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Ética del cuidado y coronavirus

Este es un momento en que hay muchísimas noticias: la caída del precio del petróleo, el desplome de las Bolsas de Valores del mundo y, sobre todo, la aparición del coronavirus. Este último tema ocupa casi todos los espacios en los medios de comunicación y en las redes sociales, existiendo una verdadera avalancha de información médica y económica sobre el mismo. Todos nos hemos vuelto entendidos en temas epidemiológicos, conociendo cómo se propaga el virus y todos nos hemos vuelto entendidos en temas económicos para comprender sus efectos en la Bolsa de Valores y en la vida común de la gente.

Cuando tenía que escribir este artículo me encontré con el dilema que mencionaba Bernardo Neri Fariña; habiendo tanta información sobre este tema me resistía a repetir lo que ya mucha gente había escrito. Buscando un enfoque diferente vino a mi mente el libro Homo Deus, de Yuval Harari, donde analiza el futuro de la humanidad a la luz de los grandes avances en la ciencia y en la tecnología.

Con base en ese análisis Harari pronostica un futuro donde nuestro teléfono celular conocerá más de nosotros que nosotros mismos, donde la inteligencia artificial reemplazará el trabajo de millones de personas, entre ellos, el de los médicos, y donde será posible, gracias a la ciencia, que el ser humano pueda vivir cientos de años.

Qué contraste de ese hombre todo poderoso… ¡casi dios! con la situación que estamos viviendo en este momento con la aparición del coronavirus, que desnuda la enorme vulnerabilidad del ser humano y los límites de la ciencia.

Tenemos que recordar que la modernidad que hoy vivimos comenzó en el siglo XVIII basado en dos pilares: los derechos del individuo por encima de la sociedad y del Estado y la razón por encima de la fe y del dogma religioso. Esto hizo que en esta modernidad apareciera primero la ética productivista, es decir que el sentido de la vida de muchos individuos sea producir cada vez más, sea crecer permanentemente y sea enriquecerse sin límites.

Luego apareció la ética consumista, donde el sentido de la vida de mucha gente es comprar, desechar y volver a comprar; donde una persona es lo que tiene, y es admirada por la sociedad si tiene un auto último modelo, si tiene ropas de marca y si realiza viajes a lugares lejanos y exóticos.

El prototipo de una persona exitosa en este siglo XXI es aquella que produce y produce para enriquecerse permanentemente, y, consume y consume para tener estatus, en muchos casos con total indiferencia hacia lo que ocurre en su comunidad.

La aparición del coronavirus es una cachetada en la cara para este tipo de personas; le demuestra su vulnerabilidad y su dependencia de los demás y le demuestra el poco valor que tienen sus riquezas y la enorme importancia que tiene el vivir en una sociedad armónica y próspera en su conjunto. Como dice el filósofo colombiano Bernardo Toro, tenemos que reemplazar esa ética productivista y consumista por la ética del cuidado.

El mundo no tiene futuro si continuamos produciendo y consumiendo en forma irresponsable, y sin cuidar el planeta. Tenemos que seguir produciendo pero con ecoeficiencia.

La convivencia humana, con cerca de 8 mil millones de personas en su mayoría viviendo hacinadas en grandes ciudades, no será posible si no nos cuidamos a nosotros mismos y si no cuidamos al otro con quien convivimos. Si el otro vive en la pobreza lo que tendremos es violencia y delincuencia; si el otro vive en la enfermedad lo que tendremos serán pestes que exterminarán a mucha gente.

Esta crisis del Coronavirus y estas dos semanas en que muchas personas estarán recluidas, tenemos que aprovecharlas para reflexionar sobre estos temas que son fundamentales para una buena y sana convivencia en sociedad y para el desarrollo en democracia de nuestro país.

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