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Bendición a las madres en Itatí

El domingo del Día de la Madre, como cada fin de semana, llegaron a la Basílica de Nuestra Señora de Itatí peregrinos de distintos puntos de la región. 
En una jornada gris, los feligreses llegaron a Itatí para participar de las celebraciones eucarísticas y visitar a la Virgen. 
Al finalizar la Misa de las 9:30, el vicario parroquial padre Derlis Sosa fdp, bendijo a las madres en su día, implorando la protección de Dios sobre sus familias, y rogando a la Madre de las madres las cuide y guíe en la misión y servicio que Dios le encomendó de dar vida. 
Antes de impartir la bendición, Manuelito González junto a su papá interpretaron el chamamé “Amor supremo”, luego se rezó la oración a la Virgen de Itatí y se asperjó a las madres con agua bendita. 

Don Orione y María, la Gran Madre 
Durante su visita al Santuario de Itatí (Corrientes, Argentina), el 27 de junio de 1937, Don Orione expresaba de esta manera su amor a María, la Gran Madre: 
¡María! María Santísima!
¿No eres tú «el segundo nombre»?
¿Hay algún nombre más suave y más invocado
después del nombre del Señor?
¿Hay alguna creatura humana,
alguna mujer, alguna madre más grande,
más santa, más piadosa?
Nuestras madres pasan, mueren;
María, Madre de nuestras madres,
es la gran Madre que no muere.
Han pasado veinte siglos,
y está hoy más viva
que cuando cantó el Magnificat
y profetizó que todas las generaciones
la llamarían bienaventurada. 
María perdura, vive y permanece,
porque Dios quiere que todas las generaciones
la sientan y tengan como Madre.
María es la gran Madre
que resplandece de gloria y de amor
en el horizonte del cristianismo;
es guía y consuelo para cada uno de nosotros:
es Madre poderosa y misericordiosísima
para todos los que la llaman e invocan.
Es la Madre misericordiosa y santísima
que siempre escucha los gemidos del que sufre,
siempre dispuesta a escuchar nuestras súplicas. 
Es Dios quien la hizo tan grande:
“el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas” [Luc 1, 49]y la hizo grande porque la vio tan humilde,
“El miró con bondad la pequeñez de tu servidora” [Luc 1, 48]y la hizo grande,
llena de gracia,
bendita entre todas las mujeres,
toda pura e inmaculada,
porque la eligió por Madre,
y, como tal, quiere que sea honrada
por sobre toda la creación.
Y el honor rendido a Ella
sube hasta su Hijo, el hombre-Dios,
Jesús, nuestro Señor.
Esta es nuestra fe en María, nuestro culto
y nuestro dulcísimo amor
a la Virgen Santa, a la Madre de Dios
Nosotros vamos a Jesús por María.
Los pastores buscaron a Jesús,
y lo encontraron en los brazos de María.
Los Reyes Magos vinieron desde una región lejana
buscando al Mesías,
y lo adoraron en los brazos de María.
Y nosotros, pobres pecadores,
¿dónde podremos encontrar ahora y siempre a Jesús?
¡Hijos míos, lo encontraremos y adoraremos
en los brazos y en el corazón de María!

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