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México: sacerdote desaparecido, muerto a golpes

Un sacerdote que había desaparecido desde el 3 de enero en el Estado de Coahuila, al norte de México, fue encontrado sin vida este jueves. Joaquín Hernández Sifuentes era vicario de una parroquia en Saltillo y tras oficiar las misas de año nuevo viajó a Monclova, una localidad ubicada en el centro de la entidad, a pasar sus vacaciones. La Diócesis de Saltillo alertó desde el pasado 7 de enero sobre la desaparición de Hernández Sifuentes. Ese día el religioso debía regresar a sus labores, pero no lo hizo, se explicó  en un comunicado. La Fiscalía de Coahuila no ha dado a conocer las causas de la muerte y fue la Diócesis quien confirmó el hallazgo del cuerpo.

Los asesinatos de los tres religiosos alarmaron al Episcopado mexicano.  Hugo Valdemar, portavoz de la Arquidiócesis, alertó en un tono indignado sobre la indefensión en la que trabajan sus sacerdotes. “La iglesia vive un momento de mucha tensión” dijo a un programa de televisión. El papa Francisco también condenó el crimen de los sacerdotes al detallar que se realizó en un contexto de injustificable violencia.

En la última década 31 sacerdotes han sido asesinados, según un conteo elaborado por el Centro Católico Multimedial, una instancia del Episcopado Mexicano, Además, México es considerado el país más peligroso para ser sacerdote en América Latina. Las agresiones más comunes son el asesinato, secuestro, extorsión y robo a mano armada y las entidades que lideran estos delitos son Guerrero, Veracruz, Distrito Federal, Chihuahua y Michoacán.

México es calificado a nivel mundial como “un país de especial observación”. Además, es comparado con naciones como la India, Pakistán Turquía y Egipto, que sufren problemas de intolerancia y constantes violaciones sistemáticas a los derechos humanos, según fuentes de Libertad Religiosa Internacional.

Los sacerdotes viven la violencia como en tiempos de guerra, según el informe del Centro Católico del Episcopado. En diversos Estados que viven en una constante línea de fuego los presbíteros pasan por un sentimiento de soledad, impotencia e incertidumbre. Los perfiles de los atacantes ha cambiado en los últimos 25 años: pasaron de ser delincuentes a los que les interesaba un simple robo a miembros del crimen organizado que promueven la agresión física hasta llegar a la tortura y los asesinatos. En la región del sureste mexicano la vida de un sacerdote ha sido tasada a un precio de 300.000 pesos (unos 15.000 dólares).

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