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“La frágil política y ayuda pública agravó los efectos de la pandemia”

Lamentó que son los más pobres quienes sufren con rigor las consecuencias de un sistema de salud que no es suficiente.

“La frágil presencia de políticas y ayudas públicas que favorezcan el cuidado y la defensa de la vida, ha agravado los efectos de la pandemia. Castigando a los grupos más vulnerables cuando crece el número de enfermos, que mueren agonizando por falta de recursos hospitalarios”.

RESPALDO. Monseñor mencionó que la Iglesia apoya iniciativas solidarias, a través de la Pastoral Social, con la que se busca responder en algo a la grave crisis sanitaria, económica, social y política que atraviesa el país.

“Ha levantado su voz profética junto con otras instituciones, para exigir que se avance con celeridad en el proceso de la vacunación y que se ofrezca una ayuda de emergencia digna, y por el tiempo necesario que será imprescindible para salvar vidas y dinamizar la economía”.

REFUGIO. El obispo de Caacupé invitó a mirar al Jesús resucitado, que no es otro que el crucificado, para que sane las heridas de una humanidad desolada. La Iglesia, afirmó, tiene presente a los enfermos, a los que han partido, y a las familias que lloran la muerte de sus seres queridos.

“Hoy pienso, sobre todo, en los que han sido afectados directamente por el coronavirus y pido para ellos, que el Señor de la vida los reciba en su reino a los difuntos. También consuelo y esperanza a los que aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas”, consignó monseñor Ricardo Valenzuela.

CORAJE EN PANDEMIA. Por su parte, el arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, mencionó durante su homilía en la Catedral Metropolitana: “La palabra Pascua aparece por primera vez en la noche de huida de los hebreos de Egipto. Recuerda el coraje de poner en peligro la vida zafándose de la prepotencia de quienes instrumentalizan la vida, pisoteando su dignidad”.

Indicó que la celebración pascual se realiza plenamente en la eucaristía, pan bajado del cielo que no solo perdona el pecado, sino que nos habilita a ser familia de Dios, hermanos entre nosotros para celebrar la vida con alegría y esperanza en medio de tantos sufrimientos acarreados por la pandemia que se vive. DB

La Iglesia tiene presentes a los enfermos, a los que han partido y a los que lloran la muerte de sus seres queridos. Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé.

Nos debemos decidir para que el Espíritu Santo transforme nuestros corazones de piedra en el de carne. Edmundo Valenzuela, arzobispo de Asunción.

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