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El Papa asegura que se «toma con humor» las acusaciones de hereje

Al cabo de seis años de pontificado, el Papa Francisco desborda a la vez realismo y optimismo. En una entrevista de una hora y cuarenta minutos con la decana de los vaticanistas, Valentina Alazraki -corresponsal de Televisa y vigorosa ponente en la cumbre mundial contra el abuso de menores-, el Santo Padre afronta todos los temas en tono coloquial y sencillo.

En tono muy familiar, Francisco reconoce que «el mundo sin la mujer no funciona. No porque es la que trae los hijos, dejemos la procreación de lado… Una casa sin la mujer no funciona», y añade una gran verdad: «Hay una palabra que está por caerse del diccionario, porque todo el mundo le tiene miedo: ternura. Es patrimonio de la mujer».

A lo largo de una conversación afectuosa, divulgada por el Vaticano este martes, Francisco reconoce que «también el Papa pasa por crisis» pero se manifiesta optimista pues «creo que la Iglesia está cambiando; el hecho mismo de los conatos de reforma que estamos haciendo, que se hacen, que no es mérito mío… Eso fue pedido por todos los cardenales al próximo Papa que iba a ser elegido».

Entre el pueblo de Dios hay quizá más santos y santas que nunca pero, en cambio, «lo que sí está en crisis son modalidades de la Iglesia que tienen que caer. Seamos conscientes. El Estado de la Ciudad del Vaticano como forma de gobierno, la Curia, lo que sea, es la última corte europea de una monarquía absoluta. (…) Todavía acá hay estructuras de corte que es lo que tiene que caer».«Errores siempre hay. Me confieso cada quince días; o sea, señal que cometo errores»

Y cita, como ejemplo de un aspecto superado, «el Palacio de Castel Gandolfo, que viene de un emperador romano, y que hoy ya no es palacio pontificio. Hoy es museo; todo es museo. El próximo Papa si quiere ir a veranear ahí, que tiene derecho –hay dos palacios-, puede ir a uno de ellos, que está cuidado. Pero eso es un museo. Un Papa tiene que tomar vacaciones, ¡por supuesto! Pero el esquema de corte es lo que tiene que desaparecer. Y esto lo pidieron todos los cardenales. Bueno, la mayoría, gracias a Dios».

Francisco reconoce que, como toda persona que toma decisiones, ha cometido errores, como «los errores de Chile por ejemplo. Algunos errores de juicio en alguna decisión que después tuve que corregir. He tenido varios. Algunos que no se conocen gracias a Dios, si no me hubieran sacado el cuero» (la piel a tiras), comenta entre risas.

Valentina Alazraki muestra interés y le dice «Nos puede contar, tenemos tiempo…» pero el Papa prefiere no entrar en detalles: «Errores siempre hay. Me confieso cada quince días; o sea, señal que cometo errores». Lo que no acepta, en cambio, son los burdos ataques de los ultraconservadores que le tachan de hereje en un reciente manifiesto abierto a la recogida de firmas. Se lo toma, según confiesa «con sentido del humor, hija». Añade que no se enfada, y«además rezo por ellos porque están equivocados, y manipulados algunos. Vi quienes eran los que firmaban… No, en serio: sentido del humor y yo diría ternura, ternura paternal. Es decir, no me hiere para nada. A mí me hiere la hipocresía, la mentira; eso me hiere. Pero una equivocación así, donde incluso hay gente a la que le llenaron la cabeza… No, ¡por favor! Hay que cuidarlos también, hay que cuidarlos…».

En cambio, le ayudan las críticas de la prensa pues «si critican bien, bendito sea Dios. Si critican mal, salgo a decírselo como aclaré ciertas cosas. Porque el rol de la prensa no es solo criticar es construir, construir. A veces a través de la crítica; a veces a través de desarrollar una cosa buena, elogiar una toma de decisión buena. A veces, llamando la atención sobre una cosa, sin criticar, pero ‘cuidado con esto’. La prensa debe construir».«El mundo sin la mujer no funciona. No porque sea la que trae los hijos, si no porque la ternura es patrimonio de la mujer»

Con toda naturalidad añade que «también soy consciente de una cosa de ustedes (los periodistas): que no siempre son libres.Lamentablemente, muchos para vivir dependen de una línea editorial, y no siempre pueden decir todo lo que quisieran decir o lo que sienten».

Aunque no es un secreto, Francisco revela que «lo más bonito para mí siempre es estar con la gente, qué ‘querés’ que te diga… Yo revivo cuando voy a la plaza, cuando voy a una parroquia, a las cárceles… Estar con la gente. Sí, soy Papa, soy obispo. Fui cardenal… esto puede caer todo. Pero, por favor, ¡que no me saquen ser cura!».

Sabe muy bien que le critican por salir continuamente en busca de los alejados, pero eso «¡Es un piropo (halago) para mí! Eso es un piropo. Es lo que hacía Jesús, que lo acusaban de eso. Y Jesús dice: ‘médico necesitan los enfermos, no los sanos’. A Jesús lo acusaban continuamente: ‘este va con los pecadores, come con los pecadores, se junta con los zurdos’ (izquierdistas)… Jesús iba siempre a buscar a los que estaban alejados. Ir a buscar… salir. Eso es clave. No lo hago siempre, y me acuso. A veces me encuentro en pecado por eso, por no haber cuidado eso. Pero creo que es mi deber y debo hacerlo».

De la primera cumbre de presidentes de conferencias episcopales de todo el mundo, celebrada el pasado mes de febrero para hacer frente a los abusos sexuales de menores, «me quedó un sentimiento de comunión eclesial muy grande. El Papa con los obispos. Después me quedó la seriedad con que tomaron esto. Si no el primer día, algunos el segundo. Cuando se dieron cuenta de que las ‘papas’ (patatas) quemaban. Una cosa seria, fue muy seria, muy bien llevada».

El Santo Padre nota que el sentido de responsabilidad ante ese problema aumenta, pero le duele que se hayan cometido errores y que la prensa haya tratado como culpables a simples acusados.

Refiriéndose a los «Romanones» de Granada, aborda el «juicio mediático a esos curas en España. El daño que ha hecho la prensa española ahí. No la prensa española, un grupito de prensa española. Y fueron declarados inocentes. ¿Quién rescata a esos hombres ahora? Uno ya pidió la reducción al estado laical porque quedó destruido psicológicamente. Yo ahí ataco los prejuicios, el juicio mediático, con fuerza. La opinión no; la opinión abierta, no. Nos ayuda a todos».

En distintos pasajes de la larga entrevista, Francisco reitera su oposición a los muros como el de Trump en la frontera con México y su dolor por las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla,repitiendo que «quien construye muros termina prisionero de los muros que construye».

En el terreno internacional, afirma que las relaciones con China «son muy buenas, muy buenas. Con este acuerdo (del pasado mes de septiembre) el otro día me visitaron dos obispos chinos, uno que venía de la Iglesia oculta y otro que venía de la Iglesia nacional. Ya reconocidos como hermanos, vinieron acá a visitarnos. Es un buen paso ese. Ellos saben que tienen que ser buenos patriotas y cuidar a la grey católica».

Por otra parte, «con China hay un intercambio cultural impresionante. Tenemos abierto el Pabellón del Vaticano ahí (en la Expo de Pekín), y además ellos aceptan sacerdotes católicos que son especialistas en alguna materia como profesores de la universidad de ellos. O sea que en la parte cultural, hay muy buen trato, muy buen trato. En este momento estamos bien».

El Papa no menciona la exposición de obras de arte de los Museos Vaticanos inaugurada precisamente el martes en el Museo del Palacio de la «Ciudad Prohibida» de Pekín. Otro paso más en el preámbulo a la reapertura de relaciones diplomáticas con China.

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