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Domingo de Ramos: síntesis de la vida

«Hoy es Domingo de Ramos» seguramente se escucha decir en muchos hogares. Para muchos es el aviso de que llegó el único día en que van a Misa en el año, para otros es el comienzo de la Semana Santa… o al menos una fecha importante.

Quienes vayan a Misa, una vez superado el problema de conseguir ramos, se encontrarán con una liturgia en la que parecen entrelazarse la alegría y la euforia con la tristeza, la injusticia  y la esperanza con la vida. Es un tejido que sin querer está representado en los ramos trenzados que nos venden en las inmediaciones de nuestras iglesias.

Los curas nos quejamos porque la gente viene más en este día que en el Domingo de Pascua, aveces sentimos que no nos entendieron, que nuestro mensaje no llegó o que ya no hay forma de cambiar una añeja costumbre… pero tal vez este domingo a muchos los representa y nos refleja nuestra propia vida. Entramos alegres, exultantes, acompañando a Jesús. Es una de las pocas oportunidades que tenemos en el año para ver a nuestro pueblo reunido con todos sus rostros, aclamando, rezando a su manera, esperando la bendición… y silenciosamente entregando sus vidas. Apenas unos pocos minutos después escuchamos el relato de la Pasión, donde la trenza de la muerte tejida por la traición, la calumnia, la ambición y la envidia parecen querer marchitar nuestra esperanza. En un clima de tensión emocionante, el Evangelio concluye con la muerte de un Justo (el más Justo de todos) con un signo tenue de que no todo puede terminar así…

Y la vida humana es en cierto modo eso. Somos portadores de la vocación a la alegría, frecuentemente visitados por el entusiasmo eufórico, contrastados por los arañazos de la muerte y la desesperanza, que se empeñan en convencernos que nada tiene sentido y que ellos tienen la última palabra.

Sin embargo… hay rendijas por donde la oscuridad es derrotada. son pequeñas batallas, pequeños signos, sutiles formas de escuchar que no estamos solos, que todo tiene sentido… o mejor aún, que hay Alguien que nos da sentido, y da sentido a las situaciones más tristes de nuestras vidas.

El Domingo de Ramos vamos a poner sobre la mesa nuestra vida de heridas y de victorias, se nos da permiso para decirle a Dios «Por qué me has abandonado» y empezar a escuchar la respuesta.

Para los que no volverán a Misa ni en Pascua ni en lo que queda del año, hoy bastará irse reconfortados con la esperanza tenue que (como el ramo bendecido) habrá que cuidar hasta el otro Domingo de Ramos… Para los que inicien el camino de la Semana Santa, este será el primer paso para refregarse los ojos, secarse las lágrimas y esperar acompañar a Aquel que va a llamarlos…

Humbi SJ

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