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La hora de los monstruos en Sundance

Cine por dentro, nieve por fuera… Sundance
Cine por dentro, nieve por fuera… Sundance

(Desde Park City). La fascinación del ser humano por el mal difícilmente pueda ser considerado un fenómeno nuevo -literatura escrita siglos atrás, desde Maquiavelo hasta Shakespeare, lo prueba, así como éxitos recientes como los revivals del clan Puccio, Pablo Escobar o el serial killer Ted Bundy confirman la vigencia del postulado-, pero en la jornada de ayer en el Festival de Cine Sundance, dos documentales retratando a hombres caracterizados una y otra vez como “monstruos” por los entrevistados (y mucho antes por la prensa) nos recuerdan que si bien en la vida las malas conductas son reprobables y en muchas cosas, penables, en el arte pueden ser la materia perfecta.

Cualquiera que conozca algo de historia contemporánea de los Estados Unidos está familiarizado con los nombres Julius y Ethen Rosenberg, Joseph McCarthy, J.Edgar Hoover, Rupert Murdoch, Ronald Reagan y Donald Trump (infaltable), pero tal vez mucho menos con la figura de Roy Cohn, el implacable abogado y operador judical/ político que enlaza todas esos personajes y, a la manera de un Zelig siniestro, estuvo detrás o participó indirectamente de algunas de las páginas más oscuras de ese país en las últimas décadas, con reverberaciones que duran hasta el día de hoy.

El rostro del mal… Roy Cohn
El rostro del mal… Roy Cohn

En el documental Where’s My Roy Cohn? (el título es una frase atribuida recientemente al propio Trump, al expresar su frustración por no tener en la Casa Blanca un asesor tan efectivo como Cohn), el realizador Matt Tyrnauer narra la fascinante vida de este personaje, desde sus primeros pasos como un inescrupulosos fiscal que inflamó la histeria anticomunista para hacer avanzar su carrera (fue responsable de mandar a la silla eléctrica al matrimonio Rosenberg, cuya culpabilidad de ser espías rusos todavía se disputa, y clave en la persecución de supuestos comunistas del senador Mc Carthy) hasta su reconversión en poderoso abogado y fixer para mafiosos italianos y la familia Trump en la Nueva York corrupta de los 60 y 70, con acceso directo al despacho de Reagan y el Partido Republicano en los 80.

Utilizando todo tipo de tácticas corruptas y defendiendo casi exclusivamente a ladrones de guantes blanco y criminales, Cohn se convirtió en el hombre más despreciado de Nueva York (también en un infaltable de su vida social, en la era del disco y Warhol), y su inmutabilidad -y hasta placer- ante las críticas lo convirtió en el socio perfecto para el entonces joven Donald Trump, quien retuvo sus servicios hasta que Cohn cayera en desgracia por una serie de ílicitos y perdiera su matrícula de abogado.

La película, no especialmente inventiva desde lo formal pero con un vasto material de archivo e imperdibles entrevistas (una de las cabezas parlantes no es otro que su pupilo Roger Stone), indaga también sobre la homosexualidad de Roy Cohn, un secreto a voces desde sus épocas macarthistas y algo que negó hasta el último momento de su vida, cuando el SIDA lo tenía postrado en la cama de un hospital (de esta época final se encarga la renombrada obra de teatro Angels in America, que lo tiene como uno de sus protagonistas).

El ocaso de los dioses… Harvey Weinstein, protagonista del documental “Untouchable”
El ocaso de los dioses… Harvey Weinstein, protagonista del documental “Untouchable”

“La tolerancia se convierte en un delito cuando se aplica al mal”, escribió el autor Thomas Mann, y en su nuevo documental Untouchable, la realizadora británica Ursula MacFarlane no solo relata el ascenso y caída del otrora “intocable” productor hollywoodense Harvey Weinstein, haciendo foco en las múltiples acusaciones en su contra por abuso y acoso sexual de mujeres (ex asesoras, estrellas reconocidas, aspirantes a actrices) que se hicieran moneda corriente -y provocaron el fenómeno global del #MeToo- tras la publicación de explosivas investigaciones en el New York Times y el New Yorker a finales del 2017, sino también en aquellos que trabajaron para él y, de cierta manera, fueron también piezas integrales de un sistema que explotaba la asimetría de poder entre víctima y victimaria.

Pese a tratarse de un documental profesionalmente realizada (es una co-producción de la BBC después de todo) y que logra conmover gracias a los durísimos relatos de algunas de las mujeres abusadas por Weinstein (incluyendo una mujer ciega), Untouchable no alberga grandes revelaciones sobre el ex magnate del cine (otrora sheriff no solo de Hollywood y Manhattan, donde su empresa Miramax tenía sus oficinas centrales, sino también de Sundance durante los 90s), pero la potencia de la historia y la notoriedad de su ahora infame protagonista es suficiente para que el interés por la película no decaiga en ningún momento.

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