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¿MAURICIO CON PÁNICO ESCÉNICO?

Las fiestas patrias son motivo válido de contento popular, de celebración cívica, evocación cálida y sentida de nuestras gestas heroicas que dieron nacimiento y sustento místico a nuestra amada Nación Argentina.

Nada tiene sentido si la gente está ausente. El último 25 de mayo pecó de ser más que frío, diríamos vacío de ese contenido conmemorativo que evoca con profundo honor las acciones patrióticas de nuestros próceres. Esto se apreció al menos en las ceremonias oficiales llevadas adelante por parte de las autoridades nacionales.

El vallado separó obligadamente a la gente de su presidente y ministros por largas cuadras. El punto más cercano a los funcionarios marcaba más de 200 metros de distancia. Un 25 de mayo sin pueblo es como un jardín sin aromáticas flores, con silencio decretado hacia los gozosos pájaros que cantan alegres en las soleadas mañanas. Si bien sostenemos que la tierra siente y vibra gracias a su subterránea conciencia, sabemos que sucede este cotidiano milagro por nuestros semejantes que acarician su superficie con su peregrino deambular.

El fundamento de las acciones es la felicidad y realización de los individuos. Las personas son los destinatarios de toda acción y esfuerzo que realizamos. Mauricio Macri parece alejarse cada vez más de la gente. Discursos con pequeños grupos preseleccionados y cámaras televisivas cuidadosamente guiadas, con sonido controlado, montan una escena que se emparenta más a una película que a un encuentro fraternal entre argentinos orgullosos de sus vidas y logros obtenidos.

¿Padecerá nuestro presidente de pánico escénico, de miedo al contacto popular? Lo concreto es que Cambiemos maquilla sobremanera sus públicas apariciones, alejándose de los vecinos cada vez más. El “miedo” al gentío obedece, tal vez, al cúmulo de medidas no populares que sembraron desocupación y hambre en toda la República.

Las vallas que impedían llegar a la gente cerca de sus dirigentes actúan cual un muro infranqueable entre corazones populares que buscan abrazarse entre sí en patrióticas fechas históricas tan preciada para la argentinidad.

Es difícil encontrar festividad en mentes desérticas de devoción por las cosas nuestras, en burócratas del sentimiento, en cultores de ajenas costumbres y diferente idiosincrasia.  En los que parecen enamorados de otra bandera permaneciendo ajenos a nuestra emoción desbordante cada vez que vemos nuestra azul y blanca ondear inmaculada en los estoicos mástiles de la patria.

Seguro volverán las fiestas patrias con la gente aplaudiendo el desfile marcial de sus fuerzas armadas con sus banderas y estandartes desplegados con emotivo orgullo. Aquellas mismas que sacudieron al imperio británico en bravo combate reclamando nuestro irrestricto suelo, hoy aún ocupado por la barbarie inglesa.

A Dios gracias, más allá de las oficiales ceremonias, en clubes, escuelas, peñas, iglesias y muchas intendencias de cara al vecino se recordó nuestra semana de mayo con la emoción y dedicación que la fecha amerita. Escarapelas, banderas chacareras, zambas y cuecas sonaron en los oídos de nuestros jóvenes recordándoles la epopeya valiente de sus mayores. En esa Argentina profunda que late gozosa a pocos kilómetros de la selva de cemento, ser argentino es una gracia de DIOS. Vivir bajo nuestra bandera es un honor insondable. Aquí la patria existe viril e inmaculada. Bueno sería que muchos funcionarios se empapen del calor patriótico de nuestra gente humilde, gigantes en dignidad y emoción criolla.

El 25 de mayo próximo será engalanado como dicta el sentir de la gente: dirigentes y pueblo entremezclados como hermanos que somos en la causa nacional.

¡¡¡La paria existe, VIVA LA PATRIA!!!

Máximo Luppino

 

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