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La ciudad rebelde

Nacida con el nombre impuesto de un siniestro dictador, bautizada con el salvaje rumor del río y la selva, la antigua Ciudad Stroessner fue capaz de atraer y encender las mejores esperanzas de miles de familias de las más diversas culturas. Sueño de ambición geopolítica edificada sobre la negra historia de los mensúes esclavos del yerbal, supo convertirse en un enclave estratégico, en medio del violento triángulo del Cono Sur latinoamericano.

Glorificada por sicarios y torturadores trasvestidos en héroes cívicos, en la nómina de sus pioneros fundadores hay delincuentes acusados de crímenes contra los derechos humanos y el patrimonio del Estado, pero detrás de su historia oficial hay otra historia de revueltas sociales y resistencias heroicas.

Quizás por eso, en sus calles conviven la estatua del dictador taiwanés Chiang Kai-shek con la del libertador Simón Bolívar y una arteria lleva por igual el nombre del represor general Patricio Colmán y el del guerrillero Agapito Valiente.

Nueva El Dorado entre los montes del Alto Paraná, centro neurálgico de la “Marcha hacia el Este”, oasis en medio del desierto verde que sedujo a caravanas de migrantes de todos los rincones del país y de diversas partes del mundo.

Planificada a escala humana y ambiental como la exuberante Ciudad Jardín, diseñada cual una Brasilia guaraní y subtropical, a poco de andar la hicieron Jardín de la corrupción, subastaron sus paseos y plazas para instalar precarias galerías y casillas de venta informal, transformándola en un gigantesco bazar persa, en una subdesarrollada ciudad-shopping.

La paradoja del destino hizo que el mismo dictador que le dio nombre sea derrocado del poder el día de su aniversario, un 3 de febrero. Sus hijos decidieron borrar aquel nombre y elegir una ubicación geográfica: Ciudad del Este.

Tras una larga lucha ciudadana, los esteños han logrado derrotar en las calles y en las urnas al clan político que la mantenía como rehén, pero sus tentáculos siguen impregnando a las instituciones.

Hoy la ciudadanía esteña libra otra batalla decisiva. Herida agónicamente en su dinámica economía fronteriza, busca no solamente sobreponerse a la devastadora pandemia del Covid-19, sino también a la marginación y el olvido de un Estado centralista.

Ante la condena de muerte económica y social disfrazada de protección sanitaria, Ciudad del Este se rebela y nos da nuevamente una lección de coraje cívico, de fuerza ciudadana movilizada.

Podemos condenar los actos vandálicos de una minoría, pero debemos reconocer y apoyar esa digna capacidad de plantarse ante la injusticia y los abusos del poder.

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