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Itatí despidió a su “Brochero Correntino”

Muchas palabras podrán definir la figura de Ascención Aranda, sacerdote, conocido como el Padre Chencho. Prueba de ello es que las homilías y discursos pronunciados en su despedida no abarcaron la descripción de su persona. Es que la riqueza de su vida pobre y entregada estará siempre relatada en el testimonio de los que lo conocimos y tratamos, y de aquellos que ojalá reciban en el futuro, el relato de vida de un hombre entregado por su pueblo… al que reconoció como su rebaño.

Su historia personal nos contará de un niño que sintió la vocación sacerdotal volcada en sus juegos, con Misas de juguete y ornamentos hechos con los vestidos de su madre… También sabremos de su entrada al Seminario que pronto tuvo que abandonar por razones de salud. Sueño aparentemente frustrado que no lo detuvo en el acompañamiento de su gente entre los que fue reconocido como líder, agente pastoral, campesino y emprendedor.

Pero aquel sueño no había muerto y a la edad en que lo normal es jubilarse, el anormal de Chencho fue ordenado Sacerdote, y ese fue el nuevo resorte para entregarse por los suyos. Su ministerio supo de celebraciones en las catedrales naturales de los patios correntinos, y de un Cura que no parecía tener reloj. Siempre que podía iba adonde lo necesitaran a la hora que sea. La bicicleta fue su mula, y aunque más adelante una avanzada disminución visual lo haría cambiar de medio, nunca renunció a estar donde lo llamen.

Sus mañanas domingueras en la Basílica fueron la puerta abierta a la gracia para escuchar y atender las confesiones en guaraní de los que por el idioma se sentían alejados. Supo poner humor a sus limitaciones físicas, y no se reservó la confidencia de que se sentía realizado y viviendo “de yapa” porque él sólo había pedido ser sacerdote al menos por un día en su vida.

Como el cura cordobés Chencho sintió que sus fuerzas físicas iban decayendo y esto fue el impulso para que las espirituales se afirmaran en la oración silenciosa, el consejo sabio, la Misa de memoria y la disponibilidad franca.

Así se fue… dejando la estela de un mensaje profundo que son muchos a la vez. Su velorio repartido entre su “rancho” y la Basílica, su entierro salpicado de Misas y Rosarios entremezclaron las lágrimas y las risas por su anecdotario. Nadie se animó a decirle “adiós” porque tal vez todos saben que cómplicemente él se ingeniará para seguir atendiendo a los suyos.

“Pastor con olor a ovejas” seguramente llega al Paraíso para ser reconocido como el servidor fiel que entra al gozo de su Señor, quien habrá que ver cómo hace para mandarlo a descansar…

 

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