Opinion

José María Tojeira: «Perdonamos a los asesinos desde el primer momento y rezamos por ellos para que se arrepintieran, pero queremos justicia»

La UCA era tildada como nido de comunistas por el aparato militar. Tojeira explicó que a ella iba de todo, hasta hijos de militares y que el propio Ellacuria pensaba que había más estudiantes de derecha que de izquierda

Ellacuría acaba de regresar de Alemania, donde habló en el Bundestang,  y de España, donde le dieron un premio por su defensa de los Derechos Humanos

El día de su entrada al país, el ejército hizo un “cateo”, un allanamiento a la residencia  de los Jesuitas en la UCA

La noche de autos, con armas incautadas a la guerrilla, para despistar, los soldados hicieron una cruel carnicería: Los cuerpos de las víctimas estaban boca abajo tendidos en el suelo, con las cabezas destrozadas

El principal deponente en la sesión de este jueves del Juicio Jesuitas, como se le conoce coloquialmente ya en la Audiencia Nacional española, fue, en calidad de testigo, el P. José María Tojeira Pelayo, quien el día de autos, 15 de noviembre de 1989, desempeñaba el cargo de Provincial de los Jesuitas de los cincos países centroamericanos y Panamá, residente en la Curia Provincial, a 40 metros en línea recta de la residencia de los jesuitas asesinados por los militares, en la aciaga noche en que unos cuarenta militares la asaltaron y mataron a seis sacerdotes, cinco de ellos españoles, la cocina y su hija, destrozando a balazos sus cuerpos.

Ambas comunidades vivían separadas en domicilios físicos distintos. Escucharon el ruido de tiros de armas de distinto calibre, explosiones y ruido, pero creyeron que eran las habituales refriegas que en tiempos de la guerra civil solían ocurrir entre el ejército y la guerrilla. Al amanecer fueron informados de lo ocurrido.

Aunque los autores materiales del hecho dejaron una pintada para hacer creer que habían sido miembros de la guerrilla los del atentado a la UCA, hubo testigo que vio entrar y salir a los soldados. El P. Tojeira, Txema, llegó a los 22 años a Honduras de misionero y lleva medio siglo por toda Centroamérica, dijo, en El Salvador, además de Provincial, ha sido Rector de la UCA. Desde los años 70 a los Jesuitas gentes de derecha, terratenientes de los cafetales,  y los militares habían marcado como objetivo a eliminar al P. Ignacio Ellacuria, quien fue el impulsor de la idea de la Reforma Agraria en el país.

Ellacuría

Fue desgranando el P. Txema la evolución de la situación de los Jesuitas en El Salvador. Habían creado la primera Universidad privada del país, su campus alcanzaba 10 hectáreas de terreno con distintas escuelas y facultades, siete mil alumnos. Los militares, apoyados con gentes de ultraderecha, hicieron fuertes campaña contra ellos, animando a que se les diera muerte. La UCA era tildada como nido de comunistas por el aparato militar. Tojeira explicó que a ella iba de todo, hasta hijos de militares y que el propio Ellacuria pensaba que había más estudiantes de derecha que de izquierda.

En el proceso bélico que duró una década en El Salvador, Ellacuria siempre estuvo luchando por la paz, lo que le ocasionó discrepancias de militares y guerrilla, que apostaban por la fuerza, la violencia y el arrasamiento. El propio presidente de la República, Cristiani, le veía como un posible puente para negociar la paz y ayudar a resolver los problemas conflictivos del país. Ellacuria no se callaba, ni se casaba con nadie. Se enfrentaba a unos y otros cuan do perpetraban barbaries, matanzas, masacres, que las hubo por las dos partes.

Ellacuría acaba de regresar de Alemania, donde habló en el Bundestang,  y de España, donde le dieron un premio por su defensa de los Derechos Humanos. Desde Guatemala esperando conexión de vuelos, habló con Tojeira, éste le informó de que la situación en San Salvador se había agravado, que se quedará un tiempo allí. Ellacuria no le hizo caso, le preocupaba el problema de la sociedad salvadoreña.

El día de su entrada al país, el ejército hizo un “cateo”, un allanamiento a la residencia  de los Jesuitas en la UCA. Identificaron a todos, reconocieron las dependencias, sólo las de los curas. Todo hace presumir que fue un reconocimiento del terreno. Y asegurarse que entre ellos estaba Ellacuria.

Tojeira

La noche de autos, con armas incautadas a la guerrilla, para despistar, los soldados hicieron una cruel carnicería: Los cuerpos de las víctimas estaban boca abajo tendidos en el suelo, con las cabezas destrozadas. La cocinera y su hija estaban ametralladas abrazadas. Al amanecer fueron informados de lo sucedido, acudieron al lugar de los hechos. Informaron al Arzobispado, a la Nunciatura, a la Embajada de España. Con el arzobispo, obispo auxiliar y el Nuncio fueron a hablar con el presidente de la República.

Celebraron un funeral todos los Jesuitas de El Salvador por las víctimas y sus familiares, también por los asesinos, para que se arrepintieran por lo hecho. “Perdonamos a los asesinos desde el primer momento y rezamos por ellos para que se arrepintieran, pero queremos justicia, creemos que es indispensable que se conozca la verdad judicial y la verdad moral. Habíamos dado el perdón por anticipado».

 «Cuando una persona pide perdón, le decimos que sí, pero le animamos a que diga la verdad y a comprometerse con las responsabilidades como cristiano y ciudadano, a convertirse como testigo”. La doctrina vino en relación al teniente Mendoza que se arrepintió de haber allanado con los militares la casa de los jesuitas, pidió perdón y hoy es testigo de cargo de la acusación contra el único detenido en España, el coronel Montano.

Jesuitas Salvador

A renglón seguido el P. Txema se llevó a Lucía Cerna, la mujer de la limpieza única testigo ocular sobreviviente del atentado terrorista militar, con su marido e hija pequeña, a la Embajada española para que la protegieran, pues la orden a los soldados es que de la matanza no dejaran testigo alguno, los mataran. La Embajada no quiso ampararles. El P. Txema habló con el representante de Exteriores que envió el Gobierno a los funerales, éste ordenó al Embajador los protegiera, pero se los tiró de encima enseguida, se los pasó a la Embajada de Francia que tenía más seguridad, desde donde les llevaron a Estados Unidos en un avión francés que trajeron desde Belice. Allí cayeron en manos del FBI y la CIA, que estaban con el gobierno salvadoreño en la guerra contra la guerrilla.

Un culebrón que da para películas y novelas. Por ello, un salvadoreño, Jorge Portillo, escribió una novela, editada ya en varios países, en España por Planeta, y que tuvo que salir por piernas del país. Fue citado como testigo en el Juicio, pues para escribirla habló con personas directamente relacionadas con lo sucedido. Una de ellas el ex Presiden te de la República Cristiani, a quien grabó una hora de entrevista, que consta en la Causa.

En ella, testimonió el escritor, Cristiani dice que estuvo el día de autos hasta muy tarde en el Estado Mayor del Ejército y luego se fue a dormir, y que se enteró de la masacre desayunando, y que él no sabía nada del operativo de es anoche, creyendo que aquello no era sólo cosa de Benavides, sino de más arriba, de  otros coroneles y generales.

Jorge Portillo, escritor de la novela de los asesinatos de la UCA

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