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La Invasión de los Madariaga a la Provincia de Entre Ríos (Final)

Hablamos de una campaña con más pena que gloria, que aparenta no haber acabado en desastre, simplemente porque Garzón no tiene el número de hombres suficiente para plantear una acción decisiva.


DeniriEn la nota anterior, empleé como médula de las fuentes al ingenuo escrito del cirujano del Ejército de los Madariaga, que hace -día por día- la crónica de aquella malhadada campaña, asentada sin embargo en la Historia como un suceso que no macula el prestigio bélico de ambos hermanos.

Cuando descubrí el escrito de Verón, por cierto que me sorprendió que se lo publicara en el “Homenaje al General José Joaquín Gregorio Madariaga. Gobernador de Corrientes. Jefe de los 108 Libertadores del Año 1843. Vencedor en la Batalla de Laguna Brava el 6 de Mayo de 1843”. Un título ya de por sí apologético, que da cuenta de que ese Homenaje fue “realizado en la Ciudad de Vera de San Juan de las Siete Corrientes a 6 de Mayo 1927”. Después de leído el volumen, como el “Itinerario” de Verón forma parte de “Diversos documentos oficiales relativos a la acción militar, política y administrativa del General Joaquín Madariaga”, concluí que su inclusión fue producto de uno de esos acopios que buscan acumular una masa documental para dar cuerpo a una edición, pero que para el caso se hizo sin haberlo leído en detalle, en especial porque, como habrá podido observarse en la nota, su vasta ortografía y harto ruda sintaxis, fueron respetadas “a outrance” por el “organizador” de esos documentos, que en la primera hoja advierte que “…a efectos de mantener su autenticidad y pureza”, los transcribe “del Registro en que se hallan en el Archivo General de la Provincia, al pie de la letra, manteniendo la (s) falta (s) de ortografía con que, en su época, fueron escritos”. En realidad, la “horrografía” de esas páginas, no es una cuestión de época porque, bastante más atrás, sólo con leer los escritos de Pampín o de Ferré, hay de sobra para admirar la pulcritud gramatical, ortografía y estilo.
Lo concreto es que ese diario de campaña, leído cuidadosamente, no ya en sus entrelíneas, sino en su escritura llana, deja muy mal parado a aquel “ejército”, que por sus trazas y acciones más se asemeja a una banda de forajidos que a soldados, y todavía menos a guerreros, aunque hayan usado uniforme.

General Eugenio Garzón.

General Eugenio Garzón.


Pero veamos que nos dice el General José María Paz en sus ácidas pero lúcidas Memorias póstumas, sobre aquel ejército y aquella campaña:
“Un ejército como el que pueden formar los Madariaga –escribe el manco-, no necesita enemigos, ni batallas, para deshacerse”.
Explica luego cómo “apenas habían pasado algunas semanas, y ya la indisciplina, el desorden, la insubordinación empezaron a mostrar su horrorosa cabeza. Garzón (su adversario entrerriano) no los atacaba, pero los acechaba; hubo una que otra guerrilla desgraciada, y se empezó la retirada sin haber llegado al río Gualeguay, que divide la provincia en dos partes iguales. Cuando Garzón supo el movimiento retrógrado de los Madariaga, se movió cautelosamente y lanzó algunas partidas en su seguimiento. Entonces la retirada se convirtió en fuga, en términos que, encontrando el río Mocoretá, que divide las dos provincias, muy crecido, lo pasaron a nado en el mayor desorden, perdiendo más de seis mil animales, ahogados o extraviados en los bosques. Aún en el territorio de Corrientes, la fuga siguió en un espantoso desorden, el que fue trascendental a una división de seiscientos hombres, que habían dejado en el campo de Villa Nueva, la cual al ruido de una retirada desastrosa del invencible ejército, hubo de evaporarse. Daba risa oír las charlatanerías y mentiras groseras de don Joaquín para paliar este desastre cuando se hacía memoria de él”.
Paz hace también referencia a lo acaecido luego, y así escribe que “Después de esta célebre campaña, el ejército, más o menos numeroso, siguió acantonado en Villa Nueva; pero sin disciplina, nada, nada adelantaba; jamás pudieron los Madariaga restablecerlo en un pie de orden regular; los robos de ganado a todo el vecindario hicieron casi desaparecer estancias populosas; las licencias arbitrarias que se tomaban los soldados eran frecuentísimas, sin que el general se apercibiese de las fatales consecuencias de este desorden”.
De los crímenes que reseñé en la nota anterior –no todos-, Paz da cuenta que sólo “dos asesinatos en el mismo campo tuvieron lugar; un teniente muerto por un soldado, y el capitán don N. Solís lo fue también por el capitán Báez…Tanto la perfecta impunidad del matador, como las antiguas reyertas que había tenido en tiempos anteriores con los Madariaga, dieron sobradísimos motivos para creer que no eran extranjeros a este crimen”.
El gran guerrero cordobés también hace referencia al modo como los Madariaga combaten las deserciones, puntualizando que “…tomaron…un arbitrio muy singular…El comandante don Nicanor Cáceres fue colocado a retaguardia del ejército con su escuadrón, en un lugar aparente, para aprehender a los desertores que regresaban a la provincia, con la orden de lancearlos indiscriminadamente; lo hizo así con unos cuarenta, según unos, y más del duplo según otros, incluso un oficial, cuyas gorras y prendas de vestuario eran conducidas al ejército, como pruebas de su trágico fin”.
A partir de aquí, me resta sólo reseñar la campaña en sí algo más en profundidad que la escueta síntesis del manco, conjunto de acciones durante las cuales las numerosas fuerzas de los Madariaga se enfrentan con el general Eugenio Garzón, gobernador delegado de Urquiza, que dispone únicamente de unos 1.500 hombres.

MAEDER Y GUTIÉRREZ. CAMPAÑA DE LOS MADARIAGA.

MAEDER Y GUTIÉRREZ. CAMPAÑA DE LOS MADARIAGA.


En principio, el día 30 de diciembre de 1843, la vanguardia, al mando de Juan Madariaga, es derrotada en Ceibal pero el resto del ejército correntino logra apoderarse de Mandisoví, Salto y Concordia, obteniendo un gran botín en carretas, bueyes y caballos. Salto es entregada a Fructuoso Rivera.
El 17 de enero de 1844, se produce el único enfrentamiento serio de la campaña. Los Madariaga y Garzón chocan en Arroyo Grande, el mismo campo de batalla de 1842, en un encuentro indeciso. A la caída de la noche, Garzón se retira y así los Madariaga se atribuyen un triunfo. Tras seguir a Garzón hasta Gualeguay, deciden retrogradar a Corrientes, por falta de apoyo entrerriano y porque Urquiza está por reforzar a Garzón. Durante el repliegue, Garzón hostiga constantemente a la retaguardia, hasta que las indisciplinadas fuerzas de los Madariaga prácticamente entran en fuga.
El 7 de febrero de 1844, los correntinos arriban al límite interprovincial. Desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche, sus fuerzas franquean el Mocoretá por Itá Curubí y Cerrito, perdiendo gran número de animales en el cruce.
El 19 de febrero de 1844, el ejército reingresa a Villanueva. La mayoría de los soldados es licenciada.
Tal como la describe Paz, hablamos de una campaña con más pena que gloria que aparenta no haber acabado en desastre simplemente porque Garzón no tiene el número de hombres suficiente para plantear una acción decisiva.
Como pese a su relevancia, el General Eugenio Garzón es muy poco conocido entre nosotros, finalizo al estilo de Valerio Bonastre, con una breve biografía suya.
Eugenio Garzón, (Montevideo, 1796), era oriental. Lucha en Las Piedras, Montevideo y Cerrito con Artigas. Luego, con Rondeau, en el Ejército del Norte. Ayudante de San Martín en Chacabuco. Se bate en Cancha Rayada y Maipú. Hace toda la Campaña de los Andes en Granaderos. Acompaña a Arenales a la Sierra luchando en Pasco. Con Miller batalla en Pichincha, Junín y Ayacucho. Bolívar lo asciende a Coronel. Parte con los 33 Orientales, lucha en Ituzaingó. Vuelve a la Banda Oriental, Manuel Oribe lo hace General. Exiliado en la Confederación, se une al ejército de Pascual Echagüe. Lucha en Cagancha, Don Cristóbal y Sauce. Defiende Santa Fe de Lavalle. Prisionero, es liberado tras Quebracho Herrado. De nuevo con Oribe. Se separa y pasa a ser el Jefe de Estado Mayor de Urquiza. Como tal enfrenta a los Madariaga (1843 – 1844). Jefe del ala derecha entrerriana en Vences Rincón (1847). En 1851 apoya el Pronunciamiento. Uno de los jefes más destacados en la campaña final contra Oribe. A punto de ser designado presidente de la Banda Oriental, enferma gravemente y muere, el 1 de diciembre de 1851.
Una vida vertiginosa, espada en mano. Hoy, hombres como ese se me hacen auténticos Titanes.

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