Opinion

El Papa denuncia el trabajo infantil como “forma de esclavitud y encarcelamiento que provoca sufrimiento físico y psicológico”

«Los niños son el futuro de la familia humana: depende de todos nosotros fomentar su crecimiento, su salud y su serenidad»

«Jacob – diríamos con el lenguaje moderno – es un hombre que «se hizo a sí mismo», con su ingenio y astucia es capaz de conquistar todo lo que quiere»

«Una vez le oí decir a un anciano pecador y buen cristiano, que tenía mucha fe en Dios y decía: ‘Dios me ayudará, nunca me dejará sólo. Entraré en el paraíso, cojeando, pero entraré'»

«A ese Jacob herido, Dios lo bendijo y le dio un nombre nuevo, haciéndole entrar en su tierra con el corazón renovado. Quien antes era “impermeable” a la gracia y a la misericordia a causa de su presunción, Dios lo salvó de su extravío y lo miró con ternura»

Con motivo de la celebración, el día 12 de junio, del Día Mundial contra la Explotación del Trabajo Infantil, el Papa Francisco denuncia la explotación de los más pequeños como una «forma de esclavitud y encarcelamiento que provoca sufrimiento físico y psicológico” y pide a las autoridades internacionales que “hagan todo lo posible por proteger a los menores”. Porque, «los niños son el futuro de la familia humana». En su catequesis sobre la oración, abordó el caso de Jabo, el astuto, que luchó con Dios, hasta que, herido, le renueva el corazón, porque «al que antes era ‘impermeable’ a la gracia y a la misericordia a causa de su presunción, Dios lo salvó de su extravío y lo miró con ternura».

Lectura de la ‘oración de Jacob’ (Gen 32,25-30)

Catequesis del Papa (Traducción propia)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuemos nuestra catequesis sobre el tema de la oración. El Libro del Génesis, a través de la historias de hombres y mujeres de tiempos lejanos, nos cuenta historias en las que podemos reflejar nuestras vidas. En el ciclo de los patriarcas, también encontramos el de un hombre que había hecho de la astucia su mejor talento: Jacob. La historia bíblica nos cuenta la difícil relación que Jacob tuvo con su hermano Esaú. Desde una edad temprana, hubo rivalidad entre ellos, y nunca se superará más tarde. Jacob es el segundo hijo de dos gemelos, pero mediante el engaño logra arrebatar a su padre Isaac la bendición y el don de la primogenitura (cf. Gn 25, 19-34). Es sólo el primero de una larga serie de trucos de los que es capaz este hombre sin escrúpulos. Incluso su nombre, Jacob significa la astucia.

Papa, en la audiencia

Obligado a huir lejos de su hermano, parece tener éxito en todas las empresas de su vida. Es hábil en los negocios: se hace muy rico, convirtiéndose en el dueño de un enorme rebaño. Con tenacidad y paciencia consigue casarse con la más bella de las hijas de Lábano, de la que estaba verdaderamente enamorado.

Jacob – diríamos con el lenguaje moderno – es un hombre que «se hizo a sí mismo», con su ingenio y astucia es capaz de conquistar todo lo que quiere. Pero le falta algo: la relación viva con sus propias raíces.

Un día escuchó la llamada del hogar, de su antigua patria, Esaú, el hermano con el que siempre había estado en malos términos, todavía estaba vivo. Jacob se fue e hizo un largo viaje con una caravana de personas y animales, hasta que llegó a la última parada, en el arroyo Jabokk. Aquí el Libro del Génesis nos ofrece una página memorable (cf. 32:23-33). Nos dice que el patriarca, después de hacer cruzar el arroyo a toda su gente y ganado, se queda solo en la orilla extranjera. Y piensa: ¿qué le espera para el día siguiente? ¿Qué actitud adoptará su hermano Esaú, al que había robado su primogenitura? La mente de Jacob es un torbellino de pensamientos… Y cuando oscurece, de repente un extraño lo agarra y comienza a pelear con él. El Catecismo explica: «La tradición espiritual de la Iglesia ha visto en este relato el símbolo de la oración como la batalla de la fe y la victoria de la perseverancia» (CIC, 2573).

Jacob luchó durante toda la noche, sin soltar nunca el agarre de su oponente. Al final fue ganado, golpeado por su rival en el nervio ciático, y a partir de entonces quedaría lisiado de por vida. Ese misterioso luchador le pregunta al patriarca su nombre y le dice: «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y los hombres y has ganado». (v. 29). Le cambia el nombre, la vida y la actitud. Entonces Jacob también le pregunta al otro: «Dime tu nombre”. No se lo revela, pero a cambio lo bendice. Y Jacobo se da cuenta de que ha encontrado a Dios «cara a cara» (cf. vv. 30-31).

La lucha de Jacob

Luchando con Dios: una metáfora de la oración. En otras ocasiones Jacob se había mostrado capaz de dialogar con Dios, de sentirlo como una presencia amistosa y cercana. Pero esa noche, a través de una lucha que duró mucho tiempo y que lo vio casi sucumbir, el patriarca salió cambiado. Por una vez que ya no es el amo de la situación, ya no es el hombre estratega y calculador; Dios le devuelve a su verdad como un mortal que tiembla y tiene miedo. Por una vez, Jacob no tiene nada más que presentar a Dios que su fragilidad e impotencia. Y es este Jacob quien recibe la bendición de Dios, con la que entra en la tierra prometida con una cojera: vulnerable, y vulnerado, pero con un nuevo corazón.

Una vez le oí decir a un anciano pecador y buen cristiano, que tenía mucha fe en Dios y decía: ‘Dios me ayudará, nunca me dejará sólo. Entraré en el paraíso, cojeando, pero entraré’.

Antes de ser un hombre seguro, confiaba en su astucia. Era un hombre impermeable a la gracia, refractario a la misericordia. No la conocía. Pero Dios salvó lo que se había perdido. Le hizo entender que era limitado y pecador y que necesitaba misericordia. Y lo salvó.

Todos tenemos una cita en la noche con Dios. En las numerosas noches de nuestra vida: momentos oscuros, de pecado. Allí hay una cita con Dios. Nos sorprenderá cuando no lo esperemos, cuando nos encontremos verdaderamente solos. Esa misma noche, luchando contra lo desconocido, nos daremos cuenta de que sólo somos pobrecillos. Pero, en ese momento, no tendremos que temer: porque en ese mismo momento Dios nos dará un nuevo nombre, que contiene el significado de toda nuestra vida; y nos dará la bendición reservada a aquellos que se han dejado cambiar por Él. Nos cambiará el corazón. Una bella invitación a dejarnos cambiar por Dios. Él sabe como hacerlo. Señor, tú me conoces, cámbiame.

Jacob e Isaac

Saludo del Papa en español

Queridos hermanos y hermanas: Seguimos la catequesis sobre la oración, y lo hacemos con la historia del patriarca Jacob, un hombre que había hecho de la astucia su mejor arma. Estuvo enfrentado siempre con su hermano Esaú y consiguió con sutilezas la bendición de su padre que pertenecía al primogénito. Fue esta la primera de una larga serie de argucias, que harán de él un hombre rico, que se hizo a sí mismo con tenacidad y paciencia.

Pero un día sintió el deseo de volver a casa, y se puso en camino. Al llegar a la última etapa de ese viaje de regreso hizo pasar a toda su familia y a su ganado el torrente que delimitaba las tierras de su hermano. Era de noche, estaba solo, y un torbellino de pensamientos lo envolvía. En ese momento se produjo su encuentro con Dios, que es descrito como una lucha con un desconocido en medio de la oscuridad; es símbolo del combate de la fe y de la victoria de la perseverancia.

En esa pelea Jacob no se mostró como el hombre calculador y el fino estratega que había vencido a todos con su astucia. A pesar de su esfuerzo, aquel ser desconocido le hirió en el muslo y lo dejó cojo, mostrándole así su verdadera condición de fragilidad y vulnerabilidad. Pero, al mismo tiempo, ese combate le manifestó la forma de “luchar” con Dios. A ese Jacob herido, Dios lo bendijo y le dio un nombre nuevo, haciéndole entrar en su tierra con el corazón renovado. Quien antes era “impermeable” a la gracia y a la misericordia a causa de su presunción, Dios lo salvó de su extravío y lo miró con ternura.

Isaac y Jacob

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española, que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación social. Pidamos al Señor que nos dé la fortaleza para dejarnos sorprender por su misericordia, para aceptar nuestra fragilidad sin temor, sabiendo que, aunque sea de noche y estemos solos, combatiendo contra lo desconocido, Dios puede dar sentido a toda nuestra vida y regalarnos la bendición que reserva a quien se deja trasformar por Él. Que el Señor los bendiga.

Llamamiento del Santo Padre

El próximo viernes 12 de junio celebramos el Día Mundial contra la Explotación del Trabajo Infantil, un fenómeno que priva a los niños y niñas de su infancia y pone en peligro su desarrollo integral. En la actual situación de emergencia sanitaria, en varios países muchos niños y jóvenes se ven obligados a realizar trabajos inadecuados para su edad, a fin de ayudar a sus familias en condiciones de extrema pobreza. En muchos casos se trata de formas de esclavitud y encarcelamiento que provocan sufrimiento físico y psicológico.

Hago un llamamiento a las instituciones para que hagan todo lo posible por proteger a los menores, llenando las lagunas económicas y sociales que subyacen a la distorsionada dinámica en la que, lamentablemente, se ven envueltos. Los niños son el futuro de la familia humana: depende de todos nosotros fomentar su crecimiento, su salud y su serenidad.

Día mundial contra el trabajo infantil

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