Opinion

Los ‘Mandamientos’ del Papa a los misioneros: «Mirad hacia afuera, la Iglesia no es una aduana»

“No podemos poseerlo (a Dios) por nosotros mismos ni imponerlo»

«Nunca se podrá pensar en servir a la misión de la Iglesia con la arrogancia individual y a través de la ostentación, con la soberbia de quien desvirtúa también el don de los sacramentos y las palabras más auténticas de la fe, haciendo de ellos un botín que ha merecido”

«La Iglesia no es una aduana (…). No pongamos obstáculos al deseo de Jesús, que ora por cada uno de nosotros y nos quiere curar a todos, salvar a todos»

Jesús no encontró a sus discípulos en un convenio, ni en un seminario de formación, ni en el templo”, sino en sus quehaceres diarios, y “caminando juntos, con los demás”

«No dediquéis demasiado tiempo y recursos a “miraros” y a redactar planes centrados en los propios mecanismos internos, en la funcionalidad y en las competencias del propio sistema. Mirad hacia fuera, no os miréis al espejo. Romped todos los espejos de vuestra casa»

«La revelación del Evangelio no se identifica con ninguna cultura y, en el encuentro con nuevas culturas que no han acogido la predicación cristiana, no es necesario imponer una forma determinada cultural junto con la propuesta evangélica»

Francisco no quiere que la Iglesia misionera repita los mismos errores que la vieja Iglesia europea y romana. Y se lo ha dejado claro a los responsables de las OMP, con quienes debía haberse reunido hoy en Asamblea General, “cancelada a causa de la pandemia que nos afecta a todos”.

Pese a ello, les ha remitido un intenso mensaje, en el que les invita a preservar a la misión “de cualquier presunta autosuficiencia, de la tentación de tomar como rehén la carne de Cristo —que asciende al Cielo— para los propios proyectos clericales de poder”.

Un documento para leer reposadamente, donde se muestran las claves de la misión en el mundo, los riesgos de la autorreferencialidad y el proselitismo (sin usar ni una vez esta palabra en todo el texto).

Una misión atractiva, gratuita, humilde

Antes de proclamar los ‘Mandamientos’ de la misión, el Papa recuerda algunos “rasgos distintivos” de la misma, que ya aparecían en Evangelii Gaudium. En primer lugar, el “atractivo”. “La Iglesia siempre ha repetido que seguimos a Jesús y anunciamos su Evangelio por esto: por la fuerza de atracción que ejercen el mismo Cristo y su Espíritu”, recordó el Papa. No por proselitismo.

Simón Azpiroz, misionero navarro

Gratitud y gratuidad”, es el segundo aspecto que señala Francisco, en el sentido de que “no podemos poseerlo (a Dios) por nosotros mismos ni imponerlo.No es posible ‘asombrarse a la fuerza’”. Y en libertad, porque “resulta inútil —y, más que nada, inapropiado— insistir en presentar la misión y el anuncio del Evangelio como si fueran un deber vinculante, una especie de “obligación contractual” de los bautizados”.

Una misión que sea “humilde”, porque “nunca se podrá pensar en servir a la misión de la Iglesia con la arrogancia individual y a través de la ostentación, con la soberbia de quien desvirtúa también el don de los sacramentos y las palabras más auténticas de la fe, haciendo de ellos un botín que ha merecido”. ¿Una llamada de atención a la vieja Europa, a la vieja Iglesia?

La Iglesia no es una aduana

Facilitar, no complicar”, pidió Bergoglio. Y es que “’salir’ en misión para llegar a las periferias humanas no quiere decir vagar sin dirección ni sentido, como vendedores impacientes que se quejan de que la gente es muy ruda y anticuada como para interesarse por su mercancía. A veces se trata de aminorar el paso para acompañar a quien se ha quedado al borde del camino”. Porque “la Iglesia no es una aduana (…). No pongamos obstáculos al deseo de Jesús, que ora por cada uno de nosotros y nos quiere curar a todos, salvar a todos”. Junto a ello, la cercanía en lo cotidiano, porque “Jesús no encontró a sus discípulos en un convenio, ni en un seminario de formación, ni en el templo”, sino en sus quehaceres diarios, y “caminando juntos, con los demás”.

No a la Iglesia aduana

Y, especialmente, escuchar “el “sensus fidei” del Pueblo de Dios”. Como ya relatara en sus misas durante la pandemia, el Papa rescató el “olfato” de los fieles para encontrar el Espíritu. “La acción del Espíritu Santo concede al Pueblo de los fieles un “instinto” de la fe —el sensus fidei— que le ayuda a no equivocarse cuando cree lo que es de Dios, aunque no conozca los razonamientos ni las formulaciones teológicas para definir los dones que experimenta”.

Finalmente, una “predilección por los pequeños y por los pobres”, porque “las personas directamente implicadas en las iniciativas y estructuras misioneras de la Iglesia no deberían justificar nunca su falta de atención a los pobres con la excusa —muy usada en ciertos ambientes eclesiásticos— de tener que concentrar sus propias energías en los cometidos prioritarios de la misión. La predilección por los pobres no es algo opcional en la Iglesia”. 

Tentaciones a evitar

Tras las sugerencias, las “tentaciones y enfermedades a evitar”. Y, para ello, no hay que olvidar que las OMP “nacieron de forma espontánea del fervor misionero manifestado por la fe de los bautizados. Existe y permanece una íntima afinidad, una familiaridad entre las Obras Misionales y el sensus fidei infalible in credendo del Pueblo fiel de Dios”. Sin pueblo, no hay misión. Y una misión gratuita.

Campaña de Misiones Salesianas por los niños que no pueden quedarse en casa

Una suerte de “red capilar extendida en el Pueblo de Dios”, por todos los continentes, con “variedad de matices, condiciones, problemas y dones que caracterizan la vida de la Iglesia en los diferentes lugares del mundo”. “Una pluralidad -señala el Papa- que puede proteger contra homogenizaciones ideológicas y unilateralismos culturales”.

¿Qué insidias hay que evitar? En primer lugar, la “autorreferencialidad”, pues “las organizaciones y los entes eclesiásticos, más allá de las buenas intenciones de cada particular, acaban a veces replegándose sobre sí mismos, dedicando sus fuerzas y su atención, sobre todo, a su propia promoción y a la celebración de sus propias iniciativas en clave publicitaria”, advierte Francisco, que también lamenta el “ansia de mando” que lleva a las instituciones eclesiásticas a “ejercitar el papel de “depositarios” dispensadores de certificados de legitimidad hacia los demás”.

Eso lleva a otro gran pecado, el “elitismo”, “la idea no declarada de pertenecer a una aristocracia, a una clase superior de especialistas que busca ampliar sus propios espacios en complicidad o competencia con otras élites eclesiásticas, y que adiestra a sus miembros con los sistemas y las lógicas mundanas de la militancia o de la competencia técnico-profesional, con el propósito principal de promover siempre sus propias prerrogativas oligárquicas”. 

Misioneros de la OCSHA

Las élites, indefectiblemente, llevan al “aislamiento del pueblo”, que “quizás asiste a las parroquias y a los santuarios, pero que no está compuesto de ‘activistas’ comprometidos en organizaciones católicas”. Las élites que miran al Pueblo de Dios “como a una masa inerte”.

Así, “los organismos y las realidades vinculadas a la Iglesia, cuando son autorreferenciales, pierden el contacto con la realidad y se enferman de abstracción”, señala el Papa, que denunica la “autopromoción de quien los inventa”. “Todo se manipula y se barniza según las claves ideológicas de preferencia”.

En esa deriva, se acaba con el “funcionalismo”, que garantiza la ilusión de “solucionar los problemas” con equilibrio, de tener las cosas bajo control. 

Protagonistas de la última campaña de las OMP

«Consejos para el camino»

Finalmente, los “consejos para el camino”, los nuevos ‘diez mandamientos’ para la misión. Los resumimos:

  1. En la medida en que podáis, y sin hacer demasiadas conjeturas, custodiad o redescubrid la inserción de las OMP en el seno del Pueblo de Dios, su inmanencia respecto a la trama de la vida real en que nacieron (…). Es necesario dar respuesta a las preguntas y a las exigencias reales, más que formular o multiplicar propuestas. Quizás, desde el cuerpo a cuerpo con la vida ordinaria, y no desde cenáculos cerrados o a partir de análisis teóricos sobre las propias dinámicas internas, podrán surgir además intuiciones útiles para cambiar y mejorar los propios procedimientos operativos, adaptándolos a los diversos contextos y a las diversas circunstancias. 

  2. Mi sugerencia es encontrar el modo en el que la estructura esencial de las OMP siga unida a las prácticas de la oración y de la colecta de recursos para las misiones, algo valioso y apreciado, debido a su elementalidad y concreción. Esto manifiesta la afinidad de las OMP con la fe del Pueblo de Dios. Aun con toda la flexibilidad y demás adaptaciones que se requieran, conviene que este modelo elemental de las OMP no se olvide ni se altere (…). Buscad también nuevos caminos, nuevas formas para vuestro servicio; pero, al hacerlo, no es necesario complicar lo que es simple

  3. Las OMP son —y así deben experimentarse— un instrumento de servicio a la misión de las Iglesias particulares, en el horizonte de la misión de la Iglesia, que abarca siempre todo el mundo. (…) No es útil hacer conjeturas y teorías sobre grandes estrategias o “directivas centrales” de la misión a las que delegar, como a presuntos y fatuos “depositarios” de la dimensión misionera de la Iglesia, la tarea de volver a despertar el espíritu misionero o de dar licencias misioneras a los demás. Si, en alguna situación, el fervor de la misión disminuye, es signo de que está menguando la fe. Y, en tales casos, la pretensión de reanimar la llama que se apaga con estrategias y discursos acaba por debilitarla aún más y hace avanzar sólo el desierto. 

  4. El servicio llevado a cabo por las OMP, por su naturaleza, pone a los agentes en contacto con innumerables realidades, situaciones y acontecimientos que forman parte del gran flujo de la vida de la Iglesia en todos los continentes. En este flujo podemos encontrarnos con muchas lentitudes y esclerosis que acompañan a la vida eclesial, pero también con los dones gratuitos de curación y consolación que el Espíritu Santo esparce en la vida cotidiana de lo que podría llamarse la “clase media de la santidad” (…). Por eso, vuestra acción no se puede “esterilizar” en una dimensión exclusivamente burocrática-profesional. No pueden existir burócratas o funcionarios de la misión. Y vuestra gratitud puede hacerse a la vez don y testimonio para todos. Podéis indicar para el consuelo de todos —con los medios que tenéis, sin artificiosidad—, las vicisitudes de personas y comunidades que vosotros podéis encontrar con mayor facilidad que otros; personas y comunidades en las que brilla gratuitamente el milagro de la fe, de la esperanza y de la caridad. 

  5. La idea de una acción misionera autorreferencial, que se pasa el tiempo contemplándose e incensándose por sus propias iniciativas, sería en sí misma un absurdo. No dediquéis demasiado tiempo y recursos a “miraros” y a redactar planes centrados en los propios mecanismos internos, en la funcionalidad y en las competencias del propio sistema. Mirad hacia fuera, no os miréis al espejo. Romped todos los espejos de vuestra casa (…). Por ejemplo, que cada director nacional, durante su mandato, se comprometa a individuar algún potencial sucesor, teniendo como único criterio el de indicar no a personas de su círculo de amigos o compañeros de “cordada” eclesiástica, sino a personas que le parezca que tienen más fervor misionero que él. 

  6. Con referencia a la colecta de recursos para ayudar a la misión, ya en ocasión de otros encuentros pasados, llamé la atención sobre el riesgo de transformar las OMP en una ONG dedicada sólo a la recaudación y a la asignación de fondos. Esto depende del ánimo con que se hacen las cosas, más que de lo que se hace. En cuanto a la recaudación de fondos puede ser ciertamente aconsejable, y aún más oportuno, utilizar con creatividad incluso metodologías actualizadas de búsqueda de financiaciones por parte de potenciales y beneméritos patrocinadores (…). Es bueno que la petición de donativos para las misiones siga dirigiéndose prioritariamente a toda la multitud de los bautizados, buscando también una forma nueva para la colecta en favor de las misiones (…). La Iglesia continúa, desde siempre, yendo hacia adelante también gracias al óbolo de la viuda, a la contribución de toda la multitud de personas que se sienten sanadas y consoladas por Jesús y que, por ello, por su inmensa gratitud, donan lo que tienen. 

  7. Con respecto al uso de las donaciones recibidas, discernid siempre con un apropiado sensus Ecclesiae la distribución de los fondos (…). Tened siempre en cuenta las verdaderas necesidades primarias de las comunidades y, al mismo tiempo, evitad formas de asistencialismo que, en vez de ofrecer instrumentos al fervor misionero, acaban por entibiar los corazones y alimentar también dentro de la Iglesia fenómenos de clientela parasitaria. (…). No cedáis al complejo de inferioridad ni a las tentaciones de imitar a aquellas organizaciones tan funcionales que recogen fondos para causas justas y luego destinan un buen porcentaje de ellos para financiar su estructura y promocionar su propia identidad. También esto se convierte a veces en un modo para cuidar los propios intereses, aunque hagan ver que trabajan en favor de los pobres y necesitados. 

  8. Por lo que respecta a los pobres, no os olvidéis de ellos tampoco vosotros (…). La predilección por los pobres y los pequeños es parte de la misión de anunciar el Evangelio, que está desde el principio.

  9. Las OMP, con su red difundida por todo el mundo, reflejan la rica variedad del “pueblo con muchos rostros” reunido por la gracia de Cristo, con su fervor misionero. Fervor que no es igual de intenso ni vivaz en todo tiempo y lugar. Y, además, la misma urgencia compartida de confesar a Cristo muerto y resucitado, se manifiesta con tonos diversos, según los diversos contextos. La revelación del Evangelio no se identifica con ninguna cultura y, en el encuentro con nuevas culturas que no han acogido la predicación cristiana, no es necesario imponer una forma determinada cultural junto con la propuesta evangélica (…). También la relación especial que une a las OMP con el Papa y con la Iglesia de Roma representa un recurso y un apoyo a la libertad, que ayuda a todos a sustraerse de modas pasajeras, de servilismos a escuelas de pensamiento unilateral o a homogeneizaciones culturales con características neocolonialistas; fenómenos que, por desgracia, se dan también en contextos eclesiásticos. 

  10. Las OMP no son en la Iglesia un ente independiente, suspendido en el vacío. Dentro de su especificidad, que conviene cultivar y renovar siempre, está el vínculo especial que las une al Obispo de la Iglesia de Roma (…). Os pido que el carácter distintivo de vuestra cercanía al Obispo de Roma sea precisamente este: compartir el amor a la Iglesia, reflejo del amor a Cristo, vivido y manifestado en el silencio, sin jactarse, sin delimitar el “terreno propio”; con un trabajo cotidiano que se inspire en la caridad y en su misterio de gratuidad; con una obra que sostenga a innumerables personas interiormente agradecidas, pero que quizás no saben a quién dar las gracias, porque desconocen hasta el nombre de las OMP. El misterio de la caridad en la Iglesia se lleva a cabo así. Sigamos caminando juntos hacia adelante, felices de avanzar en medio de las pruebas, gracias a los dones y a las consolaciones del Señor. Mientras tanto, reconocemos con alegría en cada paso, que todos somos siervos inútiles, empezando por mí. 

Como conclusión, Francisco invita a “aligerar y no aumentar los pesos”, ganando “flexibilidad operativa” para el verdadero objetivo. “Id con ardor”. Falta hace.

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