Opinion

Antonio Aradillas: Patriarcalismo y machismo, certificado de defunción

Gobierno, instituciones y el pueblo-pueblo, optaron democráticamente por abrir caminos de efectividad, eficacia, libertad e igualdad a favor de la mujer

Mientras, a la Iglesia-institución le falta por recorrer largos caminos para igualar, y aún superar los de los laicos o “civiles”. Se le ha ocurrido publicar unas directrices sobre la sexualidad, “pre” o “intra” matrimonial

¡Señores obispos, déjense ustedes de sexualidades y de sexualerías! Estas no son de su competencia. Lo son más las relacionadas con la pederastia y otros fétidos abusos

Como santo y sano acaba de “canonizar” el Estado al anti-machismo, imperante hasta ahora en los territorios hispanos. Dije el Estado, que no la Iglesia “oficial”, de la que acaba de afirmar un prestigioso teólogo, que precisamente, y por eso, vive en pecado y a cuya jerarquía le hubiera correspondido tal canonización, con cuantos medios humanos y divinos tiene a su alcance….

El talante, el número de participantes -mitad por mitad- de mujeres, que de hombres en el nuevo Gobierno, la insistencia en leyes, organismos, intenciones y distribución de funciones, dan la firme y generalizada impresión de que, por fin, al patriarcalismo y al machismo habrá que irle preparando el certificado de defunción, al igual que el que disfrutó del de “buena conducta”, por los siglos de los siglos.

Las cosas son como son, y una vez más Gobierno, instituciones y el pueblo-pueblo, optaron democráticamente por abrir caminos de efectividad, eficacia, libertad e igualdad a favor de la mujer, además en un contexto de servidumbre y de discriminación carente de humanidad y de cristianismo. Reconocer tal situación equivaldrá a intentar partir de principios elementales para crear y sostener la convivencia cívica, eje y fundamento de instituciones tan soberanas y necesarias para la vida como el Estado y la Iglesia.

Los argumentos en los que religiosamente se ha pretendido basar, hasta ahora y con todas sus consecuencias la relevancia del hombre sobre la mujer no pueden ser más inhonestos, absurdos y nada científicos. La Biblia, los Libros Sagrados en general, las leyes “naturales”, la ética y aún la estética…tuvieron que ser sometidos a largas e inhóspitas horas de trabajos forzados para conseguir la total sumisión de la mujer a los caprichos del hombre, por hombre. “La maté porque era mía” fue y sigue siendo dramáticamente justificación familiar, social y, en parte, hasta legal en algunas situaciones y `países para ser aportado como explicación- justificación de tropelías tan indecente.

Y así como el nuevo Gobierno parece haber tenido bien claro el problema, e intenta su solución aún en contra de no pocos de sus “gobernados”, a la Iglesia-institución le falta por recorrer largos caminos para igualar, y aún superar los de los laicos o “civiles”.

La Iglesia –esta Iglesia- en sus diversas esferas y ámbitos, con inclusión de los jerárquicos, no se decide a “canonizar” la igualdad de derechos y deberes de la mujer en relación con el hombre. Para ella- la Iglesia- la mujer no es más que un pecado grave –gravísimo-, lo que la discriminación que dentro de su ley significa y lleva consigo su doctrina y comportamientos relacionados con el otrora llamado “sexo piadoso”, que constituyó la mayoría de sus fieles parroquianos.

El clericalismo, el celibato, la lejanía y separación -¡”líbera nos, Dómine”¡- de los problemas familiares, sociales, cívicos y políticos, así como el compromiso inalienable con la fórmula pecaminosa del “mundo, demonio y carne” de su catequesis, convirtieron a la mujer en “pecado”, y al hombre , por pecador que fuera, en su perdonador “oficial”, que ejercía y ejerce su ministerio “en el sacrosanto nombre de Dios”. Tal barbaridad y crueldad carece de teología, de Biblia, de sensatez, de humildad y de humanidad…

Y exactamente en este “virtuoso” contexto y ambiente informativo, es en el que a la Comisión correspondiente de la Conferencia Episcopal Española se le ha ocurrido publicar unas directrices sobre la sexualidad, “pre” o “intra” matrimonial, para que tal sacramento resulte indisoluble, apto para la procreación y, de paso, expresión de amor y, en definitiva, “para casarse por la Iglesia” y “como Dios manda”.

¡Señores obispos, déjense ustedes de sexualidades y de sexualerías¡. Estas no son de su competencia. Lo son más las relacionadas con la pederastia y otros fétidos abusos. Dejen lo de la sexualidad para los laicos y laicas, pero no para aquellos que, como ustedes, sellaron sus vidas con el voto canónico de la castidad¡

El machismo- patriarcalismo, nunca fue ni santo ni sabio. Fue, y es, aberrante, es decir, “error grave del entendimiento o de la razón”.

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