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La otra Semana Santa

En mi vagancia por internet me conmoví el viernes santo, viendo en alguna de las redes sociales a dos curitas de avanzada edad apretujarse contra la pantalla para transmitir el Vía Crucis. Uno, oficiaba de técnico y le decía al otro que hablara fuerte, que no se moviera tanto para que la señal no se cortara.

El rezo del Vía Crucis predicado salió bastante bien, no tuvo calidad profesional, tampoco buena fotografía…. pero sin embargo llegó a los feligreses de esa parroquia que sabían captar la señal a través de celulares, tablets y pcs.

Me emocionó esta imagen y fue una respuesta a lo que vengo escuchando en algunos grupos de cristianos avinagrados desde que (a causa del Covid 19) se habló de dar la comunión únicamente en la mano primero, y dejar de celebrar la Eucaristía en público después. Lamentablemente este grupo sectario no desperdicia oportunidad para señalar con falsas profecías que la «Iglesia en salida» hoy se recluye puertas adentro por falta de fe en el poder de la Eucaristía.

Es claro que con este absurdo, aluden al Papa Francisco a quien dirigen sus dardos venenosos sin atreverse a ir de frente, y valiéndose de la ironía propia de un inmaduro adolecente que grita su disgusto resistiendo el diálogo. (Más aún, creo que les queda grande la comparación con los adolescentes, porque estos no son cobardes ni se esconden en la ironía).

Estos personajes con sus discursos fueron los tentadores en este desierto cuaresmal. Tentaron a la Iglesia desafiándola a arrojarse al vacío del contagio, confiando en que un ejercito de ángeles saldría en su auxilio para no dejarla morir. Y que en todo caso morir por haber salido a “comulgar”era un acto heroico de jugarse por la gracia de Dios…. Enojados por el cierre de las iglesias nunca advirtieron los abundantes signos de comunión que afloraron en muchas familias y hogares. Cristianos absurdos… que por aferrarse a sus criterios confundieron ideología con fe. Ahogados en un vinagre de segunda calidad, se autoexcomulgaron de una Iglesia que entendió la gravedad del momento y buscó formas de vivir su pertenencia al Cuerpo de Cristo.

Nunca fueron capaces de buscar la creatividad del amor para ofrecer alternativas y dejarse sorprender en otros modos de recibir al Señor. Tampoco expresaron el deseo de vivir la experiencia de solidarizarse con tantos cristianos en diferentes puntos del mundo que desde hace muchos años aprendieron a comulgar espiritualmente porque en sus comunidades no hay quien celebre los sacramentos… Tampoco se acordaron que muchos ancianos y enfermos viven su común unión a traves de la oración y los programas religiosos.

Escandalizaron a los pequeños con sus palabras cargadas de resentimiento, y se paralizaron. Prisioneros de sus caprichos, no pudieron ver más allá de sus discursos….

No escuché a ninguno de ellos decir que ya que los privaban de recibir la Eucaristía buscarían al Cuerpo de Cristo entre los pobres, ayudando a alguna institución que alimenta a los que no tienen que comer en esta cuarentena, o acercando (con el debido cuidado) un plato de comida a alguno de aquellos para quienes “quedarse en casa” es estar en la calle.

¿No hubiese sido lindo que los cristianos nos alarmemos porque hay hermanos que la están pasando mal, en lugar de pegar el grito porque las misas y los oficios no se celebran como y donde nosotros creemos? Contemplando la Última Cena (celebrada en un hogar) me consuela sentir que el mismo Jesús no podría pasar el filtro exigido por el fariseísmo cristiano… De haber existido en aquella noche, tal vez en la ventana de aquel salón habrían deditos inquisidores reprochándole que ofició en un lugar que no era sagrado, que no confesó a aquellos hombres, que estaban mal preparados, e incluso que pudo comulgar un traidor y diez cobardes…. Más aún no los hizo arrodillar, y les dio su Cuerpo y Sangre en las manos, sin haber ayunado.

Me conmovió en estos días ver a tantas comunidades buscar las mil formas de mantenerse unidos. Catequistas comunicados con los niños, ofreciéndoles juegos, series y dibujos para no perder de vista a Jesús. Jóvenes de grupos y movimientos recreando plataformas para celebrar sus pascua joven en casa, con los suyos, pero vinculados por la oración, apoyados en la tecnología. En muchos lugares no había internet suficiente ni computadoras, entonces vino el whatsapp y cuando ni siquiera eso fue posible, hubo consignas y oración para vivir la Comunión.
Como en sus inicios el Rosario fue otra vez el Evangelio de los pobres y la liturgia de la familia…

Sucumbo ante tantos curas, religiosos y religiosas y hasta dirigentes o coordinadores, que después de resistir o combatir a las redes sociales, el celular e internet, fueron capaces de hacer cursos express para aprender a manejarlos y comunicarse con su pueblo.

Se de dos religiosas de mas de 80 años que estuvieron horas buscando la vigilia pascual en sus modestos teléfonos celulares sin entender mucho por donde empezar. Y cuando encontraron lo vivieron con el gozo de la entrada a la tierra prometida… Otra señora que cruza el umbral de los 70 me dijo con una sonrisa que el viernes santo sin salir de casa caminó más que nunca…. porque a través de la tv fue al Via Crucis del Papa, después al de la catedral de su diócesis y finalmente con su celular y su radio (por las dudas) hizo el de su parroquia.

Como en los relatos de Evangelio, son las mujeres las que se adelantan… no se enredan en discusiones paralizantes…. saben a Quien buscan, y van a su encuentro.

La misma comunidad a la que pertenezco nos hizo saber que cuando se emite la misa diaria por facebook, muchos de ellos se preparan para participar poniéndose ropa de salir.

Todos ellos expresan el deseo de que pase la pandemia para poder (entre otras varias cosas) volver a las celebraciones de la Iglesia…. A ninguno de los que conozco se les ocurriría creer que participar de la Misa desde una pantalla o un parlante será un hábito adquirido para siempre… pero mientras dura este cruce del desierto, muchos hemos descubierto a un Dios que se manifiesta en nuestros hogares de una manera diferente a la que concebimos en “tiempos normales”.

La celebración en familia, la recuperación de los altares hogareños, el deseo de saber que el otro no solo existe sino que lo necesito porque es parte de la Iglesia y del Cuerpo de Cristo han sido de las constataciones más fuertes que viví y escuché en este tiempo.

Esta es la Iglesia en salida de estos tiempos: la que ha tenido que ir a las periferias de sus propios criterios y atravesar sus propios límites para no guardarse la buena noticia. La que supo asumir el dolor del destierro pero al mismo tiempo leyó una oportunidad para aprender del Maestro. Tuvo humildad para decir no se…. y nunca se tiró de la barca siguiendo sus conceptos.

Ciertamente sus emisiones no son profesionales, varias veces queda herida por un esfuerzo de horas que no tiene buen resultado, o los comentarios impiadosos por los errores expuestos…. Pero está sana, en contraposición con la que queda enferma por la neurosis del cumplimiento.

Me enamora esta Iglesia tan parecida a los rudos apóstoles que todos los días eran desafiados por su Maestro al que amaban con todo el corazón aunque no les diese el cuero para entenderlo. La Iglesia de Jesús que quiere estar en todos lados, y en la que el Espíritu trabaja para evidenciarlo.

Esos dos curitas viejos, extrañando a sus fieles, pero aferrandose a cualquier medio que los acerque a su pueblo son mi Iglesia, la de Cristo, la que me empuja y exige…. La otra también viene en la barca, pero está tan enredada en su propia imagen construida por frases piadosas descontextualizadas, leyes frías sin espíritu, y con medias verdades mal dichas, propias de hermano MAYOR materialista, que sería difícil esperar que quiera entrar a la fiesta. Sin embargo, acaso habrá un Padre dispuesto a salir a escucharlo y convencerlo…. y un Hijo que le mostrará que está dispuesto a dar la vida para que dejándolo todo…. se integren, aunque no puedan entrar a su molde, y un Espíritu que les de claridad para madurar en la fe.

En esta Santa Semana la fiesta fue preparada, la música ya empezó, los invitados están llegando y el banquete ha sido servido. El dueño ha pronunciado un imperativo:”¡Alégrense!” Vamos… no tengan miedo, ENTREN….

Humbi SJ

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