Opinion

El Papa espera que el “alto al fuego mundial e inmediato” se aplique “con eficacia y prontitud por el bien de las muchas personas que están sufriendo”

«Que esta resolución del Consejo de Seguridad se convierta en un valiente primer paso hacia un futuro pacífico»

«El «descanso» que Cristo ofrece a los cansados y oprimidos no es un alivio solamente psicológico o una limosna donada, sino la alegría de los pobres de ser evangelizados y constructores de la nueva humanidad»

En el ángelus del domingo, el Papa Francisco saludó como «encomiable» la resolución de la ONU, que pide un alto al fuego «mundial e inmediato» para atajar las consecuencias del Covid-19. El Papa espera que dicho alto al fuego se aplique “con eficacia y prontitud por el bien de las muchas personas que están sufriendo”. En el texto transmitido a los periodistas, pero no pronunciado en directo, Bergoglio aludió, asimismo, a la delicada situación de HOng Kong y pidió «“coraje, humildad, no violencia y respeto por la dignidad y los derechos de todos”, asi como respeto efectivo de la «libertad religiosa»

Las palabras del Papa en la oración del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El pasaje evangélico de este domingo (cfr Mt 11, 25-30) está dividido en tres partes: primero Jesús alza un himno de bendición y de agradecimiento al Padre, porque ha revelado a los pobres y a los sencillos los misterios del Reino de los cielos; después desvela la relación íntima y singular que hay entre Él y el Padre; y finalmente invita a acudir a Él y a seguirlo para encontrar alivio.

El primer lugar, Jesús alaba al Padre, porque ha ocultado los secretos de su Reino «a sabios e inteligentes» (v. 25). Los llama así con un velo de ironía, porque presume que lo son y por tanto tienen el corazón cerrado. La vervadera sabiduría no es sólo entender ideas, sino entrar en el corazón. Si tienes el corazón cerrado, no eres savio. Jesús dice que los misterios de su Padre han sido revelados a los «pequeños», a los que se abren con confianza a su Palabra de salvación, sienten la necesidad de Él y esperan todo de Él.

Ángelus

Después, Jesús explica que ha recibido todo del Padre. Lo llama «mi Padre», para afirmar la unicidad de su relación con Él. De hecho, solo entre el Hijo y el Padre hay total reciprocidad: el uno conoce al otro, el uno vive en el otro. Pero esta comunión única es como una flor que brota, para revelar gratuitamente su belleza y su bondad. Y de aquí la invitación de Jesús: «Venid a mí…» (v. 28). Él quiere donar lo que toma del Padre. La verdad de Jesús siempre es gratuita: es el Espíritu Santo.

Como el Padre tiene una preferencia por los «pequeños», también Jesús se dirige a los «fatigados y sobrecargados». Es más, se pone él mismo en medio de ellos, porque Él es el «manso y humilde de corazón» (v. 29). Como en la primera y en la tercera bienaventuranza, la de los humildes o pobres de espíritu; y la de los mansos (cfr Mt 5, 3-5). Jesús vive todo esto en la plena entrega al Padre, y de Él saca su enseñanza, que llama «yugo» como se solía llamar al de la Ley y los diferentes maestros. Pero Él promete un yugo “suave y ligero” (v. 30), por dos motivos: porque proviene de Dios Padre, y porque Él mismo está bajo el mismo yugo, para llevarlo junto a nosotros. Así Jesús, «manso y humilde», no es un modelo para los resignados ni simplemente una víctima, sino que es el Hombre que vive «de corazón» esta condición en plena trasparencia al amor del Padre, es decir al Espíritu Santo. Él es el modelo de los «pobres de espíritu» y de todos los otros “bienaventurados” del Evangelio, que cumplen la voluntad de Dios y testimonian su Reino.

El «descanso» que Cristo ofrece a los cansados y oprimidos no es un alivio solamente psicológico o una limosna donada, sino la alegría de los pobres de ser evangelizados y constructores de la nueva humanidad. Este es el descanso: la alegría única que nos da Jesús. Es un mensaje para todos los hombres de buena voluntad, que Jesús dirige todavía hoy en un mundo que exalta a quien se hace rico y poderoso, sin importar con qué medios, y a veces pisando a la persona humana y su dignidad. Y esto es algo que vemos todos los días: los pobres pisoteados. Y es un mensaje para la Iglesia, llamada a vivir las obras de misericordia y a evangelizar a los pobres, ser sencillos y humildes.

María, la más humilde y la más alta entre las criaturas, implore a Dios para nosotros la sabiduría del corazón, para que sepamos discernir sus signos en nuestra vida y ser partícipes de esos misterios que, ocultos a los soberbios, son revelados a los humildes.

Ángelus

Palabras del Papa después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Esta semana el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó una resolución en el que se establecen algunas medidas para hacer frente a las consecuencias devastadoras del virus Covid-19, en particular para las zonas ya afectadas por conflictos. Es encomiable el llamamiento a un alto al fuego mundial e inmediato, que permitiría la paz y la seguridad indispensables para prestar la asistencia humanitaria que se necesita con tanta urgencia. Espero que esta decisión se aplique con eficacia y prontitud por el bien de las muchas personas que están sufriendo. Que esta resolución del Consejo de Seguridad se convierta en un valiente primer paso hacia un futuro pacífico.

Saludo cordialmente a todos ustedes, romanos y peregrinos de varios países. Saludo en particular a los polacos y bendigo la gran peregrinación de la familia de Radio María al Santuario de Częstochowa, que tendrá lugar el próximo sábado, en el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, con el lema «Todo se lo he confiado a María».

 Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no te olvides de rezar por mí. ¡Que tengas un buen almuerzo y adiós!

Llamamiento no pronunciado en directo

En los últimos tiempos he seguido con especial atención y no sin preocupación la evolución de la compleja situación de Hong Kong, y quisiera ante todo expresar mi más sincero pésame a todos los habitantes de ese territorio. En el contexto actual, las cuestiones que se abordan son indudablemente delicadas y afectan a la vida de todos, por lo que es comprensible que haya una marcada sensibilidad hacia ellas. Por lo tanto, espero que todos los implicados puedan tratar los diversos problemas con un espíritu de sabiduría previsora y de diálogo genuino. Esto requiere coraje, humildad, no violencia y respeto por la dignidad y los derechos de todos. También hago un voto de que la vida social, y especialmente la vida religiosa, debe expresarse con plena y verdadera libertad, como prevén diversos documentos internacionales. Con mi constante oración acompaño a toda la comunidad católica y a las personas de buena voluntad de Hong Kong, para que juntos construyan una sociedad próspera y armoniosa.

Ángelus

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