Opinion

El Papa pide a los dirigentes políticos «que no pierdan el sentir de la gente que quiere la paz y sabe bien que las armas nunca la traen»

«Mis ovejas – dice – escuchan mi voz; yo las conozco y ellas  me siguen» (v. 27). Escuchar, conocer, seguir. Veamos estos tres verbos

Hoy  estamos abrumados por las palabras y por la prisa de tener que decir o hacer algo siempre. ¡Cuánto cuesta  escucharse!

el Señor,  mientras “nos lee dentro”, nos quiere

¿Pienso en Él todavía como un Dios  distante y lejano, indiferente con mis asuntos, o lo conozco como mi buen pastor, que me conoce y me  ama?  

“El Señor sabe llorar con quien llora, tiende la mano al prójimo, se lo carga sobre los hombros”

Como suele ser habitual en su magisterio, el Papa Francisco centra su catequesis del Regina Coeli en tres verbos: “Escuchar, conocer, seguir”. Tras constatar que “abrumados por las palabras y por la prisa” cuesta mucho escucharse, asegura que Cristo “mientras ‘nos lee dentro’, nos quiere”, nos escucha y nos conoce. De tal forma que “sabe llorar con quien llora, tiende la mano al prójimo, se lo carga sobre los hombros” y, por lo tanto, no podemos seguir pensando en Él como “ un Dios  distante y lejano, indiferente con mis asuntos, sino como “mi buen pastor, que me conoce y me  ama”.

En los saludos después del regina coeli, el Papa rezó por las víctimas de la explosión del hotel de La Habana y, especialmente, por las de la guerra en Ucrania. El Papa «a la Virgen santa presento especialmente los sufrimientos y las lágrimas del pueblo ucraniano» e instó a los responsables que no pierdan el sentir de la gente que quiere la paz y sabe bien que las armas nunca la traen».

Ucrania


Las palabras del Papa en la oración del Regina Caeli 

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!  

El Evangelio de la Liturgia de hoy nos habla del vínculo que hay entre el Señor y cada uno de  nosotros (cfr Jn 10,27-30). Para hacerlo, Jesús utiliza una imagen tierna y hermosa, la del pastor que está  con las ovejas. Y la explica con tres verbos: «Mis ovejas – dice – escuchan mi voz; yo las conozco y ellas  me siguen» (v. 27). Escuchar, conocer, seguir. Veamos estos tres verbos.  

En primer lugar las ovejas escucha la voz del pastor. La iniciativa viene siempre del Señor; todo  parte de su gracia: es Él que nos llama a la comunión con Él. Pero esta comunión nace si nosotros nos  abrimos a la escucha. Escucha significa disponibilidad, docilidad, tiempo dedicado al diálogo. Hoy  estamos abrumados por las palabras y por la prisa de tener que decir o hacer algo siempre. Incluso cuando hablan dos personas, una corta a la otra cuando todavía está hablando ¡Cuánto cuesta  escucharse hasta el final, dejando que el otro se exprese! ¡En la familia, en la escuela, en el trabajo, incluso en la Iglesia! Pero para el Señor sobre todo  es necesario escuchar. Él es la Palabra del Padre y el cristiano es hijo de la escucha, llamado a vivir con la  Palabra de Dios y llevada de la mano. Preguntémonos si somos hijos de la escucha, si encontramos  tiempo para la Palabra de Dios, si damos espacio y atención a los hermanos y a las hermanas. Si sabemos escuchar, sin cortar al que habla. Quien  escucha a los otros escucha también al Señor, y viceversa. Y experimenta una cosa muy bonita, es decir  que el Señor mismo escucha: nos escucha cuando le rezamos, cuando confiamos en Él, cuando le  invocamos.  

Escuchar a Jesús se convierte así en el camino para descubrir que Él nos conoce. Este es el  segundo verbo, que se refiere al buen pastor: Él conoce a sus ovejas. Pero esto no significa solo que sabe  muchas cosas sobre nosotros: conocer en sentido bíblico quiere decir amar. Quiere decir que el Señor,  mientras “nos lee dentro”, nos quiere. No nos condena. Si le escuchamos, descubrimos esto, que el Señor nos ama.  Entonces la relación con Él ya no será impersonal, fría o de fachada. Jesús busca una cálida amistad, una  confidencia, una intimidad.

Audiencia

Quiere donarnos un conocimiento nuevo y maravilloso: el de sabernos  siempre amados por Él y por tanto nunca dejados solos a nosotros mismos. Estando con el buen pastor se  vive la experiencia de la que habla el Salmo: «Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré,  porque tú vas conmigo» (Sal 23,4). Sobre todo en los sufrimientos, en las fatigas, en las crisis: Él nos  sostiene atravesándolas con nosotros. Y así, precisamente en las situaciones difíciles, podemos descubrir  ser conocidos y amados por el Señor. Preguntémonos entonces: ¿yo me dejo conocer por el Señor? ¿Le  hago espacio en mi vida, le llevo eso que vivo? Y, después de muchas veces en las que he experimentado  su cercanía, su compasión, su ternura, ¿qué idea tengo de Él? ¿Pienso en Él todavía como un Dios  distante y lejano, indiferente con mis asuntos, o lo conozco como mi buen pastor, que me conoce y me  ama?  

Finalmente, el tercer verbo: las ovejas que escuchan y se descubren conocidas siguen a su pastor.  Y quien sigue a Cristo, ¿qué hace? Va donde está Él, en el mismo camino, en la misma dirección. Va a  buscar a quien está perdido (cfr Lc 15,4), se interesa por quien está lejos, se toma en serio las situaciones  de quien sufre, sabe llorar con quien llora, tiende la mano al prójimo, se lo carga sobre los hombros. ¿Y  yo? ¿Me dejo solo amar por Jesús o paso del amarlo al imitarlo? La Virgen Santa nos ayude a escuchar a  Cristo, a conocerlo cada vez más y a seguirlo en el camino del servicio. 

Emergencia Ucrania

Saludos tras el regina coeli

Ayer, en San Ramón, fue beatificada Aguchita, asesinada por odio a la fe en 1990. Heróica misionera, testimoniando el evangelio de la justicia y de la paz. Un aplauso a la nueva beata.

Ho se celebra la jornada mundial de oración por las vocaciones..Setirse todos en cuanto bautizados llamados a seguir a Jesús…Mi enhorabuena a los nuevos presbíteros de la diócesis de Roma.

En esta hora, muchos fieles, se agrupan en torno a la Virgen de Pompeya…Arrodillado ante la Virgen, le confío el ardiente deseo de paz de tantas naciones que, en varias partes del mundo, sufren la insensata herida de la guerra. A la Virgen santa presento especialmente los sufrimientos y las lágrimas del pueblo ucraniano. Ante la locura de la guerra sigamos rezando todos los días el rosario por la paz.

Y rezemos por los responsables de las naciones, para que no pierdan el sentir de la gente que quiere la paz y sabe bien que las armas nunca la traen.

Recemos tb por las víctimas de un aexplosión en un hotel de La Habana.

Ucrania

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