Opinion

El Congreso aprueba este martes la primera ley de eutanasia en España

La norma requerirá un consentimiento informado, por el que será el paciente el que, en pleno uso de sus facultades y de forma libre, el que pueda solicitarla, y habrá dos médicos independientes y una comisión de control y evaluación. El paciente podrá echarse atrás en cualquier momento, y se recoge la objeción de conciencia

Para la Iglesia existe una serie de “eufemismos ideológicos y semánticos” y la presentación de los autodenominados como “defensores de la vida como retrógrados, intransigentes, contrarios a la libertad individual y al progreso”

Dentro de unos meses, la eutanasia podría ser legal en España. Este martes, el Congreso de los Diputados aprobará, previsiblemente con los votos de PSOE, Unidas Podemos, Ciudadanos, ERC, JxCat, EH Bildu, Nueva Canarias, Compromís y Más País (y la oposición de PP, Vox y UPN) una proposición de ley para permitir el derecho a una muerte digna. 

Una propuesta que quedó paralizada por el abrupto cierre de la anterior legislatura, y que formaba parte de los diez puntos del compromiso de Gobierno PSOE-UP, y que recoge varias claves y supuestos que habrán de cumplirse para que la eutanasia pueda ser aplicada. En primer lugar, se requerirá un consentimiento informado, por el que será el paciente el que, en pleno uso de sus facultades y de forma libre, el que pueda solicitarla. En ningún caso podrán hacerlo cónyuges, padres, hijos o hermanos.

Claves de la ley

Además, el paciente tendrá que presentar dos solicitudes por escrito. Entre una y otras pasarán al menos 15 días naturales, a no ser que el médico responsable considere que la muerte o pérdida de capacidad sea inminente. En estos casos, podrá acelerarse el proceso, pero en el resto, el período mínimo será de 32 días, desde que se solicita hasta que la eutanasia pueda llevarse a cabo.

Dos médicos independientes serán quienes evaluarán al enfermo y luego el caso será remitido a una comisión de control y evaluación que lo valorará de nuevo, algo que no sucede en otros países.

Objeción de conciencia

Respecto a quién podrá solicitar esta ley, serán personas con una enfermedad grave, crónica e invalidante o una enfermedad incurable con un pronóstico de vida limitado. En todos los casos en los que se apruebe, siempre será un profesional sanitario el que la llevará a cabo, o en un hospital o en casa.

Del mismo modo, se recoge la objeción de conciencia de los médicos, que podrán negarse a llevar a cabo el proceso, pero facilitando que lo cumpla otro facultativo. Cabe destacar, además, que en caso de arrepentirse, el paciente podrá negarse a su aplicación en cualquier momento previo.

Ley de la eutanasia

¿Y qué opina la Iglesia católica? En diciembre pasado, los obispos presentaron el documento ‘Sembradores de esperanza’, en el que se denuncia la «campaña ideológica y propagandística» que se esconde detrás del debate sobre la eutanasia y los cuidados paliativos. 

«Es una derrota social y un exponente de la cultura del descarte»

«Nunca es lícito causar la muerte de un enfermo, ni siquiera para evitarle el dolor y el sufrimiento, aunque él lo pida expresamente. Ni el paciente, ni el personal sanitario, ni los familiares tienen la facultad de decidir o provocar la muerte de una persona», afirmaba la Conferencia Episcopal en el documento, presentado por el obispo de Bilbao, Mario Iceta, y que concluía, tajante: «La eutanasia constituye una derrota social y un exponente de la cultura del descarte». 

«La eutanasia y el suicidio asistido son objeto en nuestro tiempo de campañas propagandísticas a su favor. El debate actual sobre estos asuntos no es propiamente planteado como una cuestión médica, sino más bien ideológica», denunciaban los obispos, que condenaban las «campañas encaminadas a suscitar opiniones favorables a la eutanasia y el suicidio asistido».

Unas campañas que, en opinión de la CEE, “buscan una situación terminal y dramática especialmente llamativa que interpele la sensibilidad colectiva”, junto a una serie de “eufemismos ideológicos y semánticos” y la presentación de los autodenominados como “defensores de la vida como retrógrados, intransigentes, contrarios a la libertad individual y al progreso”.

Ángel y María José, antes de proceder al suicidio asistido

«No existe demanda social»

“Resulta especialmente contradictorio defender la eutanasia precisamente en una época como la actual, en la que la medicina ofrece alternativas, como nunca hasta ahora, para tratar y cuidar a los enfermos en la última fase de sus vidas”, subraya el documento episcopal, que reitera que “eutanasia y suicidio asistido son éticamente inaceptables”. 

«No existe una demanda social para la eutanasia, sí para los cuidados paliativos», destacaba Iceta. Al tiempo, el documento sostiene que «la eutanasia se considera como un modo de homicidio, que se da normalmente por compasión y en el contexto de una enfermedad». Como añadió Iceta, «la eutanasia es una ilicitud ética» y «socava la relación médico-paciente». Y es que, para la Iglesia, «la introducción de la eutanasia desnaturaliza la medicina».

«La eutanasia y el suicidio asistido dañan a toda la sociedad. No es una cuestión meramente privada que atañe solo al enfermo y a su familia», concluye el texto episcopal, que incide en que «plantear la eutanasia a voluntad significa que estas relaciones pierden su valor y la vida social queda herida y debilitada: se atenúan los vínculos constitutivos de la sociedad que, de este modo, irremediablemente se deshumaniza».

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