Opinion

Cáritas y Comillas reclaman facilitar las regularizaciones de inmigrantes y los derechos de los refugiados

“Una persona migrante, un solicitante de asilo, una persona refugiada no ‘pierde sus derechos por el camino, sino que es sujeto de derechos ahí dónde está, por el hecho de ser persona”. El diagnóstico de Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas, sirvió de marco para la presentación del informe elaborado por la institución, junto a la Universidad Pontificia de Comillas, ‘Un arraigo sobre el alambre, la integración de la población inmigrante en España’, que hoy ha sido presentado virtualmente en Madrid.

Un estudio que aborda la realidad de hombres y mujeres que suponen el 3,5% de la población mundial, y el 16,32% de los habitantes de nuestro país. Son nuestros vecinos, los que trabajan a nuestro lado, cuidan a nuestros hijos y a nuestros abuelos. Nos venden la fruta, nos traen los productos que compramos por internet. Muchos de ellos siguen estando en situación irregular, aunque ninguna persona debería serlo. Son millones de inmigrantes, 7,74 millones, en España.

“Nos gustaría que nuestro país fuera más comprometido y facilitara las regularizaciones y los derechos de los refugiados”, señaló la secretaria general de Cáritas, quien abogó por acabar con la desigualdad que sufren, especialmente en el ámbito laboral.

Integrados y arraigados, pero segregados laboralmente

Y es que, como señala el informe, la gran mayoría de los trabajadores de origen inmigrante (73%, el 75% en el caso de las mujeres) están expulsados de la Norma Social de Empleo; con salarios mensuales medios de 926 eros, un 38% menos que el de los trabajadores españoles, que es de 1.477 euros. Cuatro de cada días tienen contratos temporales, y sólo una minoría ha podido entrar entre las clases medias.

“Para nosotros es importante evidenciar las enormes dificultades de las personas migrantes para obtener una autorización de residencia y trabajo y la enorme sencillez con que ésta se pierde”, subrayó Natalia Peiro, quien reclamó “que la normativa de extranjería deba ser revisada con el objetivo de evitar que las personas extranjeras vivan en permanente riesgo de caer, de nuevo, en la irregularidad”.

Así, la secretaria general de Cáritas abogó por “una sociedad que acoja y proteja a los millones de migrantes que viven con nosotros, haciéndoles sentir que no están solos, y por promover e integrar, construyendo juntos un futuro mejor”.

Protegernos protegiendo al otro

Los autores del estudio apuestan por el retorno a unas políticas de integración que reduzcan las desigualdades entre ciudadanos y que, para ser inclusivas y efectivas, no tengan el apellido de ningún colectivo más allá que el de la globalidad de las personas y familias más vulnerables de nuestra sociedad.

“Como ciudadanos y vecinos merecemos estas políticas de integración, en un mundo en el que la actual crisis de la COVID-19 nos está demostrando que está más conectado que nunca, se ha mostrado como una palpable evidencia que la mejor forma de protegernos es proteger al otro, merecemos medidas de equidad que nos cohesionen como sociedad y nos ayuden a reducir incertidumbres”, señalan desde Cáritas.

Fuerte feminización y juventud

“Los datos que hemos encontrado tienen muy poco que ver con las imágenes que nos hacemos de la inmigración”, resaltó Juan Iglesias, experto del IUEM de la Universidad Pontificia Comillas, quien presentó algunos de los principales datos del informe. Unos datos que nos muestran cómo se está produciendo una fuerte feminización, así como de un porcentaje de juventud muy importante.

Más de la mitad llevan 15 años viviendo en España. Sin embargo, estas personas siguen ocupando los peores puestos de trabajo y las menores retribuciones”. Están integrados, pero no les acogemos

Se trata de población con fuerte arraigo y asentamiento familiar, así como dominio del idioma. Más de la mitad llevan 15 años viviendo en España. Sin embargo, estas personas siguen ocupando los peores puestos de trabajo y las menores retribuciones”. Están integrados, pero no les acogemos. “Frente al extendido estereotipo de que la inmigración vive enclaustrada en un mundo relacional y cultural propio al margen de la población nativa, un 73% utilizan tanto la tradición propia como la autóctona en lo relativo a la forma de vestir., un 71% en la forma de comer, un 70% en sus celebraciones y fiestas, un 65% en las normas familiares y un 61% en la relación y normas de comportamiento con sus hijas”, se apunta en el informe.

Contribuidor clave para la economía

Lejos de estereotipos y prejuicios, el informe constata que la población inmigrante no sólo no abusa de los sistemas de protección, sino que además es un contribuidor clave, por su juventud y actividad, con mayores tasas de natalidad y menor uso de servicios como el sanitario. Además, frente al estereotipo, de nuevo, se muestra cómo apenas el 4% de la población que utiliza los recursos del sistema es inmigrante.

“La población inmigrante vive y se relaciona con la población nativa y, en general, esas relaciones son buenas y cordiales. Existe un contacto habitual y directo entre ambos grupos; somos compañeros de trabajo o pupitre, compartimos vagones de tren y autobuses, plazas, locales comerciales…, en definitiva, somos vecinos y vecinas. Y conforme más tiempo permanecen los inmigrantes en nuestro país, se generan un mayor número de vínculos significativos con la población nativa, pasando de compartir espacios públicos a convertirnos, unos y otros, en personas de referencia, amigos o parejas”, destaca el estudio.

Somos compañeros de trabajo o pupitre, compartimos vagones de tren y autobuses, plazas, locales comerciales…, en definitiva, somos vecinos y vecinas

“Estas relaciones más estrechas son claves para lograr verdaderos procesos de integración”, afirma Daniel Rodríguez, de Cáritas. “Este tipo de relaciones, denominadas capital social, son más comunes entre nativos e inmigrantes cuanto más tiempo pasan estos últimos en nuestro país, aunque menos extensas e intensas de lo que son entre los inmigrantes y nativos entre sí en dos entornos sociales diferenciados”, añade.

¿Ha crecido el sentimiento anti-inmigrante en España?

“Existe un riesgo real de que el malestar que vivimos en España se pueda manifestar en hostilidad hacia la población inmigrante en los próximos años”, subrayo Iglesias, quien avisa de que, “pese a la actual coexistencia tranquila en los barrios populares entre ambas poblaciones existe, especialmente entre la población nativa trabajadora, un profundo malestar social producto del crecimiento del precariado y del deterioro de las oportunidades vitales en la última década.

Este malestar social en cualquier momento puede verse etnificado, esto es, explicado desde y por la presencia de inmigrantes, y no por la actuación de determinadas políticas estructurales De hecho, hay algunas propuestas que en el último ciclo electoral español han roto el consenso de la transición, intentando etnificar el conflicto social al señalar a la población inmigrante como responsable de la cuestión social”.

En cuanto a los refugiados, representan la “última estación” del intenso proceso de precarización presente en la sociedad española. “Reafirmo el compromiso firme y sostenido de Cáritas con las personas migrantes, y no sólo en nuestro país. Cáritas está presente en casi todos los lugares del mundo, acompañando desde el origen, acompañando el tránsito, acompañando en el destino, siempre desde el enfoque de derechos humanos, porque una persona migrante, un solicitante de asilo, una persona refugiada no ´pierde sus derechos por el camino´ sino que es sujeto de derechos ahí dónde está, por el hecho de ser persona”, concluyó Peiro.

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