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Mitos, verdades y leyendas sobre Andresito Guacurarí (III)

En 1815, entra en la historia, cuando el Protector de los Pueblos Libres lo designa Ciudadano Capitán de Blandengues y Comandante General de las Misiones. Por entonces, ya se lo reconoce como hijo adoptivo del caudillo.


Por: Jorge Enrique Deniri para época – Junta Provincial de Historia

En las dos notas anteriores, busqué reseñar la bruma histórica que rodea la figura de Andresito, salvo el lustro 1815 – 1820, dejar asentado que quien lo incorpora a nuestra historia es Bartolomé Mitre, el papel de los “Padres fundadores” de la Historia de la actual Provincia de Misiones, en especial Aníbal Cambas y Julio César Sánchez Ratti, y el modo como el peronismo primero y el progresismo luego lo empoderaron para sus propios relatos. También me adentré en las discusiones en torno a la grafía y significado de su nombre, si era un indio o un mestizo y qué relevancia tuvo en ello la fidelidad de sus seguidores. Del mismo modo, hice presente, puesto que desconocemos cómo era en realidad, de qué modos explota la fantasía su presunta imagen, y no menos fantásticamente, cuáles eran sus cualidades, cuán poco sabemos de su vida privada, y que esfuerzos se hicieron para adjudicarle descendientes imposibles en Corrientes.

EUGENIO PETIT MUÑOZ.

EUGENIO PETIT MUÑOZ.

Ampliando algo, los apologetas, quizá con un punto de anacronismo psicológico, se empeñan en pergeñar un Andresito “culto”, que hablaba varios idiomas, leía y escribía corrientemente, y además contaba con aptitudes musicales de nota ¿Es así? No podemos saber si hablaba varios idiomas, sólo presumirlo desde luego, y en ese tren habrá champurreado el castellano y el portugués y hablado con mayor solvencia el guaraní como la lingua franca de las milicias que comandaba. Tampoco puede aseverarse que supiera leer y escribir bien. La lectura por razones obvias, y de la escritura, que hay abundantes muestras en el Archivo General de la Provincia, sin ninguna duda muchas son de la pluma de secretarios y sólo la firma es suya, y hay otras, verdaderos galimatías, que me inclino a pensar que le pertenecen. De todas formas, que escribiera bien o mal no le quita ni agrega nada, y según lo que fue su vida no se trata de algo central ni mucho menos. Sí sirve para separar las aguas, porque la “leyenda negra” hacía de ese tipo de cuestiones algo capital para separar la “civilización” de la “barbarie” (después de todo la escritura es lo que tradicionalmente ha separado a la historia de la prehistoria), y a la inversa, la leyenda “blanca”, siempre se empeña en descubrir cualidades y calidades en sus héroes, aún donde no las hay. Por lo que hace a sus dotes musicales, ¡bueno!, parece que, como tantos varones de su tiempo, tocaba la guitarra – lo dice Mantilla – y si juzgamos por la versión de Saint Hilaire hablando del amor y habilidad para la música de los guaraníes en general, es posible que la haya ejecutado bien y hasta con cierto gusto.

Un punto que no se puede obviar, es el de su alcoholismo. Todos, detractores y apologetas, coinciden –no les quedó más remedio-, en que era un hombre de mala bebida, que cuando estaba tomado repartía azotes y cintarazos a diestra y siniestra. Algo más diré en otras notas, pero sobre esto, lo que me interesa dejar sentado es que aún en sus momentos más objetables echó mano de los castigos comunes en las reducciones: encepadas, palos laceadas, sableadas y azotes, pero no derramó sangre. En eso la leyenda negra es absolutamente falsa. Hay agredidos y humillados en su “prontuario”, pero no muertos.

Párrafo seguido, arribamos a la última cuestión de interés que quedó esbozada en las notas anteriores: ¿Qué pasó en los “años en blanco” de los cuales no hay conocimientos apoyados en fuentes fiables. De 1810 a 1815.

Por principio, descarto que haya acompañado a Manuel Belgrano al sitio de Montevideo, cuando le ordenaron abandonar el Paraguay y conducir sus fuerzas a la Banda Oriental. No hay antecedente alguno al respecto y semeja ser uno de esas tinturas sin mayor fundamento con las que los apologetas intentan dorar el currículum de quienes exaltan.

Respecto de Artigas, siempre partiendo de hipótesis no comprobadas, y hasta hoy dudosamente comprobables, Andresito habría seguido a Artigas, como blandengue cuando, en disconformidad con el tratado firmado por los porteños con el virrey De Elío, abandona el sitio y asedio de Montevideo, y con sus fuerzas y numerosas familias, marcha hacia el Noroeste, iniciando lo que se conoce como el “Éxodo Oriental”.

Por entonces, -1811-, siempre sin prueba concreta alguna, se sostiene que Guacurarí habría participado de las acciones en torno a Belén, a orillas del río Arapey, que se halla en manos portuguesas.

En mayo de 1812, la construcción mítica afirma que se habría batido nuevamente bajo el mando de Fernando Otorgués, contra una columna portuguesa que ataca Santo Tomé desde San Borja.

En 1813, nuevas suposiciones refieren a Andresito, combatiendo a órdenes de Artigas en el segundo sitio de Montevideo.

Hacia 1814, se presume que Andresito sirve bajo las órdenes de Blas Basualdo –otro de los Tenientes indios de Artigas- cuando éste ocupa Curuzú Cuatiá, y luego, en las acciones que en proximidades de La Cruz, culminan con la derrota del gobernador porteñista Bernardo Pérez Planes. Esta construcción mítica es especialmente interesante por dos razones. La primera, que Basualdo, quien también es el vencedor de Perugorría, fue uno de los grandes comandantes indios forjados por el artiguismo. Asimismo, es una figura que ha quedado completamente opacada por el relieve alcanzado por su sucesor, y ello nos lleva a la segunda razón: su temprana muerte por enfermedad, es la que abre el camino para la forja histórica de Andresito que así, en 1815, entra concretamente en la historia, cuando Artigas lo designa Ciudadano Capitán de Blandengues y Comandante General de las Misiones. Por entonces, ya se lo reconoce – al igual que a otros varios jefes indios de distintas etnias-, como hijo adoptivo del Protector de los Pueblos Libres.

EUGENIO PETIT MUÑOZ.

EUGENIO PETIT MUÑOZ.

¿Qué valor tiene ese estatus? Yo sostengo que no se trata de una relación parental, sino de una herramienta política de Artigas, concedida por él a varios jefes indios para actuar en su nombre, para “sacar chapa”. Un recurso que Artigas conoció y aprendió a valorar para el trato con los indios, en su prolongada estancia entre los Charrúas. Eugenio Gervasio Petit Muñoz, el gran historiador oriental, en su ensayo “Artigas y los indios”, ha desarrollado esa temática.

Es hacia mediados del siglo XX, que este estudioso analiza extensamente la relación de Artigas  con los aborígenes, en una obra donde no falta incluso el tratamiento utópico del tema, imaginando para el gran oriental una ascendencia “de una auténtica princesa inca”, depositada cuando niño en su subconsciente como “una célula de simpatía por el indio”. .

Petit Muñoz también busca explicar las razones y el modo como el Artigas blandengue, apresador y matador de indios, se transfigura en el héroe que toma conciencia de su papel de libertador recién durante la Revolución, mutando su conducta hacia los indios charrúas, minuanes y guaraníes durante el transcurso del éxodo.

Para lo que directamente me interesa asentar, el historiador rescata la notoria proliferación de figuras principales indias que toman el apellido y aún nombres familiares de Artigas –Manuel Artigas, José Artigas, Andrés Artigas, Lorenzo Artigas, ya a partir de 1811, cuando data el primer acuerdo de Artigas con los charrúas, y sobre la base de las costumbres de éstos, nos habla de un líder que usa el apellido  de Artigas como propio, y se dirige a él como su “padre”.

Hay también otros dos elementos de juicio que solidifican mi aserto: la lectura de la correspondencia entre Artigas y Andesito, en ningún momento muestra el tono paterno –filial de un epistolario padre– hijo. Es más la comunicación entre un superior con su subalterno y viceversa.

Todavía más esclarecedor al respecto me parece que, habiendo sido derrotado y tomado prisionero Andresito, Artigas no hizo nada en favor suyo. Ni para liberarlo ni para hacer menos duro su cautiverio.

Finalmente ¿Cuál fue el valor dado por sus adversarios a Andresito? El gran historiador farroupilha Moacyr Flores, respondiendo una requisitoria mía, en su momento, refiriéndose a él como “Artiginha” (Artiguitas), lo definió claramente como un importante enemigo del Brasil, cuya desaparición produjo grandes beneficios, porque los indios no volvieron a alzarse.

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