Opinion

El Papa advierte de que «la murmuración es una peste peor que el covid»

“La corrección fraterna es ir al hermano con discreción, no para juzgarlo, sino para ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho”

«El diablo es el padre de la mentira que intenta romper la Iglesia»

«Si la corrección no funciona, silencio y oración, pero nunca murmuración»

«Que la Virgen María nos ayude a hacer de la corrección fraterna un hábito saludable»

¿Cómo casar la protección de la comunión con el respeto a la conciencia individual? Según el Papa Francisco, con la “pedagogía de la recuperación” en tre pasos: Ayudar al hermano en solitario, con dos testigos, con el apoyo de la comunidad y, en última instancia, poniéndolo en manos de Dios. Y si la corrección no funciona, «silencio y oración, pero nunca murmuración». Porque, según el Papa, «la murmuración es una peste peor que el covid» y, por eso, «el diablo es el gran murmurador, que siempre va diciendo cosas feas de los demás» y quiere «romper la unidad de la Iglesia».

Las palabras del Papa en la oración del Ángelus (traducción no oficial)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (cf. Mt 18, 15-20) está tomado del cuarto discurso de Jesús en el relato de Mateo, conocido como discurso «comunitario» o «eclesial». El pasaje de hoy habla de la corrección fraterna, y nos invita a reflexionar sobre la doble dimensión de la existencia cristiana: aquélla comunitaria, que exige la protección de la comunión y de la unidad de la Iglesia, y aquélla personal, que requiere la atención y el respeto de cada conciencia individual.

Para corregir al hermano que se ha equivocado, Jesús sugiere una pedagogía de recuperación, articulada en tres pasajes. Siempre intenta recuperar y salvar. Primero dice: «Repréndelo entre tú y él solo» (v. 15), es decir, no pongas su pecado delante de todos. Se trata de ir al hermano con discreción, no para juzgarlo, sino para ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho.

Murmuración

Al principio nos enfadamos, pero después, damos las gracias, porque es un gesto de fraternidad y de recuperación.

No es fácil poner en práctica esta enseñanza de Jesús, por varias razones. Existe el temor de que el hermano o la hermana reaccione mal; a veces no hay suficiente confianza con él o ella… Y otras razones.

Sin embargo, puede suceder que, a pesar de mis buenas intenciones, la primera intervención fracase. En este caso es una buena idea no desistir (me lavo las manos, no, esto no es cristianos), sino recurrir al apoyo de algún otro hermano o hermana. Jesús dice:» Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos» (v. 16).

Este es un precepto de la Ley de Moisés (cf. Dt 19,15). Aunque parezca contra el acusado, en realidad servía para protegerlo de falsos acusadores. Pero Jesús va más allá: los dos testigos son pedidos no para acusar y juzgar, sino para ayudar. De hecho, Jesús considera que este enfoque con testigos también puede fracasar, a diferencia de la Ley de Moisés, para la cual el testimonio de dos o tres era suficiente para la condena.

De hecho, incluso el amor de dos o tres hermanos puede ser insuficiente. En este caso, añade Jesús, “díselo a la comunidad» (v. 17), es decir, a la Iglesia. En algunas situaciones toda la comunidad está involucrada. Hay cosas que no pueden dejar indiferentes a los otros hermanos: se necesita un amor mayor para recuperar al hermano. Pero, a veces, incluso esto puede no ser suficiente. Jesús dice: «Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el pagano y el publicano» (ibid.). Esta expresión, aparentemente tan despectiva, en realidad nos invita a poner a nuestro hermano de nuevo en las manos de Dios: sólo el Padre podrá mostrar un amor más grande que el de todos los hermanos juntos.

Diablo

Esta enseñanza de Jesús nos ayuda tanto. Cuando vemos una equivocación en un hermano o hermana, frecuentemente murmuramos sobre él. Y las murmuraciones cierran el corazón de la comunidad y la unidad de la Iglesia. El diablo es el gran murmurador, que siempre va diciendo cosas feas de los demás. Él es el padre de la mentira que intenta romper la Iglesia. Hagamos un esfuerzo para no murmurar. La murmuración es una peste peor que el covid. Hagamos un esfuerzo. Nada de murmuraciones.

Es el amor de Jesús, que acogió a publicanos y paganos, escandalizando a las personas rígidas de la época. Por lo tanto, no se trata de una condena sin apelación, sino del reconocimiento de que a veces nuestros intentos humanos pueden fracasar, y que sólo estando solo ante Dios puede poner a nuestro hermano ante su propia conciencia y la responsabilidad de sus actos.

Si la corrección no funciona, silencio y oración, pero nunca murmuración.

Que la Virgen María nos ayude a hacer de la corrección fraterna un hábito saludable, para que en nuestras comunidades se puedan establecer siempre nuevas relaciones fraternas, basadas en el perdón mutuo y, sobre todo, en la fuerza invencible de la misericordia de Dios.

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