Opinion

El Papa denuncia que “se escucha más a las multinacionales que a los movimientos sociales y a las farmacéuticas que a los sanitarios”

El principio de subsidiariedad “tiene un doble dinamismo: de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba”

“Cada uno debe tener la posibilidad de asumir la propia responsabilidad en los procesos de sanación de la sociedad de la que forma parte”

Francisco denuncia “ciertas actividades extractivas en algunas zonas del planeta” que no tienen en cuenta las culturas de los pueblos indígenas

Invita a construir un futuro “donde quien tiene más se comprometa a servir y dar más a quien tiene menos”

“O salimos juntos o no saldremos de la crisis. Salir de la crisis significa cambiar”

Pide a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que «libre y alivie a los cubanos en estos momentos de dificultad que atraviesan a causa de la pandemia»

Para salir de la crisis y “salir mejores”, el Papa Francisco apuesta por el principio de la subsidiariedad, que tiene en cuenta a cada persona en la salida de la pandemia. Eso significa, entre otras cosas que no se puede seguir escuchando “más a las multinacionales que a los movimientos sociales y a las compañías farmacéuticas que a los sanitarios”. Sobre todo, si queremos construir un futuro “donde quien tiene más se comprometa a servir y dar más a quien tiene menos”. “O salimos todos juntos o no saldremos”, pero salgamos cambiando y “no intentemos reconstruir el pasado, especialmente el que era injusto y ya estaba enfermo”

Catequesis del Papa (Traducción no oficial)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Para salir mejores de una crisis como la actual, que es una crisis sanitaria y al mismo tiempo social, política y económica, cada uno de nosotros está llamado a asumir su parte de responsabilidad. Tenemos que responder no solo como individuos, sino también a partir de nuestro grupo de pertenencia, del rol que tenemos en la sociedad, de nuestros principios y, si somos creyentes, de la fe en Dios. Pero a menudo muchas personas no pueden participar en la reconstrucción del bien común porque son marginadas, excluidas o ignoradas; ciertos grupos sociales no logran contribuir porque están ahogados económica o políticamente. En algunas sociedades, muchas personas no son libres de expresar la propia fe y los propios valores. Y si las expresas, van a la cárcel. En otros lugares, especialmente en el mundo occidental, muchos auto-reprimen las propias convicciones éticas o religiosas. Pero así no se puede salir de la crisis, o en cualquier caso no se puede salir mejores. Saldremos peores.

Flores para el Papa

Para que todos podamos participar en el cuidado y la regeneración de nuestros pueblos, es justo que cada uno tenga los recursos adecuados para hacerlo (cfr Compendio de la doctrina social de la Iglesia [CDSC], 186). Después de la gran depresión económica de 1929, el Papa Pío XI explicó lo importante que era para una verdadera reconstrucción el principio de subsidiariedad (cfr Enc. Quadragesimo anno, 79-80). Tal principio tiene un doble dinamismo: de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Des un principio social que nos une más.

Por un lado, y sobre todo en tiempos de cambio, cuando los individuos, las familias, las pequeñas asociaciones o las comunidades locales no son capaces de alcanzar los objetivos primarios, entonces es justo que intervengan los niveles más altos del cuerpo social, como el Estado, para proveer los recursos necesarios e ir adelante. Por ejemplo, debido al confinamiento por el coronavirus, muchas personas, familias y actividades económicas se han encontrado y todavía se encuentran en grave dificultad, por eso las instituciones públicas tratan de ayudar con intervenciones apropiadas.

Pero por otro lado, los vértices de la sociedad deben respetar y promover los niveles intermedios o menores. De hecho, la contribución de los individuos, de las familias, de las asociaciones, de las empresas, de todos los cuerpos intermedios y también de las Iglesias es decisiva. Estos, con los propios recursos culturales, religiosos, económicos o de participación cívica, revitalizan y refuerzan el cuerpo social (cfr CDSC, 185). Del Estado al pueblo y del pueblo hacia el Estado: ejercicio del principio de subsidiariedad.

Audiencia del Papa

Cada uno debe tener la posibilidad de asumir la propia responsabilidad en los procesos de sanación de la sociedad de la que forma parte. Cuando se activa algún proyecto que se refiere directamente o indirectamente a determinados grupos sociales, éstos no pueden ser dejados fuera de la participación; su sabiduría no puede dejar de lado (cfr Exort. ap. postsin Querida Amazonia [QA], 32; Enc. Laudato si’, 63). Lamentablemente, esta injusticia se verifica a menudo allí donde se concentran grandes intereses económicos o geopolíticos, como por ejemplo ciertas actividades extractivas en algunas zonas del planeta (cfr QA, 9.14). Las voces de los pueblos indígenas, sus culturas y visiones del mundo no se toman en consideración. Hoy, esta falta de respeto del principio de subsidiariedad se ha difundido como un virus. Pensemos en las grandes medidas de ayudas financieras realizadas por los Estados. Se escucha más a las grandes compañías financieras que a la gente o aquellos que mueven la economía real.

Se escucha más a las compañías multinacionales que a los movimientos sociales. Hablando en plata, se escucha más a los poderosos que a los débiles. Y éste no es el camino humano ni el que nos enseñó Jesús. Así no permitimos a las [1] personas que sean «protagonistas del propio rescate». En el subconsciente colectivo de algunos políticos actúa esto: todo por el pueblo; nada con el pueblo. De arriba abajo, ero sin escuchar la sabiduría del pueblo. O pensemos también en la forma de curar el virus: se escucha más a las grandes compañías farmacéuticas que a los trabajadores sanitarios, comprometidos en primera línea en los hospitales o en los campos de refugiados. Este no es el buen camino. Hay que escuchar a todos.

Para salir mejores de una crisis, el principio de subsidiariedad debe ser realizado, respetando la autonomía y la capacidad de iniciativa de todos, especialmente de los últimos. Todas las partes de un cuerpo son necesarias y, como dice San Pablo, esas partes que podrían parecer más débiles y menos importantes, en realidad son las más necesarias (cfr 1 Cor 12, 22). A la luz de esta imagen, podemos decir que el principio de subsidiariedad permite a cada uno asumir el propio rol para el cuidado y el destino de la sociedad. Realizarlo da esperanza en un futuro más sano y justo; y este futuro lo construimos juntos, aspirando a las cosas más grandes, ampliando nuestros horizontes e ideales.O salimos juntos o no saldremos de la crisis. Salir de la crisis significa cambiar. Y todos juntos, en comunidad. 2]

Papa y misioneros

En una catequesis precedente hemos visto cómo la solidaridad es el camino para salir de la crisis: nos une y nos permite encontrar propuestas sólidas para un mundo más sano. Pero este camino de solidaridad necesita la subsidiariedad. De hecho, no hay verdadera solidaridad sin participación social, sin la contribución de los cuerpos intermedios: de las familias, de las asociaciones, de las cooperativas, de las pequeñas empresas, de las expresiones de la sociedad civil. Tal participación ayuda a prevenir y corregir ciertos aspectos negativos de la globalización y de la acción de los Estados, como sucede también en el cuidado de la gente afectada por la pandemia. Estas contribuciones “desde abajo” deben ser incentivadas. Qué bonito es ver el trabajo de los voluntarios en la crisis. Voluntarios que proceden de todas las partes sociales. Todos juntos para salir. Esto es solidaridad y subsidiariedad.

Durante el confinamiento nació de forma espontánea el gesto del aplauso para los médicos y enfermos como signo de aliento y de esperanza. Muchos arriesgaron la vida. Extendamos este aplauso a cada miembro del cuerpo social, por su valiosa contribución, por pequeña que sea. Aplaudamos a los ancianos, a los niños, las personas con discapacidad, los trabajadores, todos aquellos que se ponen al servicio. ¡Pero no nos detengamos solo en el aplauso! La esperanza es audaz, así que animémonos a soñar en grande, buscando los ideales de justicia y de amor social que nacen de la esperanza. No intentemos reconstruir el pasado, especialmente el que era injusto y ya estaba enfermo. Construyamos un futuro donde la dimensión local y la global se enriquecen mutuamente, donde la belleza y la riqueza de los grupos menores pueda florecer, y donde quien tiene más se comprometa a servir y dar más a quien tiene menos. Gracias.

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[1] Mensaje para la 106.ma Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2020 (13 de mayo de 2020).

[2] Cfr Discurso a los jóvenes del Centro Cultural Padre Félix Varela, La Habana – Cuba, 20 de septiembre de 2015.

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San Dámaso

Saludo del Papa en español

Queridos hermanos y hermanas: La crisis actual no es sólo sanitaria sino también social, política y económica. Para salir de ella todos estamos llamados, individual y colectivamente, a asumir nuestra propia responsabilidad. Pero constatamos, sin embargo, que hay personas y grupos sociales que no pueden participar en esta reconstrucción del bien común, porque son marginados, excluidos, ignorados, y muchos de ellos sin libertad para expresar su fe y sus valores.

La Palabra de Dios que hemos escuchado nos recuerda cómo todas las partes del cuerpo, sin excepción, son necesarias. A la luz de esta imagen, vemos también cómo la subsidiariedad es indispensable, porque promueve una participación social, a todo nivel, que ayuda a prevenir y corregir los aspectos negativos de la globalización y de la acción de los gobiernos.

Por eso, el camino para salir de esta crisis es la solidaridad, que necesita ir acompañada de la subsidiariedad, que es el principio que favorece que cada uno ejercite el papel que le corresponde en la tarea de cuidar y preparar el futuro de la sociedad, en el proceso de regeneración de los pueblos a los que pertenece. Nadie puede quedarse fuera. La injusticia provocada por intereses económicos o geopolíticos tiene que terminar, y dar paso a una participación equitativa y respetuosa.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. En estos días se han cumplido cinco años de mi viaje apostólico a Cuba. Saludo a mis hermanos Obispos y a todos los hijos e hijas de esa amada tierra. Les aseguro mi cercanía y mi oración. Pido al Señor, por intercesión de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, que los libre y alivie en estos momentos de dificultad que atraviesan a causa de la pandemia. Y a todos, que el Señor nos conceda construir juntos, como familia humana, un futuro de esperanza, en el que la dimensión local y la global se enriquezcan mutuamente, florezca la belleza y se construya un presente de justicia donde todos se comprometan a servir y a compartir. Que Dios los bendiga a todos.

El Papa escucha a una mujer

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