Opinion

Antonio Aradillas: «Isabel la Católica, ni virgen ni mártir»

«¿Pero cómo el “Santo Padre”, Francisco de nombre, por más señas de nacencia argentina, va a hacer referencia santa a Isabel la Católica, delante de los obispos de América Latina, en desacuerdo la mayoría de ellos, así como sus dirigentes y pueblos, con los comportamientos empleados por no pocos católicos españoles, quienes más que como evangelizadores fueron, actuaron y se comportaron como “conquistadores”?»

«¿Quién o quiénes sufragarán los gastos de procesos canónicos tan largos y obtusos, así como los de los solemnísimos actos a celebrar en la plaza de San Pedro de Roma, si llegara la hora?»

Lo siento mucho, pero yo pongo en serias y eminentísimas dudas que el papa Francisco, y precisamente en la “Asamblea Pontificia para América Latina”, le manifestara a un cardenal español, “sentirse molesto con los obispos de España por no haber hecho todavía santa a Isabel “la Católica”, por lo que “sería de su agrado que reactivaran el proceso de beatificación”. Las declaraciones cardenalicias fueron efectuadas “en exclusiva” a RD., tal y como recientemente se hicieron públicas.

Las razones sobre las que fundamento mis dudas parten de la base de que el “dicen que dijo pontificio” suele ser con frecuencia un recurso manido,  que no escapa del “dicharacherismo” -“dimes y diretes”-, por otra parte tantas veces denostado y condenado por el propio Bergoglio.

La aludida causa de beatificación regia fue interrumpida por Roma hace un puñado de años, con diversidad de argumentos que entonces parecieron más que suficientes a los señores curiales. Elevar al honor de los altares a la Reina -Su Majestad la Católica” por antonomasia- desvinculada de su esposo Fernando, -“monta tanto, tanto monta Isabel como Fernando”- no parecía procedente, ni de buen gusto “católico”.

“Ambos a dos”, en lenguaje literario, son lo que son, es decir, “los Reyes Católicos”, con el añadido sacramental de que “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” ni siquiera después de muertos, en su común monumento sepulcral erigido en la Capilla Real de la catedral de Granada, obra artística de valor singular, de estilo renacentista, labrada por Domenico Alexandro Fancelli, a quien también hay que atribuirle el sepulcro (profanado) del Cardenal palaciego, culto y gobernante, Ximénes de Cisneros, hoy en la colegiata de Alcalá de Henares.

Isabel la Católica dictando testamento. Museo del Prado


La Bula “Sic convenit”, que declaró “católicos a los Reyes Católicos y a sus sucesores,  fue firmada por Alejandro VI –el papa Borgia– en el día 19 de diciembre del año del Señor 1496, alegando estos hechos: ”Por la pacificación de los reinos de España, la conquista de Granada, la expulsión de los judíos, la defensa de los intereses pontificios de Nápoles y Sicilia y el norte de África”. (Curiosamente, en la Bula no se citan ni el descubrimiento, ni la evangelización de las tierras transoceánicas).

¿Pero cómo el “Santo Padre”, Francisco de nombre, por más señas de nacencia argentina, va a hacer referencia santa a Isabel la Católica, delante de los obispos de América Latina, en desacuerdo la mayoría de ellos, así como sus dirigentes y pueblos, con los comportamientos empleados por no pocos católicos españoles, quienes más que como evangelizadores fueron, actuaron y se comportaron como “conquistadores”, con todas sus consecuencias divinas y humanas, aunque se intente encontrar alguna justificación en la idea de que “eran otros tiempos, otras personas y otras circunstancias? (Ah, ¿pero los llamados “indios” eran, o no, personas, es decir, seres humanos, que también tenían alma?)

Así las cosas, difícilmente la “Reina Católica” llegará a “beata o santa” y alcanzar el trono y el honor de los altares y del culto público, sin la compañía de su “católico” esposo Fernando. ¿Y qué hacemos entonces con Germana de Foix, sobrina y esposa también, durante una decena de años, del viudo Fernando, muerto durante una cacería celebrada en el pueblo hoy cacereño de Madrigalejo, junto a Guadalupe, el día 23 de febrero del año 1516?

Reyes Católicos y expulsión de los judíos

Como el tema de la beatificación de Isabel “la Católica” hay que afrontarlo también desde perspectivas económicas, ¿quién o quiénes sufragarán los gastos de procesos canónicos tan largos y obtusos, así como los de los solemnísimos actos a celebrar en la plaza de San Pedro de Roma, si  llegara la hora?. “Hacer” y celebrar  a un santo –y más si es de regia estirpe- cuesta mucho dinero. Yo dispongo de cifras aproximadas, pero es mejor guardarlas para otra ocasión. ¿Serán los obispos de España los encargados de tales colectas? ¿Alguien, con sensatez, evangelio e historia, y por muy obispo que sea,  se atrevería a solicitarles que contribuyeran en las colectas los “hermanos en el episcopado” de los pueblos latinoamericanos, con sus dirigentes laicos y laicas…?

¿Acaso no contamos ya con santos y santas más que suficientes, en el calendario litúrgico como para que hayamos de añadirles otros y otras, y además con características de católicos, nobles y de familias regias, sean los Trastámaras, Austrias o Borbones? ¿Es que, concretamente en España, estamos como para que aquí y ahora se nos hable y predique acerca de beatificaciones y canonizaciones de reyes y reinas, eméritos o no, aunque todavía algunos teólogos y asimilados defiendan aquello de “por la gracia de Dios”? ¿No se sabe de sobras que no todo el dinero que se emplea en beatificaciones y canonizaciones oficiales, es limpio, evangélico y evangelizador? ¿Cómo justificarles a los judíos la beatificación de Isabel “la Católica” en unas calendas de cercanía y de comprensión religiosa, más asequibles para el diálogo y el entendimiento mutuo, ejemplar, pacífico y pacificador?

«¿Es que, concretamente en España, estamos como para que aquí y ahora se nos hable y predique acerca de beatificaciones y canonizaciones de reyes y reinas, eméritos o no, aunque todavía algunos teólogos y asimilados defiendan aquello de ‘por la gracia de Dios’?»

¿Estamos capacitados para adoctrinarles, diciéndoles que aquello entonces se hizo por motivos equivocadamente “religiosos” y no, lisa y llanamente, por el vil metal del dinero, del que ellos eran poseedores en abundancia? ¿Cómo se lo explicamos a otras Iglesias y a los responsables de los nuevos planteamientos ecuménicos? En los tiempos constitucionales de las Autonomías y más, en España, ¿quién les explica desde los púlpitos, cartas pastorales, declaraciones y homilías, a grupos de pobladores de ciertos  entes “autonómicos”, lo de “la pacificación de los distintos reinos de España”, de la Bula del papa Alejandro VI?

Los santos-santos son, están y estarán sempiternamente en “la casa de al lado” y entre los profesionales “anticoronavíricos”, dispuestos denodadamente a luchar, con el ejercicio de sus profesiones y oficios, en la misión, tarea y ministerio de la “cruzada”  para borrar de la faz de la tierra el –o la- Covid-19.

Seamos sensatos de una santa vez, -dentro de lo que cabe-, y vamos a dejarnos de las  beatificaciones y canonizaciones, que no sean las que el pueblo-pueblo, y más y también el sudamericano en este caso, el que las promueva y practique. De todas formas, los procesos de beatificación y de canonización, demandan con urgencia y sin ambigüedades, las reformas profundas requeridas por el Vaticano II, y auspiciadas por el papa Francisco.

Desedificaría hoy a la Iglesia, y al pueblo en general, reactivar el proceso de beatificación de la reina Isabel, por muy “católica” que la llamen, conozcan y reconozcan algunos manuales de historia.   

Reyes "Católicos" y pueblos americanos

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