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Escocia, el rey del whisky y el salmón

Impacta por sus paisajes, leyendas; historias de príncipes, princesas, héroes medievales, y el legado científico y cultural a la humanidad. Su clima frío en casi todo el año contrasta con la calidez de su gente, y no detiene a los millones de turistas que a diario recorren sus tierras altas (highlands) y bajas (lowlands).

El clima bipolar de Escocia: nieve, vientos helados, lluvia y sol en un lapso de 10 min, no es un obstáculo para recorrer esta tierra portentosa, cuna de mentes brillantes que dejaron legados invaluables a las ciencias, el arte, la cultura y los deportes.

Edimburgo, la capital del país, es excitante. Sus calles te transportan de la época moderna al medioevo en segundos. Allí siguen incólumes sus castillos, casas y monumentos de piedra de antes del siglo XV, inclusive. Las calles angostas y sus museos cuentan historias escalofriantes de reinas y científicos. Por ejemplo, la historia de la reina María Estuardo, quien murió ahorcada luego de 20 años de encierro, y la del doctor Robert Know, quien traficaba cadáveres para sus estudios científicos en la universidad.

Glasgow, la ciudad más poblada, tampoco se queda atrás con sus sitios históricos y museos.

El lago Ness

El principal atractivo en las tierras altas (highlands) es el lago Ness, convertido en leyenda por “Nessie”, un monstruo que supuestamente vive en sus profundidades. Una escultura de un plesiosaurus cerca del lago es la única especie rara en el área. En una de sus costas se encuentra el emblemático castillo Urquhart, construido hace unos 700 años.

Portree es otra ciudad muy visitada en la Isla de Skye. Para llegar a ella, se cruzan ríos, lagos y se recorren tierras escarpadas en las que se pueden ver ciervos rojos (red deer) en peligro de extinción. Hay lugares en los que, también, se pueden avistar delfines y focas.

Industria del whisky y el salmón

Los pilares de la economía escocesa son varios, pero los conocidos a nivel mundial son el whisky y el salmón, que le generan divisas anuales por más de 7000 millones de euros. Sus ingresos importantes también provienen del petróleo, turismo; cría de ovejas, caballos y vacas, que son únicos. Los caballos enanos (ponis) y Clydesdale, que tienen patas llenas de pelos como si fueran botas. Las vacas negras o pelirrojas tienen los cuernos enormes y apenas pueden ver por la melena que les cubre los ojos.

Las ovejas permiten la producción de lanas de la más alta calidad. Se usan en la fabricación de hilos, alfombras, tejidos, mantas, prendas de vestir, etc. La originaria de las tierras altas es la blackface sheep. Uno de los platos típicos es a base de carne ovina mezclada con vísceras y especias llamada haggis. Es parecido al famoso batiburrillo de Misiones.

Para los apasionados de los tragos, las destilerías de whiskys y cervezas ofrecen visitas guiadas con degustaciones incluidas. A lo largo y ancho de las highlands existen más de 100 destilerías que producen las más afamadas marcas mundiales de whiskys. Algunas botellas superan los 7000 euros.

William Wallace

La puerta de ingreso a las tierras altas escocesas es Inverness, ciudad cortada en dos por el río Ness, pero unida a través de cinco puentes. En su parte más alta se erige un castillo del año 1800, que hoy es la sede de la Corte. Su torre permite una imponente vista de la ciudad, que alberga a unos 60.000 habitantes. En la mayoría de las tiendas se venden las faldas escocesas (kilts), que los habitantes usan solo en días especiales.

Sus calles limpias y bien cuidadas, sin marañas de cables de electricidad, fibra óptica o telefonía básica, le permiten al turista admirar sus edificaciones antiguas.

Cada rincón de Escocia tiene su historia, su leyenda. La más popular y famosa es la del soldado William Wallace, quien luchó en 1700 contra la dominación inglesa del rey Eduardo I. Fue ahorcado y descuartizado por traición a la Corona. Su fama comenzó cuando venció al Ejército inglés en la batalla de Stirling. Justamente en una de las colinas cerca de la ciudad le erigieron un monumento en 1800. Para los escoceses, Wallace es un héroe nacional, a quien lo llaman “Corazón Valiente”. Mel Gibson encarnó al guerrero medieval en un filme que lleva ese nombre, justamente.

Las carreteras bien cuidadas, sin peajes (se paga una tasa anual por tipos de vehículos), permiten apreciar la imponente belleza de sus montañas, valles, ríos, lagos y mares.

Cuna del golf

Es normal ver bajo la tenue llovizna grupos de personas jugando al golf, deporte creado en esas tierras. Tiene los torneos más prestigiosos. Precisamente, los escoceses no solo legaron este deporte exclusivo, sino también descubrimientos científicos que hoy revolucionan el mundo de las telecomunicaciones, la aviación, la televisión, la fotografía, las huellas dactilares y la medicina, como Alexander Graham Bell, John Logia Baird, Henry Fauld, James Clerk Maxwell y Alexander Fleming. El primer mamífero clonado fue en este país (la oveja Dolly).

La herencia en el arte, la cultura y la música es otra gran riqueza. Escocia tiene una galería interminable de famosos escritores, pintores, actores de cine y músicos. El escritor Walter Scott (1771) tiene su monumento en el centro de Edimburgo.

Se cree que tantos descubrimientos se debieron al cambio de su sistema educativo elitista. En 1560, el Parlamento prohibió los cultos religiosos católicos, instaló la Iglesia presbiteriana y obligó a que las iglesias operasen como escuelas. En pocos años, Escocia fue el más culto del continente con una tasa de analfabetismo muy baja, según la historia.

Pero también creen en los milagros. Existe una colina denominada Clootie Well, en la villa Munclochy, en la que la gente deja trapos atados a las ramas de los árboles para pedir la curación de los seres queridos.

slopez@abc.com.py.

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