Opinion

‘Jesus Saves’: los lobbies ultrarreligiosos, al asalto del Capitolio

Entre los detenidos, activistas religiosos y personas portando biblias y mensajes de Cristo junto a fusiles

«La transición pacífica del poder es uno de los sellos que caracterizan a esta gran nación. En este momento preocupante, debemos volver a comprometernos con los valores y principios de nuestra democracia y unirnos como una nación bajo Dios», afirma monseñor Gómez

El cardenal de Washington, Wilton Gregory, denunció «el tono divisorio que ha dominado recientemente nuestras conversaciones nacionales», y pidió que «aquellos que recurren a la retórica incendiaria deben aceptar alguna responsabilidad por incitar a la creciente violencia en nuestra nación»

Ha utilizado, hasta la saciedad, una visión de la Biblia y del cristianismo que fomenta el odio y el desencuentro. Ha contribuido a partir en dos la sociedad norteamericana. Y, de aquellos polvos, vinieron estos lodos. El escandaloso asalto al Capitolio de Estados Unidos en plena sesión que había de refrendar a Joe Biden como nuevo presidente, justo después del mítin de Donald Trump, en el mismo Washington, azuzando a las masas, ha vuelto a poner de manifiesto el impacto de una falsa visión del Evangelio en buena parte del pueblo de los Estados Unidos.

Y es que, junto a banderas nazis o confederadas, tipos disfrazados de trogloditas o con pieles, armados, entrando en la sede de la democracia americana, se pudieron ver muchas, demasiadas banderas e insignias con el famoso ‘Jesus Saves’ que los seguidores ultrarreligiosos han utilizado en muchas de sus concentraciones en apoyo a Trump.

Al más puro estilo HazteOir en España (la estrategia, comunicativa y de impacto mediático, es exactamente la misma), y después de que Viganò y Steve Bannon acusaran a Biden, y al Papa Francisco, de maniobrar en las sombras para acabar con el actual presidente de los Estados Unidos, muchos creyentes (en Estados Unidos los hay, y muy ‘comprometidos’, rollo ‘In God We Trust’) se lanzaron a las famosas escalinatas donde Martin Luther King pronunció su famoso ‘I have a dream’. Lo de ayer fue una pesadilla, y un ataque contra la democracia. En nombre de Dios. De su Dios, claro. 

No el de la mayoría, por fortuna. Poco después del toque de queda en Washington, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, José H. Gómez, quiso «condenar la violencia de hoy en el Capitolio de Estados Unidos. Esto no es lo que somos los estadounidenses».

El Capitolio, en llamas

«Oro por los miembros del Congreso, el personal del Capitolio, por la policía y todos los que trabajan para restaurar el orden y la seguridad pública», afirmó el arzobispo de Los Ángeles, quien señaló que «la transición pacífica del poder es uno de los sellos que caracterizan a esta gran nación».

«En este momento preocupante, debemos volver a comprometernos con los valores y principios de nuestra democracia y unirnos como una nación bajo Dios. Encomiendo a todos al corazón de la Santísima Virgen María, que ella nos guíe por los caminos de la paz y nos brinde la sabiduría y la gracia de un verdadero patriotismo y amor a la patria”, finalizó.

Del mismo modo, el cardenal Wilton Gregory, arzobispo de Washington, emitió una declaración en la que subrayó que «nuestro Capitolio es tierra sagrada y un lugar donde la gente en los últimos siglos se ha manifestado correctamente, representando una amplia variedad de opiniones».

«Los americanos debemos honrar el lugar donde las leyes y políticas de nuestra nación se debaten y deciden. Deberíamos sentirnos violados cuando el legado de libertad consagrado en ese edificio es irrespetado y profanado», lamentó.

«Rezo por la seguridad – de nuestros funcionarios electos, personal, trabajadores, manifestantes, personal de la ley y vecinos del Capitolio de los Estados Unidos. Hay lesiones y daños tremendos, incluyendo informes sobre la pérdida de vidas», incidió Gregory, quien añadió que «juntos, debemos pausar intencionalmente y rezar por la paz en este momento crítico».

Asalto al Capitolio

En una clara alusión a Trump, el nuevo cardenal norteamericano denunció «el tono divisorio que ha dominado recientemente nuestras conversaciones nacionales», y pidió que «aquellos que recurren a la retórica incendiaria deben aceptar alguna responsabilidad por incitar a la creciente violencia en nuestra nación».

«Estamos llamados a ser un pueblo de valores democráticos que respeta las opiniones de los demás, incluso cuando no estamos de acuerdo con ellas. Como personas de fe que buscan traer a nuestro Señor a este mundo por la forma en que vivimos, debemos reconocer la dignidad humana de aquellos con los que no estamos de acuerdo y tratar de trabajar con ellos para asegurar el bien común para todos», finalizó.

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