Opinion

Francisco, en el ‘lunes del ángel’: «Encontrar a Cristo significa descubrir la paz del corazón»

«La imagen del ángel sentado sobre la piedra del sepulcro es la manifestación concreta y visual de la victoria de Dios sobre el mal, de la victoria de Cristo sobre el príncipe de este mundo»

«La alegría de María es plena: Jesús vive, el Amor ha vencido. ¡Que sea también nuestra alegría!»

«Mi pensamiento va de un modo especial a los ancianos y a los enfermos, conectados desde sus propias casas o desde las residencias. A ellos envío una palabra de ánimo y reconocimiento por su testimonio. Me siento cercano a ellos»

«Las mujeres del Evangelio, tras su angustia inicial, experimentan una gran alegría al encontrar al Maestro vivo»

En el llamado ‘lunes del ángel’, el Papa Francisco reza el regina coeli en la biblioteca vaticana y, en su catequesis, invita a reaccionar ante la resurrección de Cristo no con miedo como los guardias de la tumba, sino como las mujeres con la “alegría de encontrar al Maestro vivo”. Porque “encontrar a Cristo significa descubrir la paz del corazón” y asociarnos a la alegría plena de María: “Jesús vive, el Amor ha vencido. ¡Que sea también nuestra alegría!” En los saludos, el Papa recuerda especialmente a los ancianos, a los que desea una «buena, serena y santa Pascua».

Texto completo de la catequesis papal

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El lunes después de la Pascua se llama también lunes del ángel, porque se recuerda el encuentro del ángel con las mujeres que habían acudido al sepulcro de Jesús (cf. Mt 28,1-15). El ángel les dice: «Sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado» (vv. 5-6). Esta expresión «Ha resucitado» está más allá de las capacidades humanas. Incluso las mujeres que fueron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío, no pudieron decir: «Ha resucitado», sino sólo que el sepulcro estaba vacío. Que Jesús había resucitado sólo podía decirlo un ángel, igual que un ángel pudo decir a María: «Darás a luz un hijo […] y será llamado Hijo del Altísimo» (Lc 1,31). (Lc 1,31).

El evangelista Mateo relata que en aquella madrugada de Pascua «hubo un gran terremoto. Porque un ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra y se sentó sobre ella» (v. 2). Esa gran piedra, que debería haber sido el sello de la victoria sobre el mal y la muerte, fue colocada bajo los pies, se convirtió en el escabel del ángel del Señor. Todos los planes y defensas de los enemigos y perseguidores de Jesús fueron en vano.

La imagen del ángel sentado sobre la piedra del sepulcro es la manifestación concreta y visual de la victoria de Dios sobre el mal, de la victoria de Cristo sobre el príncipe de este mundo, de la luz sobre las tinieblas. La tumba de Jesús no fue descubierta por un fenómeno físico, sino por la intervención del Señor. El aspecto del ángel, añade Mateo, «era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve» (v. 3). Estos detalles son símbolos que afirman la intervención de Dios mismo, portador de una nueva era, de los últimos tiempos de la historia.

Ante esta intervención de Dios hay una doble reacción. La de los guardias, que no pueden hacer frente al poder abrumador de Dios y son sacudidos por un terremoto interior: quedaron aturdidos (cf. v. 4). El poder de la Resurrección derriba a los que habían sido utilizados para asegurar la aparente victoria de la muerte. La reacción de las mujeres es muy diferente, porque ellas son invitadas expresamente por el ángel del Señor a no temer: «¡No tengáis miedo!» (v. 5) y a no tener miedo del Señor. (v. 5) y no buscar a Jesús en la tumba.

De las palabras del ángel se desprende una preciosa enseñanza: no nos cansemos nunca de buscar a Cristo resucitado, que da vida en abundancia a quienes lo encuentran. Encontrar a Cristo significa descubrir la paz del corazón. Las mujeres del Evangelio, tras su angustia inicial, experimentan una gran alegría al encontrar al Maestro vivo (vv. 8-9).

En este tiempo de Pascua, deseo a todos la misma experiencia espiritual, acogiendo en su corazón, en su casa y en su familia el alegre anuncio de la Pascua: «Cristo resucitado ya no muere, la muerte ya no tiene poder sobre él» (Antífona a la Comunión).

Esta certeza nos lleva a rezar, hoy y durante todo el tiempo de Pascua: «Regina Caeli, laetare – Reina del Cielo, alégrate». El ángel Gabriel la saludó así la primera vez: «¡Alégrate, llena de gracia!». (Lc 1,28). Ahora la alegría de María es plena: Jesús vive, el Amor ha vencido. ¡Que sea también nuestra alegría!

Saludos después del regina coeli

En el clima pascual que caracteriza el día de hoy, saludo con afecto a todos los que participáis en este momento de oración a través de los medios de comunicación social.

Mi pensamiento va de un modo especial a los ancianos y a los enfermos, conectados desde sus propias casas o desde las residencias. A ellos envío una palabra de ánimo y reconocimiento por su testimonio. Me siento cercano a ellos.

Sed testigos de la alegría y de la paz del Señor resucitado.

Buena, serena y santa Pascua a todos.

Por una Iglesia mejor informada

Comentar con tu cuenta de Facebook

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *