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“Aparecieron trastornos mentales en personas que antes no lo tenían”

La pandemia del coronavirus que obligó a un distanciamiento social sin precedentes para las últimas generaciones, trajo consigo un aumento exponencial de las enfermedades mentales. El Dr. Julio Torales, jefe interino de la Cátedra y Servicio de Siquiatría del Hospital de Clínicas da cuenta de esta situación: Aparecieron trastornos mentales en personas a quienes antes no se les había diagnosticado y reactivó los males de pacientes siquiátricos cuyos síntomas ya estaban controlados. También notaron un aumento en el consumo de alcohol y otras drogas, así como el incremento de dramas conyugales y la consecuente violencia intrafamiliar. En esta entrevista, el siquiatra ofrece orientaciones para afrontar esta cuarentena y lo que podría ser, eventualmente, un nuevo confinamiento en caso de que haya un brote alto de Covid.

–¿Cuánto mal causó esta pandemia en la mente de las personas?

–El miedo y la incertidumbre a lo desconocido asociado al miedo a una enfermedad nueva que cambia todos los días, con el temor de enfermarme yo o mi familia. La obligatoriedad de quedarme en casa, tener dificultades para mantener la economía, son todos elementos que se conjugaron para que ahora estemos enfrentando a un aumento en las enfermedades mentales. Si antes ya teníamos enfermedades mentales, la pandemia lo que hizo fue aumentar el diagnóstico de nuevas enfermedades mentales en personas que no las tenían previamente; o exacerbó aquellos cuadros en personas que ya lo tenían. Y al terminar esta pandemia, esperemos que sea pronto, vamos a enfrentarnos a una pandemia de enfermedades mentales; a la cual todos los profesionales de la salud, principalmente, médicos siquiatras y los sicólogos tenemos que estar preparados para hacerle frente.

–Repasemos: ¿Cuáles son los dramas emocionales más comunes de este modo Covid de vivir?

–Y lo que hemos visto más es un repunte son los trastornos de ansiedad y dentro de la ansiedad, específicamente, los trastornos de pánico. Luego, un aumento en la desesperanza que es un síntoma de la depresión; es decir, vimos exacerbantes síntomas depresivos en las personas. Y también hay un aumento interesante en problemas asociados al consumo del alcohol y otras drogas. La gente cuando está muy tensionada utiliza como mecanismo de afrontamiento y de escape al alcohol y otras drogas. Esos son como los síndromes mayores que hemos visto. Pero también aumentaron otros tipos de disfuncionalidades. Por ejemplo, el aumento tremendo que hubo de denuncias de violencia intrafamiliar o de dificultades en la convivencia familiar y conyugal. Lo que hizo esta pandemia, al recluirnos todos en nuestras casas, fue aflorar esas situaciones que estaban ahí (ocultas); y eso se traduce en factores de estrés para enfermedades mentales y para mayores problemas sicológicos.

–¿Qué trastornos mentales antes no diagnosticados irán apareciendo?

–Cuando digo no diagnosticadas implica a personas que antes no tenían; no son patologías mentales nuevas, sino personas que previamente no tenían síntomas o lo tenían muy leves y no se daban cuenta. Y durante este periodo de cuarentena aparecieron trastornos mentales en personas que antes no lo tenían. Gente que decía “yo nunca tuve esto”, debutó ahora y gente que ya estaba en tratamiento exacerbó sus síntomas. Así también hay quien tuvo mucha resistencia y obviamente no tuvo trastornos. Cada uno de nosotros es un ser configurado biológica, sicológica y socialmente distinto. Cada uno tiene recursos de afrontamientos distintos; a algunos se nos agota y a otros no y así aparecen las enfermedades mentales.

–¿Se puede distinguir el impacto de todo esto en niños, jóvenes y adultos; o a todos provoca lo mismo?

–El tema con los niños es que les cuesta elaborar y expresar lo que nosotros estaríamos buscando en una consulta. Al niño le cuesta decir “estoy triste” o “estoy ansioso”. En los niños, los síntomas que se notan y tienen que ser investigados son: Si cambia de conducta, empieza a retraerse y a aislarse y si está muy irritable durante todo el día. Pueden ser mensajes en clave de que está atravesando por un cuadro sicopatológico o un trastorno mental y ahí se debe hacer el diagnóstico. En el adulto es más fácil porque ya elabora el concepto de tristeza. Si vamos a hacer una comparación, en los adultos hemos visto más pánico y depresión. Y en niños y adolescentes vimos una exacerbación de los problemas de conducta, del trastorno por déficit de atención, de hiperactividad y de mayor irritabilidad. Sabemos que el adolescente es más independiente y el haberse sentido coartado en su libertad hizo que aumente esos sentimientos de irritabilidad.

–Cuando dice que la pandemia exacerbó trastornos de pacientes ¿significa que avanzaron en su patología o sumaron otras nuevas?

–Por lo general, son síntomas que ya se tenían controlados en esa persona que vuelven a aparecer. Es decir, pacientes míos que ya estaban bien contenidos o inclusive algunos sanados, por trastorno de ansiedad, rebrotaron los síntomas ahora. Lo que pasó fue, lo que dije al inicio: Miedo a la infección, la nueva normalidad, problemas laborales, quedarse en la casa, miedo a que mis seres queridos se enfermen o mueran. Todo eso hace, en una persona que ya estaba vulnerable, rebrotar síntomas que ya se tenían controlados.

–¿La depresión ya estaba instalada como epidemia acá antes de esta pandemia?

–A nivel mundial luego. La depresión, actualmente, se considera como la tercera causa de morbilidad a nivel mundial. Solamente superadas por la enfermedades cardiovasculares y el cáncer. En el mundo, aproximadamente, se comete un suicidio cada 40 segundos. Esconder a la enfermedad mental no va a hacer que no exista. La enfermedad mental existe, debe ser respetada al igual que la física; no tiene un cariz esotérico ni depende de la fuerza de voluntad de alguien sino que es una enfermedad y como tales se diagnostican, se tratan, la mayoría se curan y las que no se curan se controlan.

–¿Qué proyecciones se realizan en el contexto pospandemia?

–Principalmente, que vamos a tener mayores casos de todo el espectro de patologías mentales y vamos a tener que estar preparados para poder brindar esa atención necesaria a la población. No manejo el número de sicólogos, pero es bueno recordar que no pasamos de 110 siquiatras en el país para 7 millones de habitantes. Vamos a tener que reinventarnos, no solo nosotros sino que el resto de los médicos: Capacitarnos entre todos para que un médico que no sea siquiátrico tenga también la capacidad de diagnosticar y tratar a un paciente y no recurrir a la derivación. Hay estimaciones que dicen que cuatro de cada diez pacientes que van al médico de familia van con una patología mental y no por un tema clínico. Entonces, todos los profesionales de la medicina tendríamos que estar preparados para poder tratar y diagnosticar al menos las enfermedades más comunes: Depresión, ansiedad y trastornos de pánico que son los más frecuentes.

–En términos de porcentajes, ¿qué dicen los números?

–Hay proyecciones que hablan que la prevalencia puntual de la depresión a lo largo de la vida es de casi el 21%; algunos estudios mencionan que uno de cada 5 personas en algún momento de su vida va a poder desarrollar síntomas depresivos. Y en el caso del trastorno de la ansiedad hay una prevalencia a lo largo de la vida entre 20% al 30%, todo depende de la forma en que se hace el diagnóstico.

–¿Y esto cambiará tras la pandemia?

–Creo que van a aumentar, definitivamente. Las proyecciones hablan de eso. Ahora mismo estamos a ciegas y no podemos afirmar en cuánto.

–Se maneja que ante un brote comunitario y una disparada de casos se retrocederá en la cuarentena. ¿Cómo prepararse mentalmente para otro confinamiento?

Lo que más teme el ser humano, y principalmente aquellas personas que somos ansiosas, es la incapacidad de controlar el futuro. Al ser humano nos gusta tener todo bajo control, a unos más a otros menos. Lo que tenemos que aprender con todo esto es que el futuro siempre va a ser incierto. Podemos prepararnos para el futuro, estudiar para ser un buen profesional para tener una vejez tranquila; pero hay elementos que aparecen y pueden romper nuestros planes preestablecidos. Y esa es una realidad que tenemos que aprender a aceptar. La mejor preparación es hacer el ejercicio de la aceptación. No estoy hablando de la sumisión, sino que si hay una situación donde tenemos que tomar medidas, pues tenemos que aceptar esas medidas; pensando siempre que esas medidas no van a ser para siempre. Entiendo las dificultades y lo discutimos con algunos amigos “que la economía, no podemos volver atrás, mejor nomás tenemos que infectarnos todos”. Pienso que esos son pensamientos muy simplistas porque ante un desborde del sistema sanitario, la economía también va a caer y mucho peor. Entonces, ya que me preguntás cómo prepararnos, hay que hacer el ejercicio de la aceptación. Algunas escuelas hablan de la aceptación radical: Acepto todo lo que hay, veo el nuevo escenario y ahí me enfrento. Tenemos que empezar a convivir con esa posibilidad. Hoy mismo estábamos viendo en Beijing, una de las ciudades más grandes de China, empezó a cerrar barrios enteros otra vez, donde el virus se creía contenido. Y esto puede volver a pasar porque todavía no tenemos tratamientos ni tenemos vacuna. Esta es una posibilidad que tenemos que aceptar. De lo que tenemos que tener certeza, hoy, es que estamos a merced de la incertidumbre; y si por lo menos aceptamos que no sabemos lo que va a pasar, vamos a conseguir al menos un poco de paz mental.

–Tener paz es como el oro, hoy…

–Exactamente. Muchas personas estuvieron con poca paz y aquellas personas que estuvieron trabajando por el tema de sus servicios esenciales a la comunidad, tampoco tuvieron. Yo admiro mucho a mis colegas que están en la primera línea de batalla: Los médicos de urgencias, pediatras, infectólogos, terapistas, los clínicos, médicos internos. El estrés que ha de ser para ellos volver de una guardia de hospital para entrar a sus casas. Yo soy médico, pero estoy en tercera línea y también siento estrés cada vez que vuelvo del hospital. Mis amigos siquiatras de otros países tuvieron que irse a las urgencias, se les convocó; tuvieron que desempolvar el estetoscopio después de diez años de ejercicio. Por eso había una frase muy linda, entre paréntesis, la campaña que se hizo en muchos países era: “Quedate en tu casa, si no querés que te intube un siquiatra”. Porque vamos a probar ahí, vamos a romper uno que otro diente cuando intentemos. La última vez que toqué un estetoscopio fue en diciembre de 2006.

–Los primeros en caer, en el mundo, fueron los médicos, ¿practicaron ya para un posible reemplazo?

–Sí, se empezó el plan de capacitaciones. Por lo menos en Clínicas todos recibimos cierto grado de capacitación nuevamente. También muchas veces desempolvar los libros, preguntarles a los compañeros de promoción que saben más que vos en esta área y formarte.

–¿Se llegó a requerir la mano de los siquiatras?

–De siquiatras todavía no. Pero ya se les llamó a otros médicos de la segunda línea para que hagan apoyo en servicios de urgencias porque estaban muy saturados. Estando en una urgencia, durante una pandemia, podés no recibir ningún paciente en tus doce horas de turno; pero esas doce horas son las más tensionantes de tu vida. Todo el día con el hermetismo, la doble escafandra, con el tapabocas, etc. Es complejo, es mucha tensión para el profesional.

–¿Ya se recurrió acá a los médicos de segunda línea?

–En Paraguay, tengo entendido que se pidió apoyo a los médicos de segunda línea para, principalmente, las toma de muestras. Para eso se les convocó a médicos de otras especialidades más alejadas que apoyen.

–Vivimos en una sociedad cada vez más enferma, en cuanto a salud mental y no hay costumbre de consultar. Culturalmente está muy estigmatizado, ¿qué piensa?

–El estigma sobre salud mental todavía es algo vigente y esa es una pandemia de no acabar, donde vemos a la enfermedad mental con ojos prejuiciosos. Parece que podemos tener diabetes, hipertensión o neumonía, pero tener depresión es algo impensable. Pensamos que ir al siquiatra o al sicólogo es de locos y la locura no existe, existen las enfermedades mentales. Como sociedad, todos tenemos que pensar que la enfermedad mental es igual que la física y que requiere el respeto necesario, no darle un cariz esotérico. Y cambiar nuestro propio lenguaje porque a través de él, aumentamos el estigma sobre la salud mental. Por ejemplo, cuando nos enojamos con una persona decimos: “Dejale, esa es una loca”. No decimos “esa es una diabética”, “no le hables a esa hipertensa”. No. Siempre utilizamos a la enfermedad mental de manera peyorativa. Entonces, si me van a juzgar por eso, no me voy a ir al consultorio. Y así la gente no quiere ir; o si va, te pide turno a las ocho de la noche cuando nadie le ve. Irte a consultar por un dolor de panza no está mal visto; pero irte porque lloras todo el día, sí es algo mal visto porque supuestamente todo está en la fuerza de voluntad. Sería muy feliz que en mi voluntad nomás esté el hecho de estar sano, no estoy hablando que los pensamientos positivos no sean importantes, son factores protectores. Pero no podemos reducir a la enfermedad mental a que dependa de la voluntad buena o mala de alguien.

–¿Atendieron a pacientes Covid?

–El MSPyBS ha proveído directo apoyo a aquellos pacientes con Covid-19 que requirieron de contención. El resto de los actores lo que hicimos fue trabajar sobre la prevención y actualmente el grupo de Conacyt está apoyando en los albergues. Los demás hicimos contención telefónica o telesiquiatría no para pacientes que se han recuperado de la enfermedad que son también un grupo especialmente vulnerable. Porque nadie quiere tener Covid y encima que te discrimen, te tiren piedras a tu casa. Habla de la idiosincrasia que tenemos que cambiar. Entonces, eso tenemos que cuidar: Saber que tengo Covid, que le pude contagiar a mi mamá, a mi hermana o a mi pareja y que otra vez me discrimen como si fuese un maleante o que al propósito quise contagiarme. Lastimosamente sucede y no solo en Paraguay.

–Sacó lo mejor y lo peor de todos…

–Esta pandemia nos demostró el lado más hermoso que tiene el ser humano: La compasión, el trabajo en equipo, de enfrentar juntos la adversidad. Pero también sacó lo más malo que tiene: La soberbia, el egoísmo, la mezquindad. Lo que tenemos que encontrar cuando termine todo esto, es que en la balanza de lo positivo se vea la mejor versión.

Si antes ya teníamos enfermedades mentales, la pandemia lo que hizo fue aumentar el diagnóstico de nuevas enfermedades mentales en personas que no las tenían previamente; o exacerbó aquellos cuadros en personas que ya lo tenían. Y al terminar esta pandemia del nuevo coronavirus, vamos a enfrentarnos a una pandemia de enfermedades mentales.

En Clínicas, lo que hemos visto más en los últimos tiempos han sido los trastornos de ansiedad, principalmente de pánico, y los trastornos depresivos que han aumentado otra vez. Y luego alteraciones sicopatológicas en la vida diaria como problemas familiares, convivencia conyugal y lastimosamente mucha violencia intrafamiliar.

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