Opinion

La diócesis de Albacete defiende a los temporeros migrantes confinados tras un brote de coronavirus

«Lo que no podemos hacer es taparnos los ojos y los oídos, obviar el problema, marginar, ignorarlos o callar, culpabilizar y ahora vociferar contra ellos, aumentando sus sufrimientos y seguir anulándoles como seres humanos…»

«Los migrantes no son causantes de nada, sino víctimas. Estaban en condiciones deplorables. Se tienen que cerrar los asentamientos y tomar cartas en el asunto»

«Se ha levantado un sentimiento de racismo y xenofobia muy violento». El delegado de Cáritas Albacete, José Antonio Abellán, ha lamentado la situación que se vive en los asentamientos de migrantes en Albacete, que en estos días han estado confinados al detectarse el contagio de una treintena de trabajadores del campo.

Los temporeros, que viven en condiciones precarias, se saltaron el confinamiento este fin de semana para manifestarse en la capital y denunciar esta situación. «No quiero justificar su actuación, pero creo que se han visto acorralados. Cuando se conoció la noticia del positivo, fueron la Policía y los medios de comunicación, y su forma de reaccionar fue salir a la calle», recalca en declaraciones a la Cope  Miguel Giménez Mioraga, recién director del Secretariado de Migraciones de la diócesis y que conoce de primera mano la realidad de este colectivo. 

Por su parte, Abellán -quien durante años fue delegado de Migraciones de la diócesis- sostiene la difícil situación que sufren las personas migrantes, a lo que se suma el olvido de una sociedad que solo los recuerda cuando salta algún problema. «Han vivido un éxodo peligroso, han sufrido y sufren trata, se abusa de ellos, la pobreza de los asentamientos es indignantes, pasan hambre, tienen miedo…».

Los migrantes son víctimas

«Los migrantes no son causantes de nada, sino víctimas. Estaban en condiciones deplorables. Se tienen que cerrar los asentamientos y tomar cartas en el asunto. Nosotros tenemos que explicar a la sociedad y a nuestros fieles que Dios es padre de amor y que tenemos que acoger, proteger e integrar. También podemos ser mediadores para que se trate dignamente tanto a los contagiados como a los que no lo están», señalan desde la diócesis, que pide alojamientos decentes para estas personas, frente a los crecientes brotes de racismo por el coronavirus. 

«A la mayoría los necesitamos… Pienso en la gente del campo, que los contrata, y se deben estar echando a temblar, pues ellos son los que recogen las patatas, las cebollas, las lechugas o los ajos porque los españoles no lo hacen. Son los que nos sacan las castañas del fuego, tanto a los cultivadores como a los consumidores», sostiene Giménez Mioraga.

Comunicado del Secretariado de Migraciones de Albacete

El mundo no fue creado con fronteras, las construyeron los hombres como defensa. Nos encanta ver y disfrutar la migración de animales que reposan en nuestros hábitats naturales, aunque no nos sucede lo mismo con los seres humanos

¿Nos suponen una amenaza?

El ser humano es libre y el mundo es su hogar, el espacio de disfrute de su libertad.

Cada frontera, alambrada, muro… no deja de ser un signo de la falta o ausencia de libertad.

Todo ser humano es un hijo de Dios y por ende, para cada miembro de la Iglesia no debería existir la palabra “emigrante”.

Pensemos por un momento por favor: Un emigrante o un inmigrante ¿es un causante o es una víctima o de cualquier tipo de crisis?

Sólo sé que son “seres humanos que injustamente sufren”. Las causas de  su sufrimiento son múltiples y muy variadas y también las consecuencias de su sufrimiento pueden ser múltiples y muy variadas.

Soportan éxodos peligrosos, trata de personas, abusos de todo tipo, pobreza extrema, extranjería, ilegalidad, sin techo, con hambre, sin sanidad, sin auxilio social básico y digno, con miedo, el fantasma psicológico de la repatriación, la vuelta al horror, a la guerra, al malvivir, al deshonor, a la muerte….

Existe la “Pastoral de las Migraciones” para sensibilizar a la propia Iglesia y al mundo. Para indicar que al igual que Dios es Padre de Amor por todas sus criaturas, la Iglesia es Madre de ternura hacia todo lo creado por Dios. Y así, es Madre de acogida, protección e integración.

Cualquier persona, programa u organismo, civil o eclesial, que palie tan enorme sufrimiento para cualquier ser humano que lo esté soportando y ayude a una posible solución e integración tiene todo reconocimiento y merece todo respeto, admiración y apoyo.

En Albacete se mezclan tres realidades: el Covid-19, cruel para todos; la deplorablemente e invisible realidad de los asentamientos ignorados hasta que no se desatan posibles consecuencias derivadas de tanto sufrimiento; y posiblemente la no aceptación de esta cruel realidad del fenómeno migratorio.

Indudablemente lo primero es discernir la situación. Desde ahí buscar posibilidad de soluciones personales, comunitarias y sociales pensando siempre en que todo ser humano no siga sufriendo el peso insoportable de la dura realidad de la que penden sus vidas.

¿Podemos hacer algo por descargar y buscar solución a la situación?

¿Podemos pedir y colaborar con otros organismos y con la administración pública a que se encaucen caminos de solución a corto y largo plazo?

Lo que no podemos hacer es taparnos los ojos y los oídos, obviar el problema, marginar, ignorarlos o callar, culpabilizar y ahora vociferar contra ellos, aumentando sus sufrimientos y seguir anulándoles como seres humanos…

Los hechos son consecuencia, desafortunada si, pero consecuencia de personas desesperadas.

Cultura del encuentro. Llamamiento a la concordia. Disponibilidad. Cercanía. Recepción. Atención. Oportunidades… Son palabras de las que tenemos que hacer uso y que ahora deben presidir el momento al que asistimos.

Nos unimos como Secretariado de Migraciones y como Iglesia de Albacete a la petición del Santo Padre, el Papa Francisco, a toda la Iglesia universal:

  • Ejercer la acogida
  • La denuncia profética de tal situación
  • Y la acción ante cualquier maltrato a los

Nadie puede vivir sin el horizonte y la esperanza de un futuro mejor, algo obvio y común a todo ser humano

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