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Los mandalas de la corrupción

Se trata de Nieve Soledad Melgarejo, una técnica en radiología de un hospital de Capiatá que apoyó intensamente la campaña de Mario Abdo en las redes sociales. Fue premiada hace dos años con un cargo en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, donde percibe unos veinte millones de guaraníes mensuales, unas cinco veces más de lo que ganaba sacando radiografías.

La nombraron “directora de Gestión Intergubernamental”, una suerte de asesora vip en la ejecución de grandes construcciones viales. Nadie en el entorno del ministro Wiens pudo explicar cómo Solcito llegó a un cargo que debería estar en manos de profesionales de la ingeniería. Solcito se dedicó desde entonces a lo único que sabía hacer: acompañar al ministro en sus viajes y promocionar sus obras a través de las redes sociales. Fue así como se apresuró en compartir la noticia de que la rampa empezaba a ser colocada en su lugar. Lo sucedido después no estaba en sus planes. Ocasionó un tsunami de rabia que la tiene confundida hasta hoy.

Aquel puente peatonal feo, recargadamente kitsch y funcionalmente inútil despertó una inusitada cantidad de respuestas burlonas y críticas. El diseño no parecía ñandutí, recordaba más bien a esas bandejas plásticas de torta. Pronto alguien descubrió que había sido extraído de un almacén de imágenes de Google. Estaban más cerca de los mandalas que del ñandutí. Muy pronto, la gente dejó de mirar los detalles para preguntarse el costo de este adefesio.

Quedamos estupefactos: dos millones de dólares. Un disparate imposible de justificar. ¿En plena crisis sanitaria, con los hospitales necesitados de insumos, este Gobierno destina esa plata a una obra que no le sirve a nadie? Ese puente olía a podrido. Sobre todo cuando los internautas empezaron a subir decenas de fotos de pasarelas de mayor envergadura que habían costado mucho menos en varias partes del mundo. Ya no era hora de memes, era hora de saber algo más.

Y allí emerge una vieja conocida de las licitaciones del Estado: la empresa Engineering, beneficiada con más de cincuenta contratos durante el Gobierno de Mario Abdo. En estos dos años, Engineering, de Juan Andrés Campos Cervera, ganó el doble de contratos que en cinco años del gobierno anterior. Como si fuera poco, una vez adjudicada, dicha empresa fue autorizada a encarecer en 1.000 millones de guaraníes el proyecto original para realizar ajustes. Le recuerdo, por si se le olvida: en plena pandemia.

Pero habría más. El director de Obras del MOPC, arquitecto José Kronawetter, reveló que Jorge López Moreira, hermano de la primera dama, Silvana López Moreira, participaba de reuniones en el Ministerio acompañando al empresario Campos Cervera. ¿Cuál era el interés?

Todo muy turbio. Era necesaria una urgente aclaración ministerial para despejar las sospechas, pero la mudez de Arnoldo Wiens fue absoluta. Su única respuesta, la destitución de Kronawetter, sonó a castigo por romper los códigos de silencio. Quien ahora ocupa su puesto, el ingeniero Ignacio Gómez, entiende el tema. Se apresuró en declarar que no cree que haya existido sobrefacturación y que el precio probablemente esté por debajo de lo que realmente cuesta. De manual.

No le busque finales simpáticos o felices a esta historia. Terminará como tantas otras del modo colorado de gobernar: en el oparei. Solo que ese puente de mandalas seguirá allí para recordarnos la mentira del “caiga quien caiga”.

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