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Los tuits de Mazzoleni

El diario tuit nocturno del doctor Julio Mazzolenni, ministro de Salud Pública y Bienestar Social de la República del Paraguay, reportando datos del avance de la pandemia del Covid-19 en nuestro país con un lenguaje frío y circunstancial, conciso y preciso, con disciplina de médico militar, se nos ha vuelto tan esencial como el hoy esquivo pan de cada día o como el abrazo que ya no podemos dar a nuestros seres queridos. Cada tuit se acompaña y se sufre como uno de esos antiguos partidos futbolísticos de la Albirroja.

Hasta hace poco menos de un mes, Mazzoleni era considerado uno de los grises burócratas que integran el Gabinete del presidente Mario Abdo Benítez. Las críticas de los gremios de trabajadores de blanco lo señalaban como uno de los deficientes gestores de una desastrosa política sanitaria, arrastrada durante décadas por sucesivos gobiernos (principalmente colorados), con manejos de corrupción e instrumentalización partidaria, que ha dejado hospitales públicos desabastecidos y en ruinas, con infraestructura y recursos siempre insuficientes ante las filas de pacientes desesperados por recibir atención.

Pero llegó la pandemia del coronavirus y el mundo se dio vuelta. Los hábitos de nuestra vida cotidiana se disolvieron en la nostalgia y nos vimos obligados a abandonar casi todo para asumir esta prolongada prisión domiciliaria, cual náufragos digitales, con la ilusión de que el microscópico monstruo no nos alcance. En este contexto, la figura del hierático ministro de Salud se nos reveló inesperadamente como el necesario conductor de una verdadera cruzada por la supervivencia.

Más técnico que político, impertérrito en sus apariciones públicas, prudente en sus consideraciones, fríamente amable en su relación con la prensa y la ciudadanía, claro y firme en sus respuestas, con un look que combina al detective Kojak con el profesor Xavier de los X-Men, Mazzoleni supo ocupar un rol clave ante la crisis global, ganándose la confianza y el respeto de gran parte de la población. Aunque hay quienes sostienen que las audaces medidas adoptadas por el Gobierno fueron sugeridas por otros integrantes de su equipo, como el joven epidemiólogo Guillermo Sequera, director de Vigilancia de la Salud, no le quita mérito al ministro ni al presidente de la República haberles hecho caso y haber asumido el gran costo político y económico.

Existen muchas cosas cuestionables en este proceso: los abusos de los policías del Grupo Lince contra infractores pobres de la cuarentena, pero condescendientes con los infractores pudientes; los exabruptos autoritarios del ministro del Interior; el egoísmo miserable de la mayoría de los legisladores y políticos para intentar retener sus privilegios; la actitud inescrupulosa de empresarios y comerciantes al aumentar precios de alimentos y artículos de primera necesidad; la inconciencia de un sector de la población en exponerse al contagio y por sobre todo la cruda realidad de pobreza que se acrecienta con el paro sanitario. En contrapartida son admirables los muchos gestos de solidaridad, la actitud vigilante de la ciudadanía, las protestas que lograron –por ejemplo– obligar al Gobierno a aumentar al doble el monto del subsidio alimentario. Falta mucho más, pero es bueno ver que vamos construyendo otras formas de movilización ciudadana y expresión política en tiempos de coronavirus.

Y ahora les dejo. Empieza mi vigilia para esperar el siguiente tuit de Mazzoleni.

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