habitantes de la tan reciente provincia de Misiones? Seguramente, ya lo han asumido como tal. ¿Para Corrientes?… ¿Es Pedro Ferré un héroe digno de monumentos y conmemoraciones para los misioneros? En esta cuestión, según quién y dónde, me parece que queda tela para cortar.

1816. ANDRESITO Y CHAGAS. FUENTE. MAEDER Y GUTIÉRREZ.

1816. ANDRESITO Y CHAGAS. FUENTE. MAEDER Y GUTIÉRREZ.

Y me falta, para rematar esta cuestión, reflexionar someramente sobre los resultados y las consecuencias de su guerrear. En principio, nunca un vencido es el que impone las condiciones finales a la contienda. Por ejemplo, es falso que Andresito haya preservado nuestra soberanía, no sólo porque el término en su significado actual es posterior, sino porque aniquiladas sus fracciones y prisionero él, maniatado y arreado como una bestia hacia su destino final, nada obligaba a los portugueses a recruzar el río Uruguay. No se quedaron porque no quisieron. El vaivén de Chagas, ese venir y retornar en cada una de sus incursiones, fue a la postre una decisión paulista en la que nada influyó su abnegado prisionero. Y menos todavía habría que considerar a los porteños, siempre dispuestos a “regalar” lo que los portugueses quisieran, o correntinos del talante del caacatieño León Esquivel, dirigiéndose a Chagas como “mi amado jefe” y solicitándole armas y municiones a cambio de caballos. En definitiva, Andresito, heroico pero vencido. Vencido pero heroico.

La segunda cuestión que me interesa profundizar hoy, me lleva a preguntarme ¿qué era Andresito, militarmente hablando? ¿Un estratega? ¿Un táctico? ¿Lo que hoy denominamos un guerrillero, y en aquel entonces era conocido como partidario?

Comienzo por lo que no era: un estratega. La estrategia en brevísima síntesis, es el arte de planear, conducir y ganar la guerra, que puede llegar a desarrollarse en varios frentes y teatros de operaciones, en cada uno de los cuales tienen lugar batallas, combates y escaramuzas. Creo que es fácil, sin complicarme mucho, señalar que la cuestión estratégica estuvo en manos de Artigas, bajo cuyas órdenes Andresito se batía.

Y para dejar planteado un modelo nacional de estratega, no hay que pensarlo ni explicarlo mucho: San Martín.

¿Táctico?  La táctica, también en caracteres muy gruesos, es el arte de planear, dar, ganar y explotar la batalla. El “modelo” nacional que elijo es el general José María Paz, cuyas batallas son todas de campeonato. Sin embargo, nunca logró ganar una guerra, por lo que el pergamino de estratega, a mi juicio le queda grande.

¿Hay “batallas” en el palmarés de Andresito? Veamos: en sus acciones de 1815, desde Santo Tomé se lanza contra las fuerzas paraguayas que ocupan territorio misionero, retoma Santa María la Mayor, San Javier, Mártires, San José, San Carlos y Apóstoles. En septiembre, sus fuerzas atacan Candelaria a la que rinden sin condiciones. Sin embargo, no es Andresito el que está al frente de sus milicias, porque un ataque de viruelas lo tiene incapacitado. Los que luchan y triunfan son sus tenientes, Fray José Leonardo Acevedo y el capitán Manuel Miño. Por ende, no cabe analizar esa acción para justipreciar su capacidad táctica. Por otra parte, el asalto desordenado a una plaza asediada, por centenares de integrantes de una milicia indígena, sin maniobra, sin uso de reservas, sin otra previsión que el esfuerzo por abrumar numéricamente al enemigo, por exitoso que haya sido, difícilmente puede ser calificado de “batalla” en regla. Más bien es un conjunto de combates desordenado y disperso.

1817. ANDRESITO Y CHAGAS SEGÚN MAEDER Y GUTIÉRREZ.

1817. ANDRESITO Y CHAGAS SEGÚN MAEDER Y GUTIÉRREZ.

Al año siguiente, 1816, Andresito, incursiona en las antiguas Misiones Orientales, triunfa en una escaramuza en el paraje Rincón de la Cruz, pero fracasa en su intento de asaltar San Borja, defendida por el Brigadier Francisco Das Chagas Santos. Cerca la localidad durante trece días, pero el portugués recibe refuerzos y Andresito, atacado desde la retaguardia, es derrotado. Pierde incluso la espada. Con grandes bajas se retira primero a Santo Tomé, y luego hacia el Norte del Iberá. Tampoco podemos hablar aquí de “batallas” cuando en realidad se trata de una montonera indígena que realiza un cerco, sin que se dé ninguna de las características de un sitio, y menos la concreción de una maniobra que culmina en la apertura de una o varias brechas y un asalto exitoso. El encuentro recuerda un poco esas filmaciones norteamericanas donde un fuerte rodeado de indios que gritan y lanzan flechas y algún disparo aislado, es liberado por “la caballería” que carga a toque de corneta. En realidad, los que están adentro del fuerte corren más peligro de pasar hambre y sed que de ser víctimas del acero enemigo.

La derrota de San Borja tiene graves consecuencias para el conjunto de las Misiones Occidentales. A fines de 1816, los portugueses las invaden y arrasan para yugular el peligro que representa Andresito. Destruyen las edificaciones y  trasladan masivamente a las poblaciones y sus animales y pertenencias hacia el territorio brasileño. La finalidad es no dejar nada que permita un reasentamiento guaraní en las poblaciones derruidas. Reitero que aquí también queda expuesto que la finalidad de los portugueses no es ocupar y menos retener el terreno, sino simplemente “limpiarlo” no dejando nada en pie.

El gravísimo descalabro experimentado por Andresito, es aprovechado por los paraguayos que en 1817 ocupan nuevamente Candelaria con una guarnición, y hacen evacuar las poblaciones restantes, incendiando previo saqueo Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní, Corpus y Candelaria. A la población guaraní no combatiente, se la reparte entre los propietarios del Tebicuary.

Y hasta aquí me deja llegar hoy el espacio disponible. En la próxima nota veré de definir si la defensa de Apóstoles tuvo perfiles de batalla como escribió Machón, y también cómo aprecio que debe encuadrarse el sangriento enfrentamiento de San Carlos.

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