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La maldita ecuación del privilegio

La noche del viernes, el gabinete capitaneado por el ministro de Salud, Julio Mazzoleni, acompañado de Euclides Acevedo (Interior), Liz Cramer (Industria), Carla Bacigalupo (Trabajo), Eduardo Petta (Educación) y Federico González (ministro asesor de Asuntos Internacionales), dio una confusa conferencia de prensa. Como si ninguno estuviera convencido del rol que cumplía allí. Como si las palabras no eran las que querían decir o no se atrevían a asumir.

Entonces dieron a conocer la decisión. Que desde el lunes se aplicaba una cuarentena flexible, “sin descuidar la salud y la vida de la población”. Un incómodo ministro de Salud, que hasta entonces no hablaba sino de datos sobre el coronavirus con la solvencia que lo caracteriza, habló en clave económica argumentando a favor de la relajación de la cuarentena citando datos de reducción de otras afecciones gracias al aislamiento total. “Se está buscando una zona intermedia que permita consolidar los avances”, edulcoró. Los demás solo confirmaron la medida y cada uno habló de su área. Todo volvería a la cuasinormalidad, con los cuidados propios de higiene y la protección de la franja etaria vulnerable.

Entonces las redes sociales explotaron. La imagen de Marito y Mazzoleni, elevada a los cielos por las pioneras medidas adoptadas, fue en picada. Los gremios médicos emitieron duros comunicados señalando que la relajación no tenía base científica y que el Gobierno cedió ante los empresarios. Lo repudiaron con una frase común: “Lo humano está por encima de lo económico”.

Un apresurado presidente quiso enmendar el error y salió a prorrogar un día más el aislamiento total (hasta hoy, domingo).

HORAS DE INCERTIDUMBRE. Los rumores y temores poblaron las redes sociales. ”¿Es cierto que Mazzoleni amenazó con renunciar?”. “¿Es cierto que trancó con Benigno y los otros ministros del área económica?”. No se sabe mucho de la reunión del viernes, pero las versiones señalan que sí hubo confrontación de visiones sobre salud versus economía. Que el ministro de Salud, firme sin perder su estilo de caballero, insistía con datos en la mano sobre la necesidad del aislamiento total hasta el 12 de abril advirtiendo que la relajación ponía en peligro todo lo que se hizo y provocaría una catástrofe sanitaria. Los que propugnaban la flexibilización, bajo la fuerte presión empresarial, convencieron al presidente de que la gente “ya estaba harta del encierro” y que no reactivar la economía iba a empeorar el escenario ante la absoluta ineficiencia de las instituciones encargadas de viabilizar la transferencia monetaria a los sectores más carenciados.

Con este perverso dilema fue a dormir el presidente. A las 10:00 de la mañana de ayer resolvió el misterio con un acotado tuit de 33 caracteres: “Después de escuchar los argumentos de todos los sectores, he decidido mantener el aislamiento total hasta el 12 de abril. Pido un esfuerzo más a todos! Continuemos solidarios con nuestro sistema de Salud”.

Jaque mate a la presión empresarial y a sus voceros del Gabinete.

LEY Y CHICANAS. A pesar de las voces divergentes, la Ley de Emergencia de 1.600 millones de dólares fue aprobada en tiempo récord por el Congreso. El tratamiento puso de relieve las cobardías políticas y defensa corporativa de privilegios, una vez más. Empezando por el Poder Ejecutivo, que no tuvo el coraje de plantear un recorte más agresivo de los inaceptables privilegios de los funcionarios públicos ni cobros de impuestos a sectores históricamente privilegiados. El Congreso tampoco se animó a hacerlo, exceptuando a algunos legisladores que no pudieron frenar la unidad granítica colorada. Eliminaron del proyecto el párrafo referente a la suba salarial de funcionarios por cuatro años. Tampoco trataron el proyecto para transferir los royalties que reciben los municipios (unos 45 millones de dólares) a Salud.

Ahora el muerto se asusta del degollado. Ante la furibunda crítica surgen proyectos legislativos que plantean topes salariales hasta 15 millones para legisladores y consejeros de organismos nacionales e internacionales. Otros plantean la reducción del 20% de funcionarios que ganan más de G. 20 millones, y así sucesivamente. Siguen pensando en dar migajas y no en fortalecer las instituciones. La ecuación electoral sigue rigiendo los destinos del país.

IMPROVISACIONES. El único que muestra el control de la situación es Mazzoleni y su equipo. La gente está temerosa de la epidemia, pero confía en la conducción del ministro de Salud. No sucede lo mismo con las otras áreas. Hay desconfianza (con justa razón) de que semejante deuda se pierda en el agujero negro de la corrupción. Los mecanismos de control establecidos son débiles e insuficientes. Más vale que muestren adónde va cada centavo. La gente ya no tiene la paciencia de otros tiempos y cada vez menos acepta los robos públicos.

LA AMENAZA MÁS GRAVE. Con la salud en manos fiables, la amenaza más grave que se cierne sobre Marito es la inoperancia para operativizar con mayor rapidez la transferencia monetaria para alimentación de las personas golpeadas por el parate económico, unas 1.500.000 personas. La respuesta social ha sido un verdadero caos. Primero se pensó en kits de alimentos, luego en transferencia de G. 230.000, que tras las críticas se elevó a G. 500.000. Ahora el problema es a quién dar, y lo peor, la inscripción es un fracaso con las vías de comunicación (internet y teléfonos) colapsadas. “En tiempos de emergencia se toma el camino más corto”, señaló desesperado un hombre cercano al presidente que ve con preocupación la ineficacia exasperante. “Hace 10 días están con el tema y no pueden resolverlo”. Alertó que si para el martes, día anunciado para la transferencia monetaria, el Gabinete Social no encuentra la solución, el fracaso de la contención social será un tsunami que moverá los cimientos del Gobierno.

Esta semana se mostró el rostro del viejo Paraguay injusto, cada vez más desigual. Todo esfuerzo de Salud que tiene el acompañamiento de una ciudadanía resiliente no logrará el éxito por culpa de la misma mayoritaria clase política irresponsable y un sector empresarial corrupto y prebendario, que una vez más anteponen sus privilegios y sus ecuaciones electorales sobre la vida misma de la población.

Que la historia pospandemia los juzgue.

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