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La vuelta de Mandiyú

Muchos futboleros de diferentes puntos del país preguntaron “¿es el mismo?” “¿existe todavía?” “¿no desapareció?” cuando leyeron, escucharon o vieron que Mandiyú ascendió este fin de semana al Federal A. Sus preguntas tenían un buen sustento. El Deportivo Mandiyú que fue el primer club del interior en ascender a Primera  con el formato del Nacional B, y permanecer siete temporadas consecutivas con ingenio y creatividad dirigencial y superando los múltiples obstáculos.

El gobierno provincial de aquel entonces hizo un estadio para competir pero se lo dio al club del gobernador (que militaba en la Liga Correntina), pocos empresarios locales aportaron, mientras la AFA miraba de reojo a la dupla encabezada por Seferián y Popepscu,  directivos de la textil Tipoití, cuna de Mandiyú, que buscaba jugadores baratos pero buenos. La fórmula parecía efectiva: un técnico capaz (el viejo Juan Manuel Guerra, de dilatada trayectoria en el ascenso argentino, fue el primero) alguna figura de primer nivel con experiencia, algunos buenos valores de la región y muchos paraguayos y uruguayos desconocidos con hambre de gloria.

Al principio llamó la atención y resultó una curiosidad que un club con mucho recorrido amateur irrumpiera en Primera como si fuese un viejo conocido. Los jugadores venían a Corrientes aún resignando dinero, porque sabían que era un club ordenado que pagaba en término y donde se vivía bien, la gente los reconocía peo los respetaba en la calle, y no habían barras bravas que apretaran en los entrenamientos.

Pero esto para la AFA no era negocio. Aunque en los años siguientes fueron varios los clubes del interior que empezaron a ascender, la estabilidad de Mandiyú contradecía la turbulencia de los negociados. Tal vez por eso pronto empezó a buscar el modo de ahogarlo, ya no a través de los malos arbitrajes sino con trabas que jamás tuvieron en cuenta la ubicación geográfica del club, ni la cantidad de seguidores.

Un año salió la polémica norma que limitaba el cupo de extranjeros en los planteles, mientras los típicos “periodistas mercenarios” criticaban que Mandiyú tuviera tan pocos correntinos , o sugirieran de modo burlón por qué no jugaba en la liga paraguaya o uruguaya. Hablaban de Corrientes como un lugar lejano y ajeno, baste un ejemplo: una vez que el plantel de Boca fue a visitar una cárcel y jugó un partido con los internos en el patio del penal, el notero de “Nuevediario” (el noticiero más visto de aquel entonces) preguntó a una de las estrellas si habían ido a acostumbrarse al terreno de juego, ya que ese fin de semana jugarían en Corrientes en una cancha de dimensiones pequeñas…

No obstante año tras año Mandiyú lograba poner equipos competitivos mientras iba buscando alternativas. Su hinchada creció, su nombre parecía afirmado, pero a quienes correspondía apoyar fueron sacando la mano hasta dejar solos a Seferián y Popepscu. En un momento quisieron hacer una sociedad anónima, pero tampoco fue posible… o sí, porque en vez de aparecer un grupo empresarial vino un empresario amigo del poder y literalmente “compró” Mandiyú. Un tal “Cruz” a quien nadie conocía apareció por Corrientes, primero amenazando con llevar la localía a Mar del Plata, y después encabezando un proyecto marketinero pero poco efectivo, con el peor Maradona (suspendido y echado del Mundial por doping) quien al no poder jugar se disfrazó de técnico. El resultado fue desastroso. Mandiyú descendió, y la Liga Correntina que durante esos años de gloria se benefició con los aportes y el renombre, le sacó todo el apoyo, lo dejó caer, y ante la desaparición de Cruz desafilió y extinguió al club más glorioso de su historia.

La plaza fue entregada a Huracán (que por fin usaría el estadio regalado) que tras un efímero ascenso a primera se precipitó al vacío.

Parecía un sueño de lunes que termina con el despertador de la realidad, y siempre quedó rondando la inquietud de a dónde fueron a parar los miles de hinchas del Albo. Al no poder usar el nombre, un grupo de hinchas fundó el club “Textil” al que más adelante se le añadió el nombre original. Diferencias dirigenciales llevaron a un grupo disidente a crear de la nada el nuevo Deportivo Mandiyú. Ambos comenzaron a crecer y Textil llegó a los federales con suerte esquiva y pésima conducción. El Deportivo avanzaba lentamente, pero sin un paso firme.

El viejo Boca Unidos intentó captar hinchas con recursos, estadio y campaña de Nacional B, pero no pudo. Los hinchas se quejaban de que se los obligaba a dividirse entre dos clubes con los mismos colores y nombres similares. Hablar de fusión era una fantasía, muchas veces reprimida y censurada.

En Textil un turbio político empresario lo sostuvo en torneos federales que arrancaban muy bien y terminaban en escándalo por deudas y sueldos impagos. El Deportivo intentaba llegar a través del Federal C pero siempre le faltaba algo. Hasta que sucedió lo imposible. Intervenido Textil y con la renovación del Deportivo, un día Corrientes leyó el titular: “Se fusionan los Mandiyú” y comenzó la resurrección.

El ahora único Mandiyú se armó para intervenir en el Federal B y a fuerza de lucha y empeño, no sin riesgo de descenso en una zona pareja, clasificó puntero en la última fecha, y empezó a ilusionarse con ascender.

Un breve pero difícil camino comenzó con multitudinaria concurrencia que obligó a mudar la localía de la humilde cancha de Ferrovario a la de Huracán, volviendo al escenario de las grandes tardes, colmado como en aquel entonces.

Y así llegó a la tarde del 17 de diciembre de 2016 gaando una final y desatando el festejo de un ascenso que promete futuro.

Sí, es Mandiyú, aquel de entonces reflotado por sus hinchas, que con corazón apasionado vuelve para no borrarse más… es el mismo y al mismo tiempo más glorioso porque lo precede la humildad y lo acompaña el afecto. Es el mismo, portador de gloria y animador de la alegría…. Es Mandiyú, y para muchos es el retorno a la pasión futbolera guardada hace años.

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