Opinion

El Papa, triste: «Mi pensamiento se dirige a Estambul. Pienso en Santa Sofía y siento mucho dolor»

Da las gracias a «los muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que han estado con los enfermos en este período de pandemia por lo que habéis hecho y estáis haciendo»

«La parábola del sembrador es un poco la ‘madre’ de todas las parábolas, porque habla de la escucha de la Palabra»

«Aconsejo, una vez más, que lleven siempre con ustedes un pequeño evangelio en el bolsillo o en el bolso y lean cada día un pedacito»

«La semilla que cae en este terreno fértil representa a aquellos que escuchan la Palabra, la acogen, la guardan en el corazón y la ponen en práctica en la vida de cada día»

«El mar me lleva lejos. Mi pensamiento se dirige a Estambul. Pienso en Santa Sofía y siento mucho dolor». (Largo silencio, preñado de tristeza). Son las palabras del Papa Francisco para los que estos días le acusaron de guardar silencio ante la decisión de Erdigan de convertir en mezquita la emblemática basílica de Santa Sofía. El Papa también recordó a la gente del mar, en el día de su jornada, asi como a toda la gente de Iglesia que acompañaron a los enfermos «en este tiempo de pandemia». Por último, invito a llevar siempre en el bolsillo o en el bolso unos Evangelios y «leer un pedacito cada día».

Las palabras del Papa en la oración del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En el Evangelio de este domingo (cfr Mt 13,1-23) Jesús cuenta a una gran multitud la parábola del sembrador, que lanza la semilla en cuatro tipos diferentes de terreno. La Palabra de Dios, representada por las semillas, no es una Palabra abstracta, sino que es Cristo mismo, el Verbo del Padre que se ha encarnado en el vientre de María. Por lo tanto, acoger la Palabra de Dios quiere decir acoger la persona de Cristo.

Hay distintas maneras de recibir la Palabra de Dios. Podemos hacerlo como un camino, donde en seguida vienen los pájaros y se comen las semillas. Es la distracción, un gran peligro de nuestro tiempo. Acosados por tantos chismorreos, por tantas ideologías, por las continuas posibilidades de distraerse dentro y fuera de casa, se puede perder el gusto del silencio, del recogimiento, del diálogo con el Señor, tanto como para arriesgar perder la fe.

Sembrador


O podemos acoger la Palabra de Dios como un pedregal, con poca tierra. Allí la semilla brota en seguida, pero también se seca pronto, porque no consigue echar raíces en profundidad. Es la imagen del entusiasmo momentáneo pero que permanece superficial, no asimila la Palabra de Dios. Y así, ante la primera dificultad, un sufrimiento, una turbación de la vida, esa fe todavía débil se disuelve, como se seca la semilla que cae en medio de las piedras.

Podemos, también, acoger la Palabra de Dios como un terreno donde crecen arbustos espinosos. Y las espinas son el engaño de la riqueza, del éxito, de las preocupaciones mundanas… Ahí la Palabra se ahoga y no trae fruto.

Finalmente, podemos acogerla como el terreno bueno. Aquí, y solamente aquí la semilla arraiga y da fruto. La semilla que cae en este terreno fértil representa a aquellos que escuchan la Palabra, la acogen, la guardan en el corazón y la ponen en práctica en la vida de cada día.

La parábola del sembrador es un poco la “madre” de todas las parábolas, porque habla de la escucha de la Palabra. Nos recuerda que la Palabra de Dios es una semilla que en sí misma es fecunda y eficaz; y Dios la esparce por todos lados con generosidad, sin importar el desperdicio. ¡Así es el corazón de Dios! Cada uno de nosotros es un terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra, ¡sin excluir a nadie! Podemos preguntarnos: ¿qué tipo de terreno soy? ¿Me parezco al camino, al pedregal, al arbusto? Pero, si queremos, podemos convertirnos en terreno bueno, labrado y cultivado con cuidado, para hacer madurar la semilla de la Palabra. Está ya presente en nuestro corazón, pero hacerla fructificar depende de nosotros, depende de la acogida que reservamos a esta semilla. A menudo estamos distraídos por demasiados intereses, por demasiados reclamos, y es difícil distinguir, entre tantas voces y tantas palabras, la del Señor, la única que hace libre. Por eso, es importante a escuchar y a leer la Palabra de Dios. Aconsejo, una vez más, lleven siempre con ustedes un pequeño evangelio en el bolsillo o en el bolso y lean cada día un pedacito.

La Virgen María, modelo perfecto de tierra buena y fértil, nos ayude, con su oración, a convertirnos en terreno disponible sin espinas ni piedras, para que podamos llevar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos.

sembrador

Saludo después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

en este segundo domingo de julio es el Día Internacional del Mar. Quiero enviar saludos cariñosos a todos los que trabajan en el mar, especialmente a los que están lejos de sus seres queridos y de su país. Saludo a todos los que se han reunido esta mañana en el puerto de Civitavecchia-Tarquinia para la celebración eucarística.

El mar me lleva lejos. Mi pensamiento se dirige a Estambul. Pienso en Santa Sofía y sientomucho dolor. (Largo silencio).

Saludo a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos de varios países, especialmente a las familias del Movimiento de los Focolares. Saludo con gratitud a los representantes de la Pastoral de la Salud de la Diócesis de Roma, pensando en los muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que han estado con los enfermos en este período de pandemia. Gracias por lo que habéis hecho y estáis haciendo.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no te olvides de rezar por mí. Que tengas un buen almuerzo y adiós.

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