Opinion

Antonio Aradillas: «Granada, arte y sorpresas litúrgicas y para-litúrgicas»

«En el caso de la de Granada, ilustra nuestro peregrinaje por las catedrales de España, como veraz expresión de arte y de sorpresas litúrgicas y para-litúrgicas el bellísimo verso del escritor Francisco de Asís Icaza»

«No se escatimó absolutamente nada, y menos ‘en el nombre de Dios’, para que la catedral de Granada llegara a ser exacta y cabal referencia de monumentalidad religiosa»

«Así lo demuestra su fachada, la Capilla Mayor de la cual bruman las medidas… Y el arte. Y el baldaquino»

«La Sacristía, la Sala Capitular, el Oratorio de las Reliquias, el retablo de Santiago, el de Jesús Nazareno, la capilla de la Santísima Trinidad, la de San Miguel, el Museo –con la Custodia para la procesión del ‘Corpus’…»

«Cada uno de estos lugares y las obras que en ellos se exhiben harían, y hacen, rebosar la capacidad de admiración de propios y extraños. Las estadísticas de los visitantes así lo reflejan con veracidad y soltura»

«En dirección a la catedral granadina, salen al paso, entre otros guías, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, don Miguel de Unamuno, Jorge Luís Borges, Antonio Machado y el mismísimo Lope de Vega»

«Y es que, también por su catedral, palacio episcopal, monasterios, templos, procesiones, conventos, calles y plazas, también ‘por el agua de Granada solo reman los suspiros'»

En el caso de la de Granada, ilustra nuestro peregrinaje por las catedrales de España, como veraz expresión de arte y de sorpresas litúrgicas y para-litúrgicas el bellísimo verso del escritor Francisco de Asís Icaza, convertido en proverbio y grabado en el muro de la Torre de la Vela de su Alhambra:

”Dale limosna, mujer,                                                                                                                              que no hay en la vida nada,                                                                                                                       como la pena de ser                                                                                                                              ciego en Granada”

Automáticamente y en dirección a la “grandiosa, sobrecogedora y espectacular” catedral granadina, al visitante, ya en la ciudad, les salen al paso, entre otros guías, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, don Miguel de Unamuno, Jorge Luís Borges, Antonio Machado y el mismísimo Lope de Vega, cada uno de ellos, y por este orden, padre y hermano de las definiciones siguientes:

“Por todas partes Granada limita con lo inefable”. “Luego iremos todos los años a Granada y moriremos un poco”. “Las lágrimas me subían a los ojos y no eran lágrimas de pesar, eran de plenitud de vida silenciosa y oculta, por estar en Granada”. “ La ciudad es revelación de lo perfecto”. “Toda s las ciudades tienen su encanto, Granada, el suyo y el de todas las demás”. “No sé si llamar cielo/ a esta tierra que piso/, si abajo es el paraíso/ ¿Qué sería, Alhambra, el cielo?”

Y, por fin, y gracias sean dadas a Dios, hizo funciones de catedral la mezquita de la Alhambra, y con la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación, trasladada más tarde al Realejo-, con el nuevo título de “Santa María de la “O”- Fue el Cardenal Cisneros, quien personalmente encargó al maestro Enrique Egas el proyecto de un gran templo catedralicio propiamente cristiano.

Egas fue substituido por Diego de Siloé, siendo ya arzobispo el prior de San Jerónimo Fray Pedro Ramírez de Alba. Las primeras piedras de edificio tan singular y grandioso fueron colocadas con solemnidad y liturgia el día 25 de marzo del año 1523 y las obras se darían oficialmente por terminadas el 24 de diciembre de 1704.

La iniciativa por parte de los Reyes Católicos, ayudas imperiales, piedad y fervor arzobispales, sentido religioso de terminación gloriosa de la “cruzada” vivida por parte del pueblo cristiano en siglos tan largos en lucha contra el moro y sus secuaces, los doblones venidos de allende los mares de las “Indias” orientales, el paisaje granadino, y todo lo que en general significó la aventura del Renacimiento con su arte y reafirmación de la fe proclamada en el Concilio de Trento, junto con la condición clerical y monástica de la mayoría de edificios y sus moradores , aportan razones más que sobradas como para pensar que no se escatimara absolutamente nada, y menos “en el nombre de Dios”, para que la catedral de Granada llegara a ser exacta y cabal referencia de monumentalidad religiosa.

Apenas si podía sospecharse que cualquiera de los artistas más prestigiosos del imperio “en el que jamás se ponía el sol”, no estuviera comprometido de manera eficaz en la construcción de la catedral granadina , en sus dependencias y “adláteres”, tales como templos, monasterios, conventos, noviados, seminarios, fiestas, palacios episcopales, seminarios, capillas, ermitas, museos, hospitales…

Tan rotundo, veraz y demostrable convencimiento me exime en esta estación “penitencial” del peregrinaje catedralicio, de descender a distinguir y magnificar objetos y lugares concretos, limitándome tan solo a la referencia escueta.

La fachada de la catedral que da a la plaza de las Pasiegas, con sus fervorosos y artísticos relieves, es obra de Alonso Cano, colaborando en la misma José Risueño. Además de esta portada, la catedral cuenta con otras tres puertas, en las que de alguna manera Diego de Siloé estuvo presente… La puerta del Perdón huele, y sabe, intensamente a especias aromáticas.

De la “Capilla Mayor” no es exagerado insistir y proclamar su monumental grandiosidad artística en todo orden de cosas y siguiendo con puntualidad las orientaciones del emperador Carlos V, quién aspiró un día a que en ella se instalara su propio cenotafio. Abruman las medidas. Y el arte. Y el baldaquino. Nuestro peregrinaje interior incluye las capillas de Nuestra Señora del Carmen, de la Antigua, de Santa Lucía, del Cristo de las Penas, de Santa Teresa de Jesús, de San Blas, de San Cecilio, de San Sebastian, de Santa Ana…

La Sacristía, la Sala Capitular, el Oratorio de las Reliquias, el retablo de Santiago, el de Jesús Nazareno, la capilla de la Santísima Trinidad, la de San Miguel, el Museo –con la Custodia para la procesión del “Corpus”… son capítulos que ocupan puestos de honor y reverencia en la historia del arte y de la devoción popular. Cada uno de estos lugares y las obras que en ellos se exhiben harían, y hacen, rebosar la capacidad de admiración de propios y extraños. Las estadísticas de los visitantes así lo reflejan con veracidad y soltura.

Frente a la Madraza, o Universidad musulmana en la que se enseñaban desde ciencias jurídico-religiosas, a medicina, cálculo, astronomía o mecánica, se ubica la “CAPILLA REAL”, obligada prolongación de la visita a la catedral granadina.

Antes de acceder a la misma, sería de utilidad y provecho imaginar la difícil calificación que como centro de peregrinación nacional-católica, apostólica y romana, hubiera merecido este lugar, en el caso en que se hubieran llevado a término feliz los procesos de beatificación- canonización previstos, de los Reyes Católicos y que todavía tantos añoran y seguirán añorando. Granada, y más concretamente su “Capilla Real” hubiera superado con creces, limosnas e indulgencias, a los lugares de peregrinación más frecuentados en el orbe católico. Algo similar aconteciera si solo se canonizara la reina, cosa que no se descarta, dada la devota conjunción sacramental e histórica entre “Fernando e Isabel, e Isabel y Fernando”…

En la citada Capilla “duermen el sueño de los justos” y esperan la “resurrección de la carne” Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, en otros tantos sepulcros, obra del artista italiano Domenico Fancelli, labrados en Génova entre 1514, en mármol de Carrara, a los que se les añadieron algunos relieves del maestro Bartolomé Ordóñez, autor a su vez de la impresionante verja y su Calvario. La Capilla alberga también los sepulcros de la hija y sucesora, de los Reyes Católicos, Juana, apodada “La Loca”, con su esposo Felipe “El Hermoso” y el hijo de ambos, y heredero, el niño Miguel de la Paz de Portugal. Se aporta el dato suntuoso de que el corazón de Felipe “El Hermoso” se conserva en un relicario existente en la iglesia de Nuestra Señora en Brujas, la ciudad de Flandes.

La “Capilla Real” es ciertamente suntuosa. No se ahorraron en su construcción elementos artísticos de ninguna clase. Se trata de un templo de una sola nave, alhajado por todas partes y secciones, en estilo renacentista difícilmente superable, con cubiertas con bóvedas de crucería y florones. El retablo de tan colosal capilla funeraria es obra del borgoñón Felipe Vigarny, aunque también trabajaran en el mismo Alonso Berruguete y otros “maestros”.

Deberíamos disponer de tiempo para completar la visita y recordar alguno de los párrafos del testamento de Isabel la Católica quien, “dictado por ella en lengua materna, en plenas facultades y ante el Notario Gaspar de Gracia”, hiciera “en la villa de Medina, el 12 de octubre de 1504” –tres días antes de su muerte- “en el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres Personas en una esencia divinal, Creador y Gobernador universal”. En el referido testamento se manda “pagar 20.000 misas por su alma, así como dedicar un millón de maravedises para las doncellas menesterosas y la misma parte para las mujeres que deseen ingresar en conventos”. La Reina Católica manifiesta expresamente querer ser enterrada “en el monasterio de san Francisco, que es en la Alhambra, siendo vestida con el hábito del bienaventurado pobre”.

Con este florón de recuerdos y emociones, nos disponemos a salir de Granada, con el sabor de estos versos catedralicios de Federico García Lorca:

«La catedral ha dejado bronces                                                                                                                     que la brisa toma.

El Genil duerme a sus bueyes                                                                                                                     y el Darro a sus mariposas»

Y es que, también por su catedral, palacio episcopal, monasterios, templos, procesiones, conventos, calles y plazas, también “por el agua de Granada solo reman los suspiros”.

Federico García Lorca

Comentar con tu cuenta de Facebook

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *