Opinion

La ‘nueva normalidad’ del cardenal Omella y Salvador Illa en Cretas

Se encontraron como lo harían dos personas normales, por la calle. No en un palacio, no con citas preparadas. Ambos, en mangas de camisa, con amigos y familiares, dejos de la crispación política que tanto ha afectado en los últimos tiempos a las relaciones Iglesia-Estado. Y se tomaron un café

La buena relación entre el político catalán (católico practicante y cercano a la corriente federal de Cristianos Socialistas) y el arzobispo de Barcelona viene de lejos

El ministro de Sanidad es un interlocutor imprescindible en la apuesta por el diálogo que Omella y Osoro quieren hacer avanzar con el Gobierno de coalición. No lo tendrán fácil ninguno de los dos, pero es el único camino

Se encontraron como lo harían dos personas normales, por la calle. No en un palacio, no con citas preparadas. Ambos, en mangas de camisa, con amigos y familiares, dejos de la crispación política que tanto ha afectado en los últimos tiempos a las relaciones Iglesia-Estado. Pero el presidente de la Conferencia Episcopal, Juan José Omella, y el ministro de Sanidad, Salvador Illa, están a otra: a trabajar y a construir.

Ambos coincidieron en la localidad natal del primero, Cretas, en el Matarraña turolense, donde Omella pasa unas semanas de vacaciones como «cura rural». El titular de Sanidad estaba pasando unos días de descanso en la zona y, sin más, se encontraron por la calle y fueron a tomar un café en el hotel de la localidad. Al rato, se les unió unos minutos el alcalde la localidad (PP).

Ignoro de qué hablaron Illa y Omella, pero la ‘no noticia’ en sí ya es un síntoma de la tan cacareada ‘nueva normalidad’. Ambos, además, se conocen y se aprecian, y se han apoyado mutuamente en estos meses difíciles. De hecho, la buena relación entre el político catalán (católico practicante y cercano a la corriente federal de Cristianos Socialistas) y el arzobispo de Barcelona viene de lejos, y se profundizó cuando, hace tres años (hoy se cumple el tercer aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils), vivimos el verano y el otoño más calientes de la reciente historia de las relaciones entre Cataluña y España.

Illa y Omella, en Cretas

Y es que la buena relación entre Omella e Illa también ha servido para encontrar puntos de diálogo y acuerdo durante la pandemia, cuando la mayoría de los templos cerró sus puertas al culto para evitar el contagio. O, en el futuro, cuando por fin planifiquemos la reconstrucción del país tras la crisis. El ministro de Sanidad, además, es un interlocutor imprescindible en la apuesta por el diálogo que Omella y Osoro quieren hacer avanzar con el Gobierno de coalición. No lo tendrán fácil ninguno de los dos, pero es el único camino.

Ayer mismo, en una de sus misas por la festividad de San Roque (porque Omella está ejerciendo de cura de pueblo, en una nueva lección para muchos que siguen encerrados en sus palacios y no se paran, no ya a tomar un café con un amigo, sino siquiera a pasear por la calle), el presidente del Episcopado ha rogado porque «se aparquen las diferencias políticas y se trabaje de forma conjunta y en busca del bien común» para afrontar la situación de crisis sanitaria y económica. Todo un camino a seguir de cara al extraño curso que está (esperemos) a punto de comenzar.

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