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De parte de tu equipo de prensa del C R C

Un día después de tu partida, con un poco más de calma, pero con el dolor a flor de piel, te escribimos esta carta, para darte al menos una despedida. No creemos que sea lo que te mereces, porque tu legado indica que tus méritos son mucho más grandes que lo que pueda significar una simple carta, o unas palabras en tu honor.Con el teclado de la computadora empapado en lágrimas, la cual vos renegaste para que nos den en el departamento de prensa, a puño y letra, te escribimos con mucho respeto, pero sobre todo con mucho sentimiento, lo que significaste para la institución, pero sobre todo, para nosotros, tus discípulos, tus compañeros del Club de Regatas.

Te nos fuiste tan rápido, tan de golpe, sin aviso, sin poder dejarnos al menos darte un abrazo de despedida, o aunque sea, cruzar alguna palabra más afectuosa por teléfono, ya que esta maldita enfermedad nos tiene distanciados físicamente hacía ya bastante tiempo. Es más, al mirar el teléfono, tu último mensaje en el grupo fue “jejeje los dejo trabajar”, en una mañana que parecía ser normal, donde nos dijiste buen día, y tiraste ideas para seguir trabajando y mejorando. En fin, como cada mañana desde que trabajamos con vos.

No podemos evitar pensar en cómo serán las cosas a partir de ahora, pero sobre todo, evitar pensar en cómo eran las cosas con vos, y lo felices que nos hacía tener un “jefe” (entre comillas porque nunca te proclamaste más que nadie) como vos. Tan carismático, lleno de felicidad, de optimismo, de pensar y hacernos llegar que siempre, cada cosita o cada cosa enorme, tenía solución, y que a los problemas se los resolvía conversando con tranquilidad. Y si, creo que ese era tu fuerte, tu manera de relacionarte con todos y todas.

Después de lo sucedido, pensamos ¿será que siempre estabas sonriendo y contento? ¿Puede ser posible que no haya maldad en vos? O ¿simplemente nos faltó conocerte? Y mirando cada mensaje, cada saludo hacia vos, nos dimos cuenta que, si en algo todos coincidían, era en tu sonrisa característica, en tu buena predisposición, tu gentileza y tu humildad. Lo cual nos deja tranquilos, de saber que conocimos al único e inigualable “Pocholo”.

¡Mirá si habrás sido grande! La triste noticia nos impactó a nosotros, como a cada parte del periodismo de Corrientes, Resistencia, y muchos otros lugares. Tu grato recuerdo se hizo notar desde las personalidades más destacadas, como tu amigo Federico Kammerichs, como Montecchia, periodistas de nivel nacional como Fabián Pérez, hasta en “Zapata”, tu compañero del Regatas, el hincha de Boca con el cual siempre estaban cubriéndose la espalda cuando hablaban de otro de tus afectos, Boca Juniors. Eso denota la grandeza que tenías, pero con ese toque indispensable de humildad y simpleza. Mariano Arengo, te dedicó una canción, tu amigo Rafael Fondón recitó en tu nombre, la “Joven Guardia” te escribió una carta.

Se nos hace un nudo en la garganta al saber que en la previa de un partido no escucharemos el “Mi gente, que novedad hay”, el “Si pue chamigo”, y por supuesto tu risa estruendosa con tus ojos achinados.

Sin embargo, aunque no podamos parar estas lágrimas, queremos recordarte justamente con esa gran sonrisa, por eso llorando nos llenamos de felicidad, al saber que pudimos aprovecharte, que mamamos cada consejo tuyo, que nos enseñaste siempre a ser mejores periodistas, pero sobre todo mejores personas, a ser honestos y responsables con la profesión y el trabajo, que si uno va  a hacer las cosas, debe hacerlas bien, sin importar nada. Nunca nos pusiste, ni a nosotros ni a nadie, barreras para crecer, nos permitiste seguir ascendiendo, y cumpliendo sueños. Cuando pudimos llevar a cabo transmisiones de partidos, que tanto nos gustan, fuiste el que nos dio la confianza, y el que en gran parte hizo posible eso. Nos felicitaste en público, y en privado nos apuntalaste lo que debíamos mejorar, y eso lo hacen los grandes como vos.

La pena es por no haber compartido más aún con vos.  Quizás seamos egoístas, porque queremos que estés para guiarnos en esto, para seguir escuchando tus felicitaciones cuando hacemos las cosas bien, porque eso nos llenaba el pecho de orgullo, que vos nos felicites y nos digas vamos con “bombos y platillos”. Queremos que estés para seguir preguntándote cosas, y sacándonos dudas de qué poner, que no, si está bien, si está mal. Y si, somos egoístas, por eso te vamos a pedir que nos sigas cuidando, y guiando desde donde estés.

Tu legado es tan grande, que tendremos que trabajar 10 veces para poder al menos acercarnos, porque marcaste un antes y un después. Y así te despedimos, porque fuiste un gran jefe, colega, compañero, maestro, amigo, y por sobre todo una mejor persona. Acompañamos a Silvia, Josecito y Valentina, a tu hermano Fernando, y a tus padres, en este dolor tan grande.

Por eso José Antonio Barreto, querido Pocholo, queridísimo Pocho, te despedimos pero te recordaremos con esta frase de Kapuściński: “Para ser buen periodista, hay que ser buena persona”, y vos claramente lo fuiste de sobra. Hasta siempre.

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