Opinion

Aznárez aboga por «cuidar, acompañar, acoger, liberar, salvar» en su presentación como arzobispo castrense

La Palabra de Dios, los sacramentos y la comunidad son los medios para que vayan naciendo en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús, de modo que podamos oír, crecer y gozar, escuchando de labios del padre, esas mismas palabras :’Tú eres mi hijo, mi hija amada, en ti me complazco, eres la niña de mis ojos'»

«Sin vuestra ayuda no somos nada, vamos a trabajar en equipo», asegura el nuevo castrense

Juan Antonio Aznárez ya es arzobispo castrense. El hasta ahora obispo auxiliar de Pamplona tomó posesión de su cargo en la catedral de las Fuerzas Armadas, acompañado por una veintena de prelados (los cardenales Osoro y Amigo, los arzobispos de Toledo, Zaragoza o Pamplona, o el nuncio, Bernardito Auza, quien presidió la ceremonia, entre ellos), y las máximas autoridades militares, entre las que no se encontraba la ministra de Defensa, Margarita Robles. Sí estuvo, en su nombre, la subsecretaria del Ministerio.

El recuerdo de Juan del Río, fallecido ahora hace un año, recorrió toda la ceremonia. «Al servicio de la paz y el bien común de las Fuerzas Armas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado», le encomendó Auza, antes de proceder a la lectura de las letras apostólicas del Papa

Los obispos presentes aplauden al nuevo castrense


En su primera homilía como castrense, Juan Antonio Aznárez abogó por «manifestar la justicia de Dios», que supone «abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la cárcel (tantos tipos de cárceles), llevar a la luz a los que habitan en tinieblas». Es decir: «cuidar, acompañar, acoger, liberar, salvar»… «Es lo que está llamado a hacer el siervo del Señor», recalcó. Y hacerlo «no atropellando, avasallando o imponiendo, no, todo lo contrario».

Como sucede con el Bautismo, del que «salimos chorreando vida, y vida abundante»… aunque no siempre se nota. «¿Está activado tu bautismo, o desactivado? ¿En qué se nota? En los frutos», señaló. «Si son frutos de paciencia, bondad, perdón y alegría… buenas señales. Si los frutos son de murmuración, violencia, manipulación, envidia, tristeza… hay que hacer algo».

«No es culpa del bautismo, es que hay que activarlo«, recalcó Aznárez. «La Palabra de Dios, los sacramentos y la comunidad son los medios para que vayan naciendo en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús, de modo que podamos oír, crecer y gozar, escuchando de labios del padre, esas mismas palabras :’Tú eres mi hijo, mi hija amada, en ti me complazco, eres la niña de mis ojos'».

El Nuncio entrega el báculo a Juan Antonio Aznárez

«Sin vuestra ayuda no somos nada, vamos a trabajar en equipo», finalizó el prelado, quien quiso saludar a todo el organismo castrense. «Aquí me tenéis, para servir a Dios y serviros en su nombre», concluyó.

Primero, Religión Digital

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