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Catecismo del miedo en el siglo 21

Venía recientemente de tomar el sacramento de la comunión junto a mis compañeros y estábamos en la quinta clase camino hacia la confirmación para asegurarnos el cielo, aunque claro, no por conciencia propia sino por mandato de nuestros padres y también un poco por el impulso de la eucaristía que nos empujaba a la nueva empresa.
Aquel Joven catequista a quien algunos queríamos más y otros menos inició el encuentro con un recurso disparador. Tomó una caja de fósforos, encendió uno y lo pasó por su dedo una y otra vez de manera casi pendular, como pasando sucesivas pinceladas para definitivamente no quemarse. Luego llegado el momento aleccionador preguntó:
-¿Qué pasaría si dejo el fuego de manera fija en mi dedo?
Todos al unísono respondimos
-Duele! Duele!
Entonces el catequista remató
-Así es el infierno pero en todo el cuerpo y por toda la eternidad.

Pablo Moledo

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