Opinion

Francisco llega a Japón con un pedido de desarme nuclear rápido e integral

El pontífice llega este sábado a Tokio para iniciar la etapa más esperada de su gira asiática. Mañana pedirá en Hiroshima y en Nagasaki que se avance en un desarme nuclear mundial que podría liberar miles de millones de dólares para otros fines. La esperanza de encontrar al niño de la foto que conmovió al Papa

Jorge Bergoglio buscará hacer énfasis en la necesidad de un desmantelamiento nuclear que sea, a la vez, integral, consensuado, rápido e impostergable

Después de dejar Tailandia, el papa Francisco va camino de Tokio, donde llegará hoy a las 17.40 locales (9.40 de España) para iniciar una visita de tres días a Japón en la que el llamado a un desarme nuclear mundial desde las únicas dos ciudades que han sufrido ataques atómicos, Hiroshima y Nagasaki, será el punto de mayor atención.

Mientras los peligros de un recalentamiento de las tensiones entre los nueves países con arsenales nucleares (desde Israel a India pasando por Estados Unidos y Pakistán) aparece siempre a la vuelta de la esquina, el pontífice buscará dar el mensaje definitivo en pos de lograr un desarme a nivel mundial.

Jorge Bergoglio buscará hacer énfasis en la necesidad de un desmantelamiento nuclear que sea, a la vez, integral, consensuado, rápido e impostergable.

Fin de la carrera nuclear, bueno para la economía

En los días previos a su viaje, incluso leyó, con interés, las proyecciones sobre las enormes masas de recursos que se liberarían para otros fondos si los Estados ponen fin a la carrera nuclear que hace pender de un hilo a la humanidad. Los expertos ubican a 2019 como uno de los momentos de mayor posibilidad de apocalipsis nuclear desde 1953, en base en parte a la presencia de más de 9.000 armas nucleares listas para ser disparadas.

Más allá del enorme simbolismo de su visita a Hiroshima y Nagasaki, donde encontrará incluso a sobrevivientes de la matanza estadounidense, el contexto geopolítico no podía ser más especial, considerando las tensiones en aumento después de la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán, que ha reactivado su programa atómico. 

El tema nuclear no es nuevo para Francisco, que en noviembre de 2019 hizo un fuerte llamado a favor del desarme durante una conferencia en Vaticano:

«Basta pensar que las tecnologías nucleares se difunden ya también a través de las comunicaciones telemáticas y que los instrumentos de derecho internacional no han impedido que nuevos Estados se unieran al círculo de poseedores de armas atómicas. Se trata de escenarios angustiantes si se piensa en los desafíos de la geopolítica contemporánea como el terrorismo o los conflictos asimétricos», planteó entonces.

Apenas meses después, en enero de 2018, durante el vuelo a Santiago de Chile, el Papa repartió a los periodistas una impresionante fotografía tomada en Nagasaki después de la tragedia: un niño con el cadáver de su hermano pequeño en una mochila, espera su turno ante el crematorio, tomada por el fotógrafo Joe O’Donnell.

La imagen del niño de Nagasaki

O’Donnell murió en 2007, pero el pontífice saludará a su esposa e hijo. Sin embargo, continúa siendo un misterio quién es el niño de la foto, convertida también en Japón en un ícono de la barbarie nuclear.  

¿Quién es el niño de la foto?

En las últimas horas, sin embargo, la prensa local empezó a circular la hipótesis nuevamente sobre la posible identidad del niño. Masanori Muraoka, un católico de 85 años sobreviviente de los bombardeos en Nagasaki, declaró al diario Asahi que «cree» conocerlo.

Muraoka se encontraba en un lugar a unos 1,6 kilómetros del centro de la explosión del fatídico día de verano. Se refugió cerca de la colina de una escuela. Allí vio al niño. «Lo vi con un niño pequeño en la espalda, de la misma manera que el niño de la imagen», recordó Muraoka. «Cuando nuestros ojos se encontraron, él vino hacia mí», planteó.

Además, Tetsuo Ohara, de 72 años, quien editó el libro con la foto original, habló sobre la foto el 16 de noviembre en una conferencia en Fukuoka. «Ser testigo de escenas horriblemente crueles llevó a Joe (O’Donnell) a creer firmemente que la guerra nunca debería volver a ocurrir», dijo Ohara.

«Estoy seguro de que quería transmitir que (el bombardeo atómico de Nagasaki) nunca debería haber sucedido contra la humanidad». La foto, narró Ohara, fue donada a Nagasaki por la familia de O’Donnell.

Francisco, con jóvenes de Nagasaki

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